Mensaje del Buró Político a las y los camaradas con ocasión del año 2022

Estimadas y estimados camaradas:
Permítanme, en nombre de la dirección del Partido, hacerles llegar a todas y todos, a cada uno de ustedes, un saludo especial con los mejores deseos de buena salud y de éxitos personales en el año que ingresa. Así mismo, de mayores logros en la construcción del Partido y la campaña de Reordenamiento, en la batalla por la gran unidad para el gran cambio, en la lucha por una Nueva Constitución para una Nueva República.
Es ocasión para recordar la memoria de nuestros mártires a quienes le debemos el ejemplo de una vida al servicio de la causa más noble de la humanidad. A los camaradas que nos dejaron como consecuencia de la pandemia que azota al país.
En especial, a la memoria del Amauta José Carlos Mariátegui, el ejemplo más alto de lo que significa ser revolucionario, socialista, marxista creador, forjador de los cimientos de un mundo nuevo. Necesitamos conocer más al Amauta, asumir con firmeza su pensamiento, continuar el camino iniciado por él con igual sentido de creación y realización.
Por las circunstancias en que celebramos el ingreso en este nuevo año, sea ésta oportunidad para reflexionar sobre el Partido, sus tareas y perspectivas. Asimismo, entender el escenario político nacional cargado de tensiones y de amenazas con una derecha autoritaria que no tolera cambio alguno, con un gobierno a la defensiva, incoherente, acosado sin tregua desde el mismo momento de su instalación.
El destino de los comunistas es la lucha. No existe otra manera de entender su compromiso irrenunciable con el pueblo peruano y el socialismo. Se puede decir que la lucha es nuestro elemento y para ella debemos estar preparados siempre.
Somos un Partido que se apoya en una teoría asentada en la realidad: el marxismo leninismo. Y como tal hay que entenderla y asumirla como guía que orienta cada una de nuestras acciones.
Nada más alejado de los comunistas que el culto al movimiento espontáneo, a la visión que se agota en la coyuntura, a la política utilitaria y ventajista donde están ausentes los principios, a la tradición caudillista que nos acompaña desde los albores de la independencia. Que ésta concepción y comportamiento práctico domine en los
ambientes de la derecha peruana y el oportunsmo, no nos sorprende. Es su elemento. Lo que preocupa es que esté presente en sectores que fungen de izquierdistas.
Nunca hemos ocultado nuestra identidad socialista en épocas de libertad política o de dictadura y persecución. No aceptamos ninguna forma de capitulación ni renuncia a nuestros principios, ni toleramos ninguna forma de terrorismo o aventurerismo. Por esa razón, frente a la sucia campaña anticomunista de la derecha peruana hemos respondido con una consigna precisa: ¡Orgullosamente comunistas! No tenemos nada que ocultar; sí, afirmar lo que representamos en la lucha por el nuevo curso, la revolución y el socialismo.
Pero no es suficiente afirmar nuestra identidad comunista y luchar con firmeza en defensa de las banderas que representa. Necesitamos, igualmente, esclarecer nuestro programa, políticas y táctica de cara a las masas. Estar preparados para dar la batalla ideológica, política, teórica y cultural en lucha sin tregua con los representantes del viejo sistema que se resiste a perecer. “El capitalismo –advertía Mariategui – no puede hacer concesiones al socialismo”. Es la lucha que definirá el curso de la historia.
Apostamos por un socialismo “sin calco ni copia”, que “responda a nuestra realidad”, que sea “creación heroica” del pueblo peruano. Palabras señeras del Amauta que debemos tenerlas presente, siempre, al mismo tiempo que nos esforzamos por asumirlo en pensamiento, en conducta, en quehacer cotidiano, siempre mirando adelante en correspondencia con los cambios que operan en el país y en el mundo.
Camaradas:
El escenario político, económico, social, cultural del Perú no responde a un periodo de normalidad y estabilidad. El IV Pleno lo ha definido acertadamente como “una situación excepcionalmente compleja, complicada y conflictiva”. Es decir, de crisis del modelo neoliberal y sus efectos en la economía, en el Estado y sus instituciones, en las esferas de la cultura y la ética. De agudización de las contradicciones sociales e inevitable reordenamiento de fuerzas, sea para preservar lo establecido, es decir el proyecto neoliberal; o bien abrir un nuevo rumbo para el país, imposible sin la incorporación, organización y unidad más amplia de las izquierdas, el movimiento popular, las etnias del país, el progresismo. ¡Gran unidad para el gran cambio! es la consigna.
