UN IX CONGRESO DE UNIDAD Y RENOVACIÓN PARA HACER GRANDE AL PARTIDO

Mensaje a cargo del camarada Alberto Moreno Rojas en el acto de lanzamiento al IX Congreso del Partido, el 21 de marzo de 2019.

Estimados camaradas, queridos amigos: gracias por vuestra presencia que nos alienta y compromete.

Con este acto iniciamos la movilización del Partido que culminará en el IX Congreso Nacional. Un Congreso de unidad, de reflexión seria de lo realizado, de evaluación de los tiempos que enfrentamos y búsqueda de respuestas a esa realidad compleja desde la izquierda y el socialismo, de renovación en los estilos y métodos de trabajo.

Somos un partido político de definida orientación socialista, marxista leninista, mariateguista. Un partido político con una prolongada trayectoria, nacido en el seno de los trabajadores y sus luchas, actor importante en la vida política del país.

Fundado por José Carlos Mariátegui en octubre de 1928, no ha cesado de actuar en condiciones de legalidad o ilegalidad, en acción abierta o clandestina, según las condiciones impuestas por quienes, desde los orígenes de la república, han dominado el destino del país.

El sueño de su fundador de construir un Perú nuevo en un mundo nuevo sigue siendo la gran tarea a realizar. Dos siglos después de conquistada la independencia, aún no se ha realizado el anhelo de una república democrática, soberana, integrada, desarrollada, inclusiva, con justicia social y moralmente regenerada. En su lugar el patrimonialismo colonial y la dependencia extienden sus brazos hasta el presente; el Estado nacional está aún por hacerse; la economía sigue enraizada en los recursos naturales cuando está en camino la cuarta revolución industrial. No es obra de la fatalidad, sino de la ausencia de una fuerza dirigente capaz de señalar el camino emancipador y hacerlo realidad junto al pueblo peruano.

Grandes problemas exigen también grandes respuestas, y un partido político de raigambre popular a la altura de esos grandes retos. Así es como entendió Mariátegui el sentido y el destino del partido político que fundó para hacer realidad el socialismo en el Perú, “sin calco ni copia”, como “creación heroica”.

No esperemos un Congreso partidario para cumplir con la rutina, sino uno que se propone cerrar un ciclo y abrir otro en la historia del Partido. Por eso mismo, seriamente autocrítico, reflexivo, abierto al debate, dispuesto a abrir caminos nuevos y superar errores. Nos interesa la opinión franca, honesta, de no sólo los militantes, también de los simpatizantes y amigos, de los que apuestan por terminar con el tiempo de hegemonía neoliberal y abrir un futuro distinto para la patria y los peruanos.

Estimados camaradas y amigos:

No podemos ser ciegos ni sordos frente a una realidad mundial, regional y nacional signada por grandes cambios y en todos los órdenes.

Desde los inicios de la primera revolución industrial han transcurrido apenas dos siglos y medio. Sin embargo, los cambios producidos son inmensos y acelerados, para bien o para mal de la humanidad. El capitalismo ha alcanzado sus cuotas más altas y ha llegado a los últimos rincones del mundo. Como anticipó Carlos Marx en el Manifiesto Comunista, al mismo tiempo que significó la revolución incesante de los instrumentos de producción y la destrucción de las relaciones feudales y atrasadas, produjo las formas más brutales de colonización y expoliación, el desastre de dos guerras mundiales, el riesgo de una nueva hecatombe atómica universal, la amenaza latente que significa el cambio climático por acción de los seres humanos, además de un modo de vida insostenible con un mercado ciego que todo lo invade, inclusive la dignidad humana.

Lo que observamos a escala planetaria es la demostración de la crisis de la civilización capitalista, y, en lo más inmediato, la transición del hegemonismo de una potencia a la multipolaridad, en un proceso complejo, cargado de tensiones y riesgos, del retorno al chovinismo, el racismo, o la presencia activa de corrientes facistoides.

La llamada globalización económica es un dato real, objetivo: es una exigencia del desarrollo de la productividad social y el resultado inevitable del progreso científico y técnico. Es el signo de estos tiempos, independientemente de cómo se la conciba y en interés de quienes funcione: de las grandes transnacionales y el poder financiero, en suma, del uno por ciento de la población rica del mundo, como es hoy; o bien al servicio de la humanidad, en un mundo basado en nuevas relaciones de igualdad, beneficio mutuo, soberanía, paz, seguridad colectiva, estabilidad, defensa del medio ambiente

América Latina no es ajena a esta realidad. Luego de la victoria de Hugo Chávez en Venezuela se inicia un período de cambios en la orientación política con la instalación de gobierno de izquierda y progresistas, que asumen la defensa de sus recursos naturales, de la soberanía de los países y de políticas sociales que chocan con el proyecto neoliberal impuesto desde el Norte. Se da inicio a la integración en el Caribe con la Alba, luego Mercosur, más adelante alcanza su cenit con la instalación de CELAC, del que por primera vez quedan excluidos Estados Unidos y Canadá, que es lo que menos podía soportar el imperio.

La OEA había caído en decadencia. América Latina seguía otros rumbos. La contraofensiva del Imperio no se dejó esperar. Se cambiaron métodos, los golpes militares tradicionales fueron reemplazados por otros blandos, se judicializó la política, se puso en juego su potencial mediático para manipular la opinión pública, se tendió el cerco económico sobre Venezuela para asfixiarla y traerse abajo al gobierno bolivariano, se compró líderes de oposición como en Ecuador, se orquestaron alianzas como la del Pacífico, y ahora se proponen liquidar UNSUR para dar paso a PROSUR, de factura pronorteamericana.

