Por: Alejandro Quintanilla

Comisión Zonal Campesina del Centro del Perú (Provincia de Jauja)

«El viejo mundo se muere.

El nuevo tarda en aparecer.

Y en ese claroscuro surgen los monstruos».

Antonio Gramsci.

El actual proceso de crisis sanitaria que atraviesa nuestra Patria y que tiene, desde hace algunos meses, una escala global; ha acelerado la crisis latente del sistema capitalista y en el caso de nuestro país, de su expresión como modelo neoliberal. Empero, sobre este tema ya han incidido diversos artículos, opiniones e incluso publicaciones recientes de instituciones especializadas a nivel mundial.

Sin embargo, muy poco se ha desarrollado sobre el impacto en la radicalización del movimiento popular, el flujo creciente en el movimiento de masas y el salto cualitativo que este fenómeno puede dar en un sentido común que tan sólo meses atrás legitimaba, en su gran mayoría, el consenso del bloque dominante en nuestra Patria; un consenso que hoy hace agua y se encuentra en pronto naufragio.

Asimismo, sobre este repentino despertar en plena crisis, poco o nada se conoce de su desarrollo y consecuencias futuras en el mundo rural peruano. Un espacio geográfico amplio y con una vasta historia de luchas y rebeliones (FLORES GALINDO, Alberto: 1989), pero que ha tenido una injusta falta de atención y un abandono del trabajo político, por gran parte de los sectores avanzados y progresistas, durante las últimas tres décadas; lo anterior en su mayoría por argumentos endebles vinculados a cuestiones puramente demográficas y a lecturas erradas sobre la derrota y desmovilización mayoritaria del movimiento campesino. Un abandono, que luego de la derrota militar y política del terrorismo encabezado por Sendero Luminoso, nos dejó como Partido en una soledad casi absoluta dentro del mundo rural peruano, una situación que también se tradujo en una libertad de acción y desarrollo del trabajo político que en pocos años supuso una lenta pero sostenida recuperación de nuestra presencia al interior del movimiento campesino peruano encabezado a su vez por una organización de joven nacimiento, las Rondas Campesinas[1].

El mundo rural peruano, se encuentra en un momento crucial de su historia, uno donde se observa un fenómeno único que no se ha visto en toda la etapa Republicana, un proceso en el cual la migración (catalizada por la Pandemia) invierte totalmente su curso y se configura en un viaje inédito de la ciudad al campo, en un retorno en busca no solo de seguridad sanitaria frente a un virus desconocido para la gran mayoría de peruanos sino de seguridad alimentaria, de vivienda y desarrollo económico; algo que en la actualidad, solo sus antiguos hogares rurales les pueden ofrecer.

Un proceso particular y dialectico, no exento de contradicciones y cuyas consecuencias aún no podemos medir, pero qué en lo inmediato no solo se traduce en una inusitada recuperación demográfica de la población Campesina, sino en conflictos latentes por el choque de sentidos comunes aparentemente antagónicos; lo anterior debido a que los recién llegados ya empiezan una propia búsqueda de adaptación a la vida comunal, una suerte de “reconciliación” con su pasado e historia, todo ello sin una idea real de cuando pasara la pandemia pero considerando que no será en un periodo cercano.

Las Comunidades Campesinas, cifradas hace algunos años en 6060 y cuyo control territorial se extendía  al 60% de la tierra productiva a nivel nacional (CENAGRO: 2012), mantienen aún su organización, estatutos y reglamentos internos; cuya fortaleza se acrecienta, en muchos casos, gracias a la organización de las Rondas Campesinas. En consecuencia, presenta en lo inmediato un organismo poderoso de la sociedad civil (PEREYRA, Carlos: 1988), que convierte a la Comunidad Campesina en un espacio de transmisión del consenso Indígena, fundado en gran medida en base de los usos, tradiciones y costumbres; una lógica comunal contrapuesta por años a las lógicas capitalistas de acumulación y que antepone (no sin complejas contradicciones) la propiedad comunal de la tierra en contra de la titulación privada de la misma (FLORES GALINDO, Alberto: 1988) con un sinnúmero de consecuencias y factores desprendidos de esta contradicción de proyectos ideológicos antagónicos.

Tenemos por consiguiente, una institución de tenencia de la tierra (las Comunidades Campesinas) y otra de construcción de leyes consuetudinarias y valores ancestrales (Rondas Campesinas); ambas en constante resistencia y adaptación frente a un modelo de capitalismo salvaje y extractivista, que elimina derechos, amenaza la propiedad y sostenibilidad armónica de sus territorios comunales; así como su autonomía y sus valores ancestrales. Empero, lo relevante en esta coyuntura, resulta el hecho de que ambas se encuentran en un tránsito, cada vez más creciente, hacia un mayor radio influencia, avance en la articulación social y en pleno periodo de flujo como movimiento de masas.

