Con ocasión del 50 Aniversario de la fundación del SUTEP

Camaradas, amigos, maestras y maestros:

Se celebra en todo el país, con justicia, el 50 Aniversario de la fundación del SUTEP, una organización fundamental en el movimiento sindical peruano, cuya historia y luchas representa un patrimonio de los trabajadores y el pueblo de nuestro país. 

El Partido Comunista del Perú-Patria Roja, que ha estado presente de manera directa y activa desde sus orígenes, no podía estar ausente en esta jornada. 

Da la casualidad que ahora mismo enfrenta la agresión abierta, sistemática, tenaz y cínica de un gobierno que se dice representar a las maestras y maestros del Perú, y cuyo objetivo es desaparecer al SUTEP para dar paso a un engendro suyo: el FENATE Perú. Algo más, destruir la Derrama Magisterial, que bajo la dirección del SUTEP se ha convertido en una prestigiada organización previsional, surgida de las cenizas a que la condenaron quienes inicialmente estuvieron a cargo de su conducción. 

Estimados camaradas y amigos:

Fundado el 6 de julio de 1971 en la ciudad del Cusco, la historia del SUTEP, afincado en el sindicalismo de clase en oposición al sindicalismo amarillo y al colaboracionismo de clase, marca un estilo basado en el despertar y la movilización de masas trabajadoras, en la autoconfianza en sus fuerzas, en el despliegue de su iniciativa creadora, en la unidad como condición de la victoria. En fin, en la relación estrecha entre el liderazgo y las bases. 

El SUTEP surge por la presencia de factores objetivos, también subjetivos. No es producto de la espontaneidad. En la tercera década del siglo pasado hacen su aparición sindicatos de maestros primarios impulsados por el Partido Aprista y el Partido Comunista. Después de 1940 se extiende la escolaridad y con ella, el contingente de maestros. En 1959, durante el gobierno de Manuel Prado, se crea la Federación Nacional de Educadores del Perú (FENEP) dirigida por el Partido Aprista, que agrupa a los profesores de educación primaria. Luego de la huelga de 1967, la FENEP pasó a la dirección del Partido Comunista Peruano. Hasta entonces los maestros se encontraban organizados en sindicatos de educación primaria, secundaria, de educación física, que impedía una mayor concertación de sus fuerzas.

En 1970 hace su presencia el COMUL, como agrupación de frente único organizado por el Partido al interior del movimiento magisterial, promoviendo la unidad desde las bases, llamando a dejar atrás los sindicatos por niveles para dar paso a un sindicato único, asumiendo con firmeza el sindicalismo de clase y de lucha. Surgen así, desde las bases, los SUTEs que se extienden con fuerza en 1971, cuestionando la postura conciliadora de la dirección de la FENEP con el gobierno de turno a costa de los intereses del magisterio. 

La huelga acordada por la FENEP a partir del primero de setiembre de 1971, es traicionada, lo que genera el rechazo de las bases. La respuesta fue la recomposición del Comité de Lucha encabezado por Pedro Armacanqui, quien terminaría siendo deportado. En esas circunstancias se fraguo el espíritu unitario desde las bases. Fue también el fin de la FENEP y el punto de partida para la construcción de un sindicato único y de nuevo tipo de los trabajadores en la educación.

El congreso fundacional del Cusco, que congregó a las diversas vertientes que actuaban en el seno del magisterio, significó un proceso unitario muy grande, una participación democrática desde las bases, un optimismo fundado y el convencimiento de que algo nuevo le nacía al sindicalismo nacional. Quedó claro que los maestros querían una renovación total, y a esa tarea se consagraron los esfuerzos de su nueva dirección encabezada por Horacio Zeballos Gámez, que entonces contaba con 29 años y que más tarde se convertiría en el líder indiscutido de los maestros del Perú.

Pero hay un factor que debe ser tomado en cuenta: el contingente mayoritario de dirigentes que surgieron de ese congreso eran jóvenes maestros, estaban animados por una voluntad de cambio social, contaban con la energía y la disposición para enfrentar las condiciones complicadas que les aguardaba. Venían de las bases, y en ellas se apoyarían. Todo con las masas, nada sin ella, fue la consigna que galvanizó sus fuerzas. 