Lo que la derecha económica y política no está dispuesta a aceptar es la vertebración de estas fuerzas de cambio. En esto consiste el núcleo de su estrategia. Todo lo que sirva para alcanzar este objetivo lo pondrá a la orden del día. Es muy claro el mensaje de sus sectores más recalcitrantes y autoritarios, que debemos entender y encontrarnos preparados para responder.
Advertidos de la debilidad del gobierno que encabeza Pedro Castillo, de sus contradicciones y limitaciones de liderazgo, despliegan una táctica en tenaza. Por un lado, recurriendo a la presión y a la manipulación mediática buscan someterlo, como
hicieron con Ollanta Humala; o bien, por el otro, vacarlo si consideran cumplido su plan de desgate y aislamiento, de descrédito de lo que simboliza la izquierda como opción transformadora de la sociedad. Los errores sucesivos del gobierno y de la conducción del partido Perú Libre, favorecen, lamentablemente, los manejos de la derecha.
La defensa cerrada que hace de la Constitución de 1993 responde a un plan estratégico: perpetuar el modelo de economía y Estado neoliberal que se consolidó luego del autogolpe y la instalación de la dictadura fujimorista. Fue una de las victorias mayores de la derecha peruana y de los promotores del neoliberalismo encabezado por el gobierno de los Estados Unidos.
La batalla por una nueva Constitución no es, pues, asunto simple como algunos imaginan. Requiere construir una nueva correlación política y social y un nuevo consenso que gane el imaginario popular. Es una tarea que la asumimos con firmeza y sentido de responsabilidad. Exige la unidad más amplia desde las bases y con las masas. Todo tipo de sectarismo y estrechez es siempre dañino; más aún cuando es indispensable construir una correlación de fuerzas capaz de derrotar la oposición y las maniobras de una derecha que no dará un minuto de tregua.
Hoy se puede entender, con mayor claridad, por qué la propuesta del Nuevo Curso es la mejor respuesta a la deriva en que se encuentra el Perú. Por qué la batalla por una Nueva Constitución se irá convirtiendo en el factor de diferenciación entre el continuismo neoliberal y la necesidad de un cambio de rumbo como condición para abrir un camino de desarrollo, justicia social, democracia participativa, soberanía y regeneración moral. Por qué, además, la batalla por una nueva Constitución debe ir atada a la lucha por una nueva República. Aquella sin ésta no tiene horizonte. Una nueva República sin una nueva Constitución que la prefigure, no es viable.
Los comunistas estamos en la obligación de entender el significado y los alcances de la estrategia de la gran unidad para el gran cambio, y trabajar arduamente para avanzar en la construcción de una correlación de fuerzas, no sólo política y electoral, también de masas, cultural, en el terreno de la lucha de ideas. Es la única manera de superar la actual estrechez ideológica y política de la izquierda peruana, cuyo radicalismo no pasa, muchas veces, del gesto o la grita.
Necesitamos mirarnos en ese espejo para saber qué afirmar y qué corregir. Quien no sabe mirar la realidad como es y no tiene el coraje de reconocer sus debilidades o errores, estará condenado a reproducirlos. Tres décadas atrás Izquierda Unida representó una oportunidad real de acceder al gobierno y abrir un nuevo rumbo para el país. La estrechez de miras, la incapacidad para entender la importancia estratégica de la unidad de la izquierda y el pueblo, el sectarismo, el desprecio de las masas que se decía representar, llevaron a la división, luego al desastre. Es una lección que debemos tener presente siempre y hacer los esfuerzos para evitarla. Quienes se encuentran en el gobierno, más por azar que por mérito propio, al olvidarla, van camino de la destrucción de una oportunidad que tendrá
consecuencias funestas para la izquierda y el movimiento popular que le respaldó con su voto.
No volvamos a repetir una experiencia fallida. Ni perdamos de vista que hoy, como entonces, en otra situación y en otras condiciones, importantes sectores del pueblo peruano, sobre todo en la columna andina, aspiran a un cambio de verdad. Saben, por experiencia, que toda división o confrontación en el seno del pueblo, o gestión de gobierno fracasado, sólo augura derrotas. Y cada derrota destruye su confianza en la política, en la izquierda, en el socialismo.
Cinco meses después de instalado el gobierno de Pedro Castillo, lo queda claro es la oposición feroz de una derecha que no da tregua. La intentona golpista desde el Congreso fracasó, es verdad. Pero apenas es un ensayo de lo que vendrá más adelante. Queda también claro un gobierno sin rumbo, débil, a la defensiva, sujeto a las presiones del adversario, de cuya plataforma electoral queda poco. De allí los errores en cascada que comete para satisfacción de la derecha, cuyos representantes más extremistas no vacilan en sacar provecho. Colocado a la defensiva no se ven síntomas de recuperar la iniciativa política.
