Inicio del año escolar

Por: Mario Tejada

En una de las peores crisis políticas que ha atravesado nuestro país comienza el año escolar. Ello, a no dudarlo, traerá serias consecuencias en nuestra famélica educación, que se traduce en mayor elitismo: cuidado y elevada calidad para los sectores pudientes brindado por el sector privado y mayor deficiencia para las clases explotadas y marginadas de nuestra sociedad brindada por el sector estatal.

Esta brecha que siempre existió desde el inicio de nuestra denominada república, lamentablemente, se ha indo ensanchando más y más con el trascurrir del tiempo. Seguramente hasta las primeras décadas después de la Segunda Guerra Mundial nuestra educación pública fue mirada con buenos ojos por los sectores populares, que preferían mandar a una escuela del Estado a sus hijos que a una particular. Ahora no. Basta recorrer los sectores poblacionales pegados a los cerros y en las faldas de los mismos para visualizar una buena cantidad de instituciones educativas no estatales.

Ello, claro está, no es culpa de los maestros. Los historiadores más lúcidos peruanos han señalado que esta dura realidad es producto de la falta de interés y preocupación de las clases que detectan el poder en nuestro Perú. Casi nada podemos esperar las clases sociales explotadas de una burguesía que no fue capaz de convertir nuestro territorio y a sus habitantes en una República. No es casualidad que un ensayo de Alberto Flores Galindo lleve por título Una República sin Ciudadanos y un libro de Alberto Vergara: Ciudadanos sin República.

Esa es nuestra tragedia, no haber alcanzado hasta ahora el estatus de República. Y una REPÚBLICA, así con mayúscula debe y tiene que garantizar a sus habitantes una buena o aceptable educación, así como la salud. De esta manera sus habitantes podrán adquirir un sentimiento de pertenencia por el espacio que habitan con admiración, cariño y respeto, hechos que generen una confianza mínima entre los diversos segmentos de la población que la integran, garantizando así sus deberes y derechos.

Pero en nuestro territorio llamado Perú lamentablemente todavía no es posible alcanzar ese sentido de pertenencia cuando la mayoría de sus habitantes ha asumido su marginalidad como natural y sus identidades no son valoradas con un sentimiento de igualdad por la burguesía. Para ello no hay que leer libros de ciencias sociales sobre la realidad peruana, basta mirar las portadas de los periódicos colgados en los puestos de periódicos o visionar los canales de televisión sobre el desborde popular de los últimos meses. Ese desprecio racista y clasista nos ha devuelto a los relatos de esas dos grandes novelas que son El Mundo es Ancho y Ajeno y Todas las Sangres.  

Este lunes 13, que oficialmente se inician las clases debemos condenar a la burguesía peruana por llevarnos a una educación en ruinas. Producto de esta trágica realidad “El Estado condena a sus maestros a una perenne estrechez pecuniaria. Les niega casi casi completamente todo medio de elevación económica o cultural y les cierra toda perspectiva de acceso a una categoría superior. De un lado, carecen los maestros de posibilidades de bienestar económico, de otro lado, carecen de posibilidades de progreso científico”. Esta cita de Mariátegui nos dibuja nuestra realidad educativa de su época. Lo cual nos confirma que ella no ha cambiado desde a finales de la década del 20 del pasado siglo. Y no es una exageración, si afirmamos que surgió desde el inicio de nuestra fallida república. 

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