El SUTEP nació en medio de la contienda, víctima del hostigamiento y la represión, en la ilegalidad. Se organizó, forjó su estilo de trabajo, construyó su unidad y organización, ganó la confianza de los padres de familia y los estudiantes, en la ilegalidad. Debió desplegar huelgas heroicas, padecer las consecuencias de la represión, movilizarse y tomar las calles, siempre en la ilegalidad. No porque lo deseara, sino porque el gobierno militar de entonces le negó el derecho a la legalidad que le correspondía. Legalidad que conquistaría 12 años después de su fundación, producto, una vez más, de la huelga nacional de 1984. Demostración fehaciente de la primacía de la legitimidad respecto a la legalidad.

No se debe olvidar una historia compleja, no siempre valorada, donde el signo que la caracteriza es la lucha heroica, multifacética, en la cual las y los maestros supieron asumir su rol con coraje, con dignidad, con iniciativa y creatividad. 

Un ejemplo de los muchos que se pueden mostrar en la gesta del magisterio peruano, es el Paro Nacional del 24 de octubre de 1973, apenas un año y medio después de su fundación. La respuesta del gobierno militar para aplastar el Paro y dejar un precedente de escarmiento, fue el encarcelamiento de cientos de maestros, 91 de ellos enviados a la Colonia Penal del Sepa, con Horacio a la cabeza. También el destierro de otros, incluyendo a Rolando Breña, entonces Presidente de la FEP, por su firme apoyo al movimiento huelguístico magisterial.

Creyeron los gobernantes de entonces que con métodos represivos doblegarían la voluntad de los maestros, obligándolos a renunciar a sus reivindicaciones y sus derechos. La respuesta fue clara: “El SUTEP luchando también está educando”. Lo que era verdad. Lección de dignidad, de consecuencia, de auténtica democracia, de unidad entre dirigentes y dirigidos. 

Aquí cabe resaltar el papel de la maestra peruana, postergada siempre, y no siempre reconocida ni valorada como corresponde. Nuestro homenaje a ellas. En esta jornada y en otras, sobre todo en las grandes huelgas del SUTEP, entre ellas la que se inicia el 4 de junio de 1979 y que se prolonga por 118 días, la maestra sutista puso en evidencia sus elevadas cualidades de combate, de solidaridad, su creatividad para enfrentar y resolver problemas, su dignidad de maestra y madre. Un ejemplo que las nuevas generaciones de maestras y maestros deben asumir con orgullo. 

Sin embargo, con el tiempo, la unidad del SUTEP es amenazada y sus mejores tradiciones, vulneradas. Son conocidos los intentos de división de que es víctima. De parte de diversos gobiernos promoviendo sindicatos paralelos como el Sindicato de Educadores de la Revolución Peruana (SERP), el ANTAE aprista, el Comité Nacional de Reconstitución del SUTEP (CONARE), impulsado por Sendero Luminoso-MOVADEF, y, más recientemente, la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación (FENATE-Perú), cuya herencia de crímenes contra decenas de maestros sutepistas nunca será olvidado.

Para Sendero Luminoso y sus continuadores, cualquiera sea la careta con que se cubran, el SUTEP es el adversario que hay que destruir, y el Partido Comunista del Perú –Patria Roja, el muro que demoler. Fue así y sigue siendo hoy. El accionar del gobierno que encabeza Pedro Castillo, con este propósito, es una demostración de quien es el enemigo del magisterio y qué objetivos abriga.

Como consecuencia de la lucha desplegada por los maestros del SUTEP se lograron reivindicaciones importantes. Entre ellas, la Ley del Profesorado 24029, su modificatoria la ley 25212, por ejemplo. La defensa de la educación pública como derecho de los peruanos, sintetiza una de sus grandes batallas.

Pero también existen problemas que surgen desde el mismo seno del sindicato. Es ley de la historia: o avanzas con los cambios que operan en la vida real y evitas caer en la rutina, el pragmatismo, la autosuficiencia o el “todo vale”; o bien te renuevas conservando los principios y valores del sindicalismo que heredamos de José Carlos Mariátegui. Surgen también tendencias autonomistas que se hacen eco de la prédica de “independencia de los partidos políticos”, el método de “copamiento” en la representación sindical en detrimento del frente único, el apoliticismo, la actitud utilitaria, el individualismo.  