Desde luego, la crisis política, la inestabilidad, la descomposición moral, la injusticia social, se han afianzado en el Perú como consecuencia del proyecto neoliberal. No nace con el gobierno actual. No olvidemos, que, en los 5 años precedentes con la derecha en el control del Estado, hemos tenido 4 gobiernos, incluyendo uno resultado de un golpe parlamentario y en plena pandemia, de funesta recordación. Acción golpista montada por la derecha más rancia y autoritaria, develada por la acción heroica de la población, especialmente de la juventud. Valiosa lección, de un movimiento más espontáneo que organizado, que debe ser tomada en cuenta.
Estimados camaradas:
Este es el escenario en el que debe actuar el Partido. ¿Cómo enfrentar un mundo complejo si no se está preparado para ello? ¿Cómo responder a las amenazas, que no son pocas ni pequeñas? ¿Cómo aprovechar la oportunidad que, pese a ello, está presente? ¿Cómo salir de la condición de partido aún marginal y avanzar hacia la realización del partido revolucionario de masas, con estructura nacional, con capacidad de construir una corriente de pensamiento y acción de izquierda y socialista? ¿Cómo enfrentar y vencer las corrientes anárquicas, caudillistas, de mirada estrecha, todavía dominante en el ámbito de la izquierda y el movimiento popular?
Como es sabido, el Partido no participa del gobierno de Pedro Castillo. No ejercemos ninguna función de gobierno. Cosa distinta es que hayamos apoyado la candidatura de Perú Libre en la segunda vuelta, con la expectativa de que le cierre al paso al fujimorismo y pueda cumplir con una plataforma mínima de cambio. La IV Sesión plenaria del Comité Central sintetizó la táctica del Partido con relación al gobierno: “Unidad de acción, independencia, iniciativa, diferenciación”. No es un apoyo sin condiciones ni un apoyo condicionado para obtener puestos en el aparato del Estado.
Unidad de acción frente a la derecha neoliberal, entreguista y golpista. Actuamos con independencia pues no nos ata compromiso con el gobierno. Con iniciativa política, no seguidismo. Con la exigencia de cumplimiento del plan de gobierno. Finalmente, diferenciación, pues habiendo algunos puntos coincidentes que posibilita la unidad de acción, tenemos también diferencias que no pueden quedar oscurecidas ni llevarnos a confundir quién es el enemigo principal. Además, el gobierno, más que de partido es un bloque diverso, contradictorio, algunos de cuyos integrantes, el Movadef por ejemplo, son seculares adversarios del Partido.
La paradoja que se nos presenta muestra un modelo neoliberal agotado, y, sin embargo, sigue siendo hegemónico en ausencia de una alternativa de izquierda y popular coherente, unificada, organizada, con un programa básico común. La polarización del voto en la segunda vuelta expresa bien esta situación. Del otro, un amplio sector del pueblo que aspira a cambios de fondo pero que encuentra aún el proyecto, la unidad, la organización ni el liderazgo que corresponde. Esta es la contradicción política que hay que resolver en los próximos años, y dentro de la cual hay que ubicar la batalla por una Nueva República y una Nueva Constitución.
Debemos ser conscientes de que el fracaso del gobierno de Pedro Castillo, factible si continúa la situación descrita, favorecerá a la derecha, sobre todo a su vertiente conservadora, entreguista, autoritaria y facistoide, cuyo discurso anticomunista es el telón de fondo de esa aventura. Para la derecha criolla, independientemente de sus particularidades, la defensa del neoliberalismo es la bandera que los une, consiguientemente la Constitución de 1993.
El Partido, a pesar de los problemas que enfrentamos, tiene en este escenario una oportunidad. Desde luego que enfrenta dificultades y muchas, también amenazas que no hay que perderlas de vista. Amenazas desde la derecha, también desde sectores del gobierno cuyo plan apunta a desaparecernos del mapa. La relación con las organizaciones que se reclaman de izquierda no es buena ni existe, por lo menos por el momento, condiciones para apuntalar una opción unificada de izquierda y popular. Y lo más grave: crecientes sectores que votaron Perú Libre en la segunda vuelta, pasan de la expectativa a la desconfianza.
¿Hacia dónde orientarnos, entonces?
