Mirar hacia adelante, la lucha continúa

Por: Manuel Guerra

Pedro Castillo y su comparsa bien podrían ajustarse a la descripción de “Los hombres huecos” a los que se refiere el poeta Eliot: “Figura sin forma, sombra sin color, fuerza paralizada, gesto sin movimiento”.  A estas alturas resulta claro que la figura que construyó, las frases que acuñó, las promesas que realizó, no eran más que la impostura de un personaje pragmático, conservador y oportunista que no tenía, ni le interesaba tener, un compromiso con los fundamentos políticos y programáticos de la izquierda.

No es un personaje que haya traicionado a los ideales que sustentan la identidad de clase con los oprimidos; no se traiciona lo que no se asume, ni se cree. Él mismo se ha encargado de enfatizar que no comparte las ideas de comunistas e izquierdistas. Por ello no le ha costado nada abandonar las banderas que enarboló en campaña, ni amoldarse a las exigencias de las clases dominantes, ni someterse a sus dictados. Si la derecha está empeñada en echarlo de palacio, no es porque en realidad represente un peligro a sus intereses; lo hace porque con ello pretende hacer escarmiento, descargar su odio y derrotar a la izquierda y el movimiento popular que cerraron filas apoyando a esa candidatura que aparecía como una opción de cambio.

El gabinete de Aníbal Torres expresa ese abandono y pérdida de rumbo; la constatación que el gobierno se encuentra en el limbo, que no tiene proyecto ni horizonte y que los ministerios son compartimentos estancos, lugares a los que han llegado los titulares por obra y gracia de la negociación, la necesidad de sobrevivencia, el cuoteo o la improvisación. Creer que el nombramiento de tal o cual personaje con credenciales académicas o sociales va a cambiar el rumbo al gobierno o, peor, lo va a regresar al redil izquierdista, a estas alturas ya no es ingenuidad, sino estupidez política.

La suerte está echada, Castillo cruzó el Rubicón hacia el campo reaccionario y no hay vuelta atrás. Ya no nos debe preocupar su posterior destino. Lo que debe preocuparnos es evitar que la izquierda y el movimiento popular paguen los platos rotos, como es el objetivo central de la derecha. La reacción sabe que Castillo es un don nadie en la izquierda; lo que intentará hacer es desprestigiar y derrotar a sus verdaderos enemigos con los que se ha enfrentado a lo largo del tiempo: los partidos comunistas y organizaciones de izquierda, que junto a los movimientos populares nunca han renunciado a la lucha democrática, patriótica, a la defensa de los recursos naturales; al feminismo que asume la lucha contra el machismo y el patriarcalismo como parte de la liberación del pueblo explotado; a los que se han levantado contra el neoliberalismo; a los que han combatido al fujimorismo y al senderismo en primera fila. A los que levantan las invictas banderas del socialismo.

No hay lugar para el pesimismo y el derrotismo. ¡Basta de Ollantas y Castillos! ¡Basta de caudillos y aventureros! ¡Basta de sacrificar los grandes objetivos por ventajas electoreras y de coyuntura! La crisis del modelo y la descomposición de las clases dominantes reclaman la acción de liderazgos y organizaciones consistentes, consecuentes, capaces, portadoras de una nueva cultura política. Colocando al centro el proyecto de país al que aspiramos, reconstruyamos la unidad de la izquierda, el progresismo y los movimientos populares. Vayamos a las masas asumiendo con nuevos bríos el gran desafío de abrir un nuevo rumbo a nuestra patria.

¡Otro Perú es posible, unidos podemos lograrlo!