El agua estancada se descompone. Toda rutina conduce a la parálisis, así como la falta de vigilancia ayuda al adversario. Con ello se abren paso, a su vez, métodos burocráticos, el debilitamiento de la relación de la dirección con las bases, el aflojamiento del espíritu de lucha y de las tradiciones del sindicalismo de clase, la exageración de los mecanismos de negociación perdiendo de vista que la clave siempre será la posición de fuerza con que se cuente. Y ésta, como la experiencia indica, descansa en la relación estrecha con sus bases, en la confianza del trabajador en su organización y en sus dirigentes.  

Pero las maestras y maestros no se deben sólo a la lucha por sus derechos. Se deben también a sus estudiantes, su responsabilidad mayor, que no siempre se valora como corresponde. Se deben a la sociedad, pues la educación tiene un impacto profundo en su desarrollo, en la forja de un orden nuevo. Es bueno recordar el mensaje del Amauta: “De todas las victorias humanas les toca a los maestros, en gran parte, el mérito. De todas las derrotas humanas les toca, en cambio, en gran parte, la responsabilidad”. 

Preservar y desarrollar las mejores tradiciones que ha construido el SUTEP a lo largo de 50 años de existencia, adquiere hoy una importancia de primer orden. Será un punto de apoyo fundamental para su renovación de cara a los retos del presente como a las exigencias del futuro. 

Estimado camaradas y amigos:

Vivimos tiempos no normales. Tiempos de tensión, de realineamiento en el escenario nacional y externo. Está en juego mucho del futuro de la humanidad y mucho del futuro del país. La palabra crisis resuena con más fuerza y el Perú no es ajeno a esta realidad.

El gobierno del señor Castillo navega en aguas muy turbias y contaminadas. ¿Qué futuro puede ofrecerle al Perú que sea mejor que el que brindan quienes están apostados en el Congreso de la República? El espectáculo no puede ser más dramático: Si ambos continúan manejando los asuntos del país, nos espera lo peor; si adelantan las elecciones, la derecha copará el escenario. El costo que deja Castillo, será una izquierda fuera del escenario electoral, aún más fragmentado, cuya credibilidad por parte del pueblo se encontrará seriamente comprometida. 

No es arbitrario afirmar que, en estas condiciones, el gobierno de Pedro Castillo ha devenido en instrumental a la estrategia de la derecha neoliberal. Está haciendo exactamente lo que ella necesita para desacreditar a la izquierda mientras se posiciona por lo menos durante este quinquenio. Para la izquierda peruana, con seguridad, salir de este hoyo no será fácil ni pronto.

Por eso la necesidad de reconstruir el tejido social y político desde las bases. Porque los tiempos que vienen serán muy duros para el pueblo peruano. Es como empezar de nuevo. La ventaja es que se puede reiniciar la marcha descartando lo negativo y corrompido, sustituyendo la mirada de coyuntura hoy dominante por otra con perspectivas más estratégica, los arreglos de momento por una visión de proyecto. Entonces la batalla por una Nueva Constitución y una Nueva República adquirirán nuevos tonos. La contienda por la unidad no se agotará como hoy en trapicheos por pequeñas ventajas.

Previendo las nuevas condiciones de la lucha es indispensable recuperar, de acuerdo con las condiciones de hoy, los frentes de defensa, la asamblea de los pueblos y otras formas de agrupamiento popular que en tiempos pasados mostraron potencialidades enormes. No se debe olvidar que, en períodos difíciles, donde   pareciera que las tinieblas dominan, maduran condiciones para iniciar nuevas jornadas, encontrar nuevas formas de lucha y organización, nuevos y mejores métodos de trabajo. En el pasado, al SUTEP le cupo, junto a la CGTP y otras organizaciones, un rol importante en esta tarea. 

De aquí la importancia del partido político, del frente único, del programa. También de la estrategia y la táctica, de la construcción de una correlación de fuerzas que lo asegure. Y, desde luego, de la más amplia unidad popular. En esta tarea, sin perder su filiación sindical, los maestros de avanzada deben incorporarse a la acción política para construir una patria para todos, con justicia social, progreso sostenido, soberanía plena, democracia efectiva, regeneración moral. Lo que hace falta es precisamente recuperar la confianza de los trabajadores y el pueblo en la política, no la actual, hundida en la descomposición y el descrédito, sino otra fundada en un programa y objetivos claros y realistas, donde palabra y acción marchen unidas, la democracia y la justicia social no estén divorciadas, la ética y la unidad más que discurso se conviertan en conducta práctica.

