Un saludo a la bandera

Por: Mario Tejada

Ha sido la reunión de la denominada  Cumbre de las Américas, que tuvo como agenda principal la Gobernabilidad democrática frente a la corrupción. Lo que ha quedado demostrado en este cónclave que reunió a los presidentes de todas las Américas, es la renovada hegemonía del imperialismo norteamericano sobre la gran mayoría de países de América Latina.

Años atrás hubiera sido imposible desfigurar la Agenda, convirtiendo el tema principal: la Corrupción, en secundario, y se traslade el centro de atención a una condena al Gobierno de Venezuela y su presidente Nicolás Maduro.

En realidad, toda declaración en contra de la corrupción solamente se convierte en huecas palabras, cuya trascendencia no van más allá que la lectura de las mismas. El actual presidente de los EE.UU, Donald Trump, ha desnudado ante todos los pueblos del mundo la verdadera naturaleza de clase del Estado norteamericano, y la podredumbre que corroe actualmente al gran imperio. En paralelo, este mismo escenario se repite  en los países de América y con presidentes impresentables que nos han visitado.

¿Y qué podemos señalar en relación al Perú? ¿Acaso no hemos visto saltar el pus a borbotones de un inmenso furúnculo lleno de podredumbre que corroe todas las instituciones de nuestra sociedad?. Y es que este se formó en la Colonia, y continúo en la República con los grandes negociados durante el pago de las deudas de la Guerra de la Independencia, en la época dorada del guano; e increíble, durante la Guerra con Chile; ello durante el siglo XIX. En el XX, con Cáceres y Piérola, y los Gobiernos de Leguía, del general Odría,  igual sucedió con la ignominiosa Acta de Talara y con Alan García.

En el presente siglo con todos los Gobiernos a excepción del de Valentín Paniagua.  Estas, pues, son algunas muestras significativas de la historia de nuestro amado Perú, que no es otra que la historia de actos inmorales y la ausencia de la ética de la gran mayoría de los Gobiernos a todo nivel: Central, Regional y también locales.

Una obra que todo izquierdista debe leer, la de Alfonso Quiroz, Historia de la corrupción en el Perú, nos sumerge en esta trágica realidad, La historiadora Cecilia Blondet en una reseña del libro dice: Quiroz define la corrupción como el mal uso del poder político burocrático por parte de  camarillas de funcionarios coludidos con mezquinos intereses privados, para obtener ventajas económicas o políticas contrarias a las metas de desarrollo social mediante la malversación o el desvío de recursos públicos y la distorsión de las políticas e instituciones. Es decir, la corrupción es el abuso de los recursos públicos para beneficiar a unas cuantas personas o grupos, involucra explícitamente el poder y la política, al sector público y al  privado y su efecto en política, instituciones y en el progreso del país. Luego señala: A lo largo de la historia que cuenta Alfonso Quiroz se puede ver con claridad como, en lugar de irse construyendo un Estado republicano con leyes y marcos normativos adecuados, con funcionarios que hace cumplir la ley, con ciudadanos que van aprendiendo a sentirse parte de una sociedad incluyente que los considera, a diferencia de esto, se va perfilando y consolidando un Estado sin derecho, en el  que las leyes están dadas para no ser cumplidas, y donde las formas patrimoniales del poder se van remodelando y recreando en cada período de la historia. La corrupción atenta persistentemente contra el desarrollo nacional y se pierden importantes oportunidades para lograrlo.       

El texto, pues, nos explica didácticamente el por qué luego del Gobierno de Paniagua no hemos podido superar la cultura corrupta anclada en nuestro país. Es que todavía no hemos podido construir un Estado que sea expresión de una genuina República. Las instituciones que lo conforman son una mascarada, y todo ha sido diseñado para favorecer la inmoralidad y la corruptela. Iniciamos el siglo XXI con métodos malévolos ideados y puestos en práctica por Fujimori y Montesinos a finales del siglo XX, y que con Kuczynski se volvieron a repetir. Lo nuevo es que en la actualidad lo vemos en una pantalla de televisión ultra HD, 4 K, claramente; lo lamentable es que esta cultura ha hecho metástasis en gran parte del pueblo y tiene su expresión en esta fea frase: No importa que robe, con tal que realice obras.            

Superar esta peste que nos tiene atrapados desde la Colonia debe ser la gran tarea de nuestro  sufriente pueblo, según decir del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez. Los partidos y organizaciones de izquierda son las llamadas a organizarla; los de la derecha, imposible, por su tradición, ideología y cultura política. Ella es parte consustancial de la enfermedad, su raíz; y es imposible que puedan asumir tan noble rol. El fujimorismo, expresión máxima de la política burguesa peruana, es precisamente el mejor testimonio de la podredumbre y degeneración política existente.

Un nuevo Estado guiado por una nueva Constitución que regenere al Perú es tarea del pueblo peruano, cuya expresión política debe ser un gran Frente del que la columna vertebral debe ser la izquierda. ¿Es posible la existencia  de una burguesía humanista en nuestro país? O, en todo caso, ¿de expresiones políticas que representan a sectores de la denominada clase media y que pueda integrar el Frente?. Es una problemática social que la práctica tendrá que demostrarnos.

El neoliberalismo ha penetrado a nivel mundial, convirtiéndose en la vanguardia de las ideas en la gran mayoría de los países de todos los continentes. Los Gobiernos que han intentado hacerle frente en América Latina han sufrido y están sufriendo serias derrotas. Bolivia se ha convertido en una roca dura de demoler. Estudiar y analizar con frialdad científica estos procesos es una tarea imprescindible. Debemos partir de la base que el fracaso de estos procesos se debe principalmente a los graves errores políticos de su conducción y no al Imperialismo; él tiene parte de culpa, pero no es el principal factor.

Los partidos políticos de raíz marxista y otros  que tiene como objetivo final superar el capitalismo, como los ecologistas radicales y los inspirados en la Teología de la Liberación, entre otros, deben ser conscientes del importante rol que deben desempeñar. El futuro del capitalismo es la barbarie, al convertir todas las relaciones sociales e individuales en mercancía. Producir en el menor tiempo, en el menor espacio y con los menores costos, solamente nos está llevando a sociedades anti humanas, por más que se barnicen en un paraguas que ellos denominan democrático, que no lo es.

El actual quehacer político norteamericano es la demostración más palpable. Por ello, una política que solamente tenga como objetivo final arreglar nuestros graves problemas económicos, sociales y políticos en el marco del mismo, está destinado al fracaso. Su éxito solamente está garantizado, por aquellos que tengan una mirada al final del camino al socialismo. Lo otro es y solamente será  otro saludo a la bandera.