Por: Manuel Guerra

El 4 de setiembre de 1970 el pueblo chileno y sus vanguardias culminaron una etapa de varias décadas de acumulación política, social y cultural que tuvo como resultado el triunfo electoral de Unidad Popular, que llevó a Salvador Allende al Palacio de la Moneda, abriendo un proceso inédito, difícil, complejo, de aproximación al socialismo, que tendría hondas repercusiones no solo en Chile, sino también en América Latina y el mundo entero.

Fue el triunfo de la esperanza y el optimismo, de la apuesta por un Chile nuevo y un mundo nuevo, la realización del sueño de los más humildes que se echaron a caminar desde las minas y las fábricas, desde las comunas rurales y los barrios, desde las universidades y los hogares. Hombres y mujeres, obreros, campesinos, intelectuales, poetas y cantores que se propusieron dignificar la condición humana y conquistar la felicidad sobre la tierra.

Unidad Popular nos dio una grandiosa lección, haciendo posible lo que parecía imposible: la confluencia de comunistas, socialistas, marxistas, cristianos, socialdemócratas, además de un poderoso movimiento popular, para llevar adelante un programa de transformaciones, cuyo horizonte era el socialismo.

Nos enseñó que la unidad es posible si es que se mira más allá de los intereses particulares y se pone por delante los intereses del país y las grandes mayorías. Nos dio una lección de madurez política, de responsabilidad, de lo que significa asumir la política con grandeza y trascendencia histórica.

El gobierno de Allende y Unidad Popular fue el precursor de los gobiernos de izquierda y progresistas de América Latina conquistados a través de victorias electorales en plena ofensiva neoliberal y que han reconfigurado el mapa político de esta región.

La experiencia chilena con su trágico destino, nos enseñó también los límites de la democracia liberal y que las clases dominantes y el imperialismo jamás se someterán a las reglas democráticas, que la bestia sacará las garras y derramará sangre cuando ve amenazados sus privilegios.

Unidad popular nos enseñó que la lucha es también alegría, canto y poesía. Nos legó verdaderos himnos de unidad y compromiso social que acompañan siempre nuestras acciones. Nos dejó innumerables mártires y héroes, la presencia agigantada de Salvador Allende, de Víctor Jara, Pablo Neruda, de miles de chilenos que fueron asesinados, torturados, encarcelados, obligados al exilio. A todos ellos, nuestro homenaje militante.

El episodio que se cerró a sangre y fuego tres años después del triunfo de Unidad Popular, no ha detenido el proceso histórico de liberación de los oprimidos, cuyo destino es el socialismo. Chile, América Latina y el mundo entero constituyen un campo de batalla en el que el imperialismo en decadencia se bate en retirada.

Asistimos a un cambio de época y a un cambio civilizatorio. El mundo construido sobre la base de la explotación del hombre por el hombre, la agresión a la naturaleza, la dominación imperialista, es insostenible y amenaza la continuidad de la especie humana.

Desde Perú, un abrazo al pueblo chileno, a los camaradas, compañeros y compañeras. Nuestra solidaridad con las luchas que vienen librando y que son la mejor muestra de la vitalidad del proceso emancipatorio que Unidad Popular y Salvador Allende inauguraron 50 años atrás.