Estimados camaradas y amigos:

El SUTEP, desde sus orígenes optó por el clasismo, por el cambio de rumbo para el Perú, por la lucha contra el conservadurismo en todas sus expresiones: política, social, cultural, económica. Esta bandera fue defendida sin medias tintas por Horacio y quienes lucharon con él. Hoy también esta definición es necesaria.

Horacio militó en el Partido y defendió sus principios, programa, estatuto. No obstante, entendió que partido político y sindicato no son la misma cosa. Al Partido lo une una ideología, una teoría, un programa político, una forma de organización especial en la lucha por el poder; al sindicato, fundamentalmente las reivindicaciones comunes a sus afiliados, independientemente de la filiación ideológica o política de sus integrantes.   

Entendió también que el Partido no es dueño de ningún sindicato, que no ejerce control sobre él ni se siente patrón de nada. Lucha y trabaja, sí, por ganar la confianza y el respeto de los trabajadores, el reconocimiento por la labor de los comunistas en su seno, por su ejemplo moral e intelectual. 

Hizo suyo, junto a los demás dirigentes procedentes del Partido, el estilo de trabajo de “todo con las masas, nada sin ellas”. Si perdemos la confianza de las masas, si nos distanciamos de ellas y no tomamos en cuenta sus intereses por encima de todo, si no valoramos su iniciativa y no estamos dispuestos a recibir sus críticas, entonces el futuro que nos aguarda será oscuro.

Pero el sindicato no podía conformarse con poner en el primer plano los intereses concretos de sus afiliados. Desde el primer momento  entendió que la función del educador es de singular importancia en la sociedad. Por eso su lucha permanente por una educación universal, gratuita y de calidad; sus esfuerzos para aportar, más tarde, una propuesta pedagógica alternativa que denominó “Modelo pedagógico emancipador para la transformación”. Con ese objetivo convocó Congresos pedagógicos que permitieran amplios debates entre sus integrantes. Tarea aún inconclusa que merece ser continuada y enriquecida. 

El Partido Comunista del Perú Patria-Roja no es ajeno a este devenir. Los logros del SUTEP, también su deficiencias, errores o limitaciones, los asume, pues no fuimos ajenos a ellos. Desde luego que la conducción del sindicato es de responsabilidad de quienes lo ejercieron o ejercen. Pero los militantes del Partido que asumen responsabilidades en todos los escenarios: políticos, sindicales, sociales, culturales, de género, étnicos, juveniles, responden a sus principios, programa, disciplina.  

Consecuente con el concepto de “prepararse para gobernar” que acuerda el VIII Congreso, el Partido está en la obligación de conquistar, con honestidad y capacidad, el rol dirigente y orientador en todos los terrenos donde actúe y tenga presencia real. 

No se permite el “control” burocrático ni personalista de ninguna organización de masas o sindical. Cosa distinta es estar capacitado, política e ideológicamente, para influir, orientar y ganar el reconocimiento de las masas. Y nada de ello se alcanza por vía administrativa o burocrática, menos autoritaria o corrupta. Consecuentes con el legado del Amauta José Carlos Mariátegui debemos esforzarnos, dirigentes y dirigidos, en capacitarnos siempre, ser mejores siempre política, ideológica, profesionalmente. En sus palabras: “que los mejores prevalezcan porque saben ser mejores”, en lugar de trapicheos, correlaciones espurias, acuerdos detrás del telón. 

Los comunistas que trabajan en el seno del pueblo serán siempre servidores del pueblo. Horacio Zeballos y tantos otros dirigentes de filiación comunista, lucharon desinteresadamente, viendo en el maestro o maestra un hermano o hermana de clase. Enfrentaron persecuciones y cárceles, deportaciones, sanciones injustas, situaciones complicadas por largas ausencias de sus hogares, pero lo asumieron con firmeza y coraje, con disciplina y espíritu partidista, porque entendían su responsabilidad con el pueblo, porque se nutrían de elevados ideales, porque nunca asumieron un rol dirigente como privilegio o ventaja. 

La vida de Horacio, su entrega al sindicato, su muerte en la pobreza, pero querido por decenas de miles de maestras o maestros que lo sentían un hermano, uno más del hogar donde llegaba, es un ejemplo a continuar como paradigma de lucha, de lealtad y consecuencia con su sindicato y con su Partido.

¡Con Mariátegui, siempre!

¡Viva el SUTEP!

¡Honor a las maestras y maestro del Perú!

¡Viva el Partido Comunista del Perú – Patria Roja!

¡Viva el socialismo!