Cerrón, una expresión del caudillismo peruano

Por: Manuel Guerra

La tradición caudillista enraizada en la política peruana proviene desde la colonia. Es sabido que la población indígena luego de la conquista española se aferró al mito del Incarri, es decir de la vuelta de un personaje, un nuevo inca que restituya el imperio perdido. El mesianismo cristiano se amalgamó con esta creencia, la asimiló en las nuevas condiciones de mestizaje, manteniendo la expectativa de la aparición de un redentor que saque de las penurias a las poblaciones oprimidas.

En el proceso de independencia y la fundación de la república estuvo ausente la burguesía orgánica, capaz de liquidar el régimen feudal o semifeudal, levantar una nueva institucionalidad y extender las ideas liberales. Por ello en los primeros años dominan los caudillos militares criollos prestigiados por las campañas independentistas. La presencia del caudillismo, en sus versiones militares o civiles, se ha extendido a lo largo de la vida republicana y forma parte de la cultura política peruana.

Este fenómeno, que va de la mano con el atraso político de la población, lleva a la sobrevaloración del individuo–personaje carismático y demagogo, en detrimento del proyecto, propuesta o programa. La mayor parte del electorado no vota por un programa, sino por un personaje en el que deposita su confianza para resolver los problemas.

En las últimas décadas, a los tradicionales caudillos de derecha se han sumado también los que provienen de la izquierda o del campo popular. Como expresión del rechazo al centralismo limeño y de la crisis de los partidos, han irrumpido en el escenario caudillos regionales que enfilan no solo contra el orden establecido, sino también contra lo que denominan “la izquierda limeña”, “la izquierda tradicional”, “la izquierda caviar”. Entre ellos destacan Gregorio Santos, ex presidente regional de Cajamarca, actualmente en prisión; Walter Aduviri, ex presidente regional de Puno; Vladimir Cerrón, ex presidente regional de Junín. En esta lista también figura el recientemente excarcelado Antauro Humala. Todos ellos, más allá de sus matices, apelan a un lenguaje radical en la forma, pero profundamente conservador en gran parte de sus planteamientos y, en algunos casos (Antauro), fascistoide.

Los padres de Vladimir Cerrón estuvieron vinculados a otro personaje mesiánico, Abimael Guzmán, el mismo que falsificó y tergiversó al marxismo, al pensamiento de Mao y de Mariátegui para construir un amasijo ideológico que denominó “Pensamiento Gonzalo” con el que justificó el terrorismo, la matanza de campesinos inocentes, dirigentes sindicales y militantes izquierdistas. Cerrón estudió medicina en Cuba; a su regreso fundó Perú Libre, partido que se declara marxista-leninista; en realidad una máquina electoral que del ámbito regional ha saltado al escenario nacional, llevando a su candidato Pedro Castillo a palacio de gobierno.

Cerrón se considera un gran estratega y en las relaciones con otros partidos de izquierda, pretende que se reconozca su liderazgo natural. Tiempo atrás se unió a Verónika Mendoza (de la que ahora despotrica y califica de caviar) y junto a Gregorio Santos formaron el espacio denominado Voces del Cambio, que llevó a cabo dos encuentros. El asunto era que tanto Cerrón, como Santos querían liderar el proyecto, candidatear a la presidencia y usar a Verónika como figura decorativa, impidiendo que ella se una a la repudiada “izquierda limeña”. Este proyecto no prosperó. Como se sabe, Verónika postuló por JP; Santos fue a la cárcel; Cerrón con impedimento legal para participar, se decidió por postular a Pedro Castillo. Sus pretensiones se limitaban a mantener la inscripción de su partido, tener algunos parlamentarios e impedir que su rival de izquierda pase a la competencia de segunda vuelta. Diversos factores confluyeron para que, contra todo pronóstico, Castillo disputara con Keiko Fujimori la presidencia de la república y saliera victorioso.

Las relaciones entre Castillo-Cerrón han sido conflictivas desde un inicio, debido a que el primero no es el instrumento dócil que se imaginó el segundo; que tiene su propio proyecto y cuenta con su propia bancada. En contra de la opinión de Cerrón, Castillo realizó un acuerdo político con JP y Verónika Mendoza, el mismo que tampoco llegó a buen puerto y la ruptura se produjo con el nombramiento del gabinete Valer. Cerrón se ha sentido desplazado del manejo de gobierno, a pesar que ha logrado imponer a sus militantes en varios ministerios, incluyendo al premier en el primer gabinete. Culpa de esta situación a la influencia de los “caviares”, en particular a Verónika Mendoza y los militantes de Nuevo Perú. Esta definición de “caviares”, que es un término inventado por la derecha, la extiende al conjunto del progresismo.

En términos ideológicos, es claro que el pensamiento de Cerrón no ha asimilado la dialéctica marxista y no sabe identificar el carácter de las contradicciones. No ver que la contradicción principal en el Perú del presente se da entre cambio democrático y patriótico versus continuismo neoliberal lo conduce al error de colocar como enemigos principales a “los caviares”, coincidiendo con los sectores ultrarreaccionarios en cuestiones importantes del acontecer nacional. También hay que decir que el cerronismo en el parlamento se ha unido varias veces a las bancadas no solo del fujimorismo, sino también de la variopinta legión que en hemiciclo defienden negocios y negociados, como los de la mafia del transporte, las universidades privadas que resultan una verdadera estafa, etc. Asimismo, es sospechosa su coincidencia con sectores corruptos que necesitan blindaje, a la hora de definir a los miembros del TC.

En resumen, a contrapelo de su pretendido radicalismo, Cerrón resulta funcional a los planes de la derecha, atenta contra la construcción de la más amplia unidad para combatir al modelo neoliberal; junto con el desastroso gobierno de Castillo, el desempeño de la bancada cerronista, será usado por la derecha para golpear al conjunto de la izquierda. Por ello nuestra insistencia a que la izquierda y los sectores populares deben marcar una clara diferenciación e independencia política con ellos, a la vez la necesidad de defender el marxismo-leninismo de la caricatura en que lo convierte la versión cerronista.