Volvemos a la vieja doctrina de “América para los americanos, que convirtió la región en patio trasero de Estados Unidos. Pero los tiempos cambian: los reveses de la izquierda y el progresismo no indican que esté terminado. Es la derecha neoliberal quien no garantiza un futuro mejor para la región: el desastre de Macri, en Argentina, es un ejemplo clamoroso. No será mejor el desempeño de Bolsonaro, el fascista, en Brasil.

La experiencia de gobiernos de izquierda y progresistas de estos años, en sus aciertos como en sus errores deben ser examinados para extraer las lecciones del caso. La oleada reaccionaria pasará; los nuevos vientos de cambio y renovación en América Latina y el Caribe volverán a abrirse paso, más tarde o temprano. Las condiciones generales en el mundo trabajan a favor. Aprender de la experiencia de la historia es signo de inteligencia. No hay lugar para la pérdida de perspectiva ni para el desánimo. En los momentos de victoria conservar la calma; en la derrota, el optimismo. Defender el derecho del pueblo cubano, venezolano, boliviano, a decidir libremente su futuro, sin injerencia externa, es una obligación política y moral que asumimos.

Estimados camaradas y amigos:

La segunda década del siglo XXI, de crecimiento que rompía estándares anteriores, se nos presentó con aire triunfalista: crecíamos a velocidad de crucero, la pobreza descendía a trancos largos, los sectores medios prosperaban y eran el factor de estabilidad que el Perú requería, la inversión externa venía a raudales. Se nos dijo que marchábamos raudos al Primer Mundo y el ingreso a la Organización Mundial del Comercio era asunto de tiempo. Los sectores emergentes eran los héroes del momento, los nuevos ricos que le darían otro rostro al Perú. Era la demostración de que el proyecto neoliberal marchaba viento en popa, que el mercado suelto en plaza con un Estado minusválido era el garante del crecimiento. Ese país de fantasía se encuentra hoy en una crisis profunda, en una descomposición general con sus instituciones fundamentales severamente cuestionadas.

El crecimiento, que es lo único que puede ofrecer la derecha neoliberal como símbolo de éxito, no llegará al 4 por ciento este año y se apoya casi exclusivamente en los recursos naturales. La inversión no es lo cuantiosa que se esperaba. El consumo decrece. Aumenta la pobreza. Crecen la desocupación y el trabajo precario. El desencanto en el proyecto neoliberal y la tensión social están en aumento. La competitividad está entre las últimas de América Latina. El campesino, sobre todo andino y amazónico está librado a su suerte. Los beneficiados son pocos, los que concentran la riqueza, los que dejan de pagar impuestos, los que obtienen beneficios especiales con el arma de la corrupción.

Pero allí donde la descomposición se extiende como mancha de aceite es el Estado. La crisis del Estado mínimo subsidiario del mercado, ha llegado a niveles extremos. Sus instituciones tutelares se encuentran abrumadas por la corrupción y la inoperancia. Los conflictos entre poderes es una vergüenza, también la mediocridad, su manejo lobista. En palabras de Gonzales Prada: “allí donde se pone el dedo salta el pus”.

La crisis de los partidos políticos no marcha a la zaga; es parte del mismo drama. Para ser francos, no existen partidos políticos, en su lugar tenemos rótulos electorales. Su consecuencia, salvando excepciones, es la incapacidad para gestionar con honestidad y eficiencia: improvisación, ausencia de objetivos o planes, espíritu de clan, ineptitud, caudillismo. De paso, el descrédito de la política y los políticos es generalizado.

El gobierno del presidente Vizcarra no escapa de esta rutina. No se gobierna pensando en el país, sino en las encuestas, en las ventajas del corto plazo. Esperar reformas de fondo es ilusorio. Así se manejó el referendo de diciembre y se seguirá hasta el fin de su gestión, si lo toleran la población o su oposición en el Congreso.

No hay que olvidar que la Constitución de 1993 se aprobó para abrir las puertas al proyecto neoliberal que se nos impuso sacando ventaja del desbarajuste dejado por el gobierno de Alan García y la acción infame del senderismo, pero también de la ausencia de una alternativa desde la izquierda liquidada desde el momento de la división de Izquierda Unida. La Constitución de 1979 representaba un obstáculo a sus fines y había que sacarla de escena apenas 14 años después de aprobada. Respondía a una estrategia debidamente planificada, integral, organizada, que la izquierda nunca entendió. De allí su fracaso. No tomó en cuenta la recomendación de Sun Tzu: “conoce a tu enemigo, conócete a ti mismo y ganaras cien batallas”. El resultado fue la derrota de una verdadera opción de cambio que vino madurando durante 2 décadas y la liquidación de Izquierda Unida, cuyas consecuencias las sufrimos hasta el presente.

De la derecha peruana no se puede esperar otra cosa que continuismo barnizado para confundir incautos. Toda ella defiende la Constitución fujimorista y el modelo de economía y sociedad que representa, incluyendo el gobernante actual. Mientras continúan su pelea por espacios de poder, surgirán opciones maquilladas que se “volcarán al centro”, tal el caso de Julio Guzmán”, proponiendo cambiar algo para que nada cambie.

El problema de fondo a resolver seguirá siendo cambio o