Sin renunciar a preservar espacios de unidad por arriba, aun siendo limitados, nuestros esfuerzos deben orientarse a construir un tejido político-social-étnico, desde abajo, construyendo un movimiento amplio, teniendo como eje la batalla por una Nueva Constitución y una Nueva República. Ello implica nuevas formas de organización, nuevas maneras de relacionarse con las masas, nuevos liderazgos orientados a la construcción de un proyecto de país, sin renunciar desde luego a ninguna forma de lucha.
Hasta ahora se ha trabajado la unidad de la izquierda con una visión parcial y reduccionista. Es decir, buscar acuerdos priorizando agrupaciones políticas de
izquierda y progresistas con escasa influencia en las masas, perdiendo de vista un dato real: la inmensa mayoría de la población que aspira o intuye un cambio de fondo como alternativa al neoliberalismo, no está vinculada ni comprometida con ninguna agrupación de izquierda. Es decir: unidad en la cúpula, pero distancia con las bases. Sin renunciar a aquella, hacia adelante debemos priorizar el trabajo desde las bases, asumiendo la consigna que acuñamos en el pasado: ¡todo con las masas, nada sin ellas! Unidad no sólo política, también social, étnica, de género, con un programa que tenga como centro los ejes de una nueva república. En esa perspectiva debe entenderse, también, la batalla por una nueva Constitución.
El VIII Congreso nos convoca seriamente a considerar la estrategia de las tres acumulaciones. Es decir, la articulación como un todo de la lucha ideológica, política y social. El IX Congreso insiste, a su vez, en entender, asumir y llevar a la práctica, con firmeza y creatividad, la gran unidad para el gran cambio. Tarea inseparable de la lucha por desarrollar nuestras propias fuerzas, es decir construir el partido revolucionario de masas.
Para ello nada más importante que avanzar a paso firme en la campaña de Reordenamiento partidario; en la lucha firme para superar la influencia del espontaneismo, el formalismo y el burocratismo; en la recuperación del estilo de trabajo de cara a las masas; de lucha en el campo de las ideas y la cultura; en la cualificación y unidad del Partido. Somos consciente del debilitamiento de la relación del partido con los trabajadores, con la juventud, con la mujer y la intelectualidad. Necesitamos prestar más atención al trabajo con la población indígena.
La tarea no es fácil. Exige mucho esfuerzo, un ideal elevado, claridad de rumbo. En esta tarea el mejor ejemplo y, al mismo tiempo, cimiento sólido, lo encontramos en José Carlos Mariátegui. Para marchar con paso seguro hay que conocer el terreno y pisar firme. Pero también tener el horizonte claro y estar armado de una teoría que guie tu camino. “El hombre – escribió el Amauta – no puede marchar sin una fe porque no tener fe es no tener una meta”.
Nuestra batalla no termina con el Nuevo Curso. Siendo importante es parte del camino. Más allá nos aguardan la revolución y el socialismo.
No hay, pues, lugar para el pesimismo ni el derrotismo. El marxismo se ha desarrollado siempre superando dificultades. La lucha es su elemento.
Para avanzar en este objetivo la tarea más importante a resolver es el mismo Partido. Darnos cuenta que su papel como partido de vanguardia no cae del cielo; que la hegemonía no se logra con promesas ni buena intención, sino contando con una línea ideológica y política justa, firmeza en los principios y una estrategia y táctica correctas, con capacidad de entrega al servicio del pueblo y fuerza moral e intelectual. Un mundo nuevo no se construye con las herramientas heredadas del pasado que se buscar renovar.
Para cumplir estas tareas necesitamos capacitarnos constantemente, tener el coraje de autoevaluarnos y sacar lecciones de nuestros aciertos o errores; acrecentar nuestro contingente de militantes y su periferia de simpatizantes y amigos; cualificar la capacidad de dirección de sus cuadros, fortalecer el espíritu de unidad y disciplina. Necesitamos hacer realidad el mandato del Congreso, que recoge también el IV Pleno: preparar la nueva generación de dirigentes y cuadros del Partido atendiendo a una mayor presencia de trabajadores, mujeres, jóvenes. Dirigentes y cuadros con solvencia marxista leninista, abiertos a las exigencias del mundo de hoy en constante cambio, firmemente enraizados en nuestra realidad e historia.
Camaradas:
Que este año 2022 sea fructífero para todos. De reflexión y optimismo. De compromiso para avanzar a paso firme en la campaña de reordenamiento partidario, en la lucha por recuperar y perfeccionar el trabajo de masas del Partido.
Que el ejemplo de José Carlos Mariátegui y nuestros mártires guie nuestro camino y nos abra horizontes de victoria.
Si trabajamos bien el año 2022 será el año del despegue y el reposicionamiento del Partido como un abanderado del cambio social.