Los reportes que venimos recibiendo de las bases donde la organización Rondera se desarrolla son realmente sorprendentes, no sólo el aumento demográfico (en población campesina), sino el fortalecimiento acelerado que experimentan día con día, la organización Rondera y Comunal, fenómenos totalmente impensables hace tan solo seis meses.

En la experiencia propia y directa en los Andes Centrales, donde la Comisión Zonal Campesina del Centro del Perú realiza su trabajo. La realidad se condice con el reporte del conjunto de Células Campesinas del Partido y bases Ronderas del país. La policía, las fuerzas armadas y las demás instancias de control del Estado, se encuentran colapsadas en su tarea  de mantener el orden y desarrollar las medidas dictadas por el Ejecutivo en la presente Cuarentena.

Este vacío de poder, inesperado para las fuerzas que sostienen el actual modelo y que ahora se encuentran totalmente copadas por la necesidad de mantener su estabilidad económica, presionando al ejecutivo para obtener beneficios, créditos y subsidios en búsqueda de “rescatarlos” de una segura hecatombe económica. Han dejado una brecha a nivel del control (monopolio de la violencia) que como Sociedad Política (PEREYRA, Carlos: 1988) han sostenido, no sin problemas, desde las últimas décadas.

Esta brecha el día de hoy, en pleno caos, migración forzada de retorno, restricciones y colapso de la logística material y humana de las fuerzas represivas. Abre un nuevo cauce donde la organización popular Campesina, vuelve a ser el centro de una coyuntura en extremo favorable para la movilización, toma de conciencia y fortalecimiento de un nuevo Bloque Contra-hegemónico (SADER, Emir: 2001), el cual indudablemente tendrá al movimiento Campesino como un actor fundamental del mismo.

Actualmente, los dirigentes Ronderos cuentan con salvoconductos y mecanismos de movilidad con los cuales, ante la imposibilidad del Estado en garantizar las medidas de restricción, han permitido que el movimiento campesino asuma el Control y el Orden Interno de una parte importante de las zonas rurales en el Territorio Nacional. Este proceso, que venía avanzando con no pocas dificultades desde hace algunas décadas, ha estallado a todas luces en la actual coyuntura y se encuentra lejos de su pico más alto.

Es en estos momentos de crisis, donde surgen los claroscuros de la historia, donde claramente se desenvuelven situaciones en las que el flujo del movimiento popular se acrecienta a niveles insospechados y donde el caos puede parir o al menos ir pre-figurando un Nuevo Orden. Momentos que le pertenecen de ahora en adelante a la historia nacional y mundial; y donde los militantes, herederos de la heroica tradición Amauta José Carlos Mariátegui y de la estirpe de millones de mártires revolucionarios de todo el mundo, deben sumar en el Frente de Masas donde se encuentren, a este caudal creciente de indignación y organización popular. A este río que, desde cada hemisferio de la Patria, junta sus aguas para llenar de luz  e iluminar la larga noche de 500 años de subyugación y muerte; y a la larga noche mundial que el Sistema Capitalista instauró desde la derrota de las Monarquías en la revolución burguesa de 1848; momento clave donde, a contrapelo de la historia, nació un fantasma que hoy más que nunca parece cobrar vida y día tras día, construir nuevamente su identidad corpórea, cubierta de verdad y razón.

REFERENCIAS

CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO, INEI

2012   IV CENSO NACIONAL AGROPECUARIO. Lima: INEI.

FLORES GALINDO, Alberto y Otros

1988   COMUNIDADES CAMPESINAS: Cambios y permanencias. Chiclayo: Centro de Estudios Sociales SOLIDARIDAD.

FLORES GALINDO, Alberto

1989   Las rebeliones Tupacamaristas: Temas en debate. Lima: Revista Andina (año 7).

PEREYRA, Carlos

1988   GRAMSCI: Estado y sociedad civil; en Cuadernos Políticos, número 54/55. México: Editorial Era.

SADER, Emir

2001   Hegemonía y Contra-hegemonía para otro mundo posible. Buenos Aires: CLACSO    

STARN, Orin

1991   “Con los llanques todo barro” Reflexiones sobre rondas campesinas, protesta rural y nuevos movimientos sociales. Lima: IEP.  


[1] Institución campesina, surgida al calor de la organización popular en Cuyumalca (Chota, Cajamarca) en 1976, espacio acompañado desde su nacimiento por el Partido Comunista del Perú – Patria Roja. Una organización autónoma, legitima del campesinado y con una gran influencia actual en las zonas rurales del Perú contemporáneo (STARN, Orin: 1991).