¿Voto de confianza?

Por: Rolando Breña – Diario Uno – 9/04/2019

Se discute aún el voto de confianza que dio el Congreso al Gabinete Ministerial que preside Salvador del Solar, con una pobre aprobación de 46 votos.


¿Pero, a estas alturas, significa algo el voto de confianza? ¿A quién representa el Congreso para que, a nombre del país, sus ciudadanos y su pueblo puedan otorgar confianza que él mismo no tiene? ¿Qué confianza puede exigir u otorgar un órgano deslegitimado y al que las encuestas lo ubican en los últimos lugares de confianza?. Vaya que si es curioso: Un Congreso en el que casi nadie confía otorgando confianza a otro poder del Estado en la cabeza del Primer Ministro que tampoco tiene la confianza del electorado.


Es simplemente un conjunto de maniobras de política menor, que busca establecer correlaciones de fuerza para obtener ventajas en el Congreso o en el Ejecutivo, defender espacios o protegerse de eventuales cuestionamientos, no solo institucionales sino otros de marca mayor, lindantes con faltas a la ética o al Código Penal.


Se equivocaron quienes esperaban una discusión vital sobre problemas nacionales; tanto por el nivel promedio de los congresistas como por el discurso del Primer Ministro que no fue más allá de generalidades de todos los días, sin programa definido casi para nada.


Nos regalaron, como siempre, decenas de peroratas, todas leídas y por lo tanto, preparadas antes de la presentación de Del Solar. Hubiera sido mejor que votaran inmediatamente luego de la intervención ministerial y nos ahorraran tamañas piezas oratorias y se ahorraran ellos mismos tantas horas sentados aparentando atención al debate.


Se especula que la dividida votación fujimorista (17 a favor, 11 en contra, 12 abstenciones), se debería a tendencias en su interior. No dudamos que tales tendencias y problemas existan, pero su votación fue cuidadosamente calculada con el cuento de dejar en libertad a sus congresistas.
Por un lado, demostrar que son todavía fuerza mayoritaria, por otro, darle escasa aprobación para tenerlo asustado y débil. También juega, obviamente, la amenaza de disolución y nuevas elecciones que producen pánico, pues ya no hay reelección.


Lo esencial no es un Gabinete que tenga una escasa o amplia aprobación, sino lo que pueda hacer al margen o contra las correlaciones congresales, con un programa de gobierno que reciba el apoyo de la población, enfocado en resolver o avanzar en la solución de los graves y urgentes problemas que se viven. Si un Gabinete posee ese programa, el Congreso se verá obligado a respetarlo y asumir sus responsabilidades, sin pena de quedar fuera de escena, o recibir el repudio de la población; en todo caso si asume un papel confrontacional, prepotente, a contra corriente, se convertirá en pieza prescindible.


En fin, volviendo a la investidura, hay que pensar en otras formas libres de los enjuagues de poca monta. Algunas instituciones llamadas constitucionales: interpelación, cuestión de confianza, estación de preguntas, investidura, han sido usadas como armas de presión, amenaza, venganza política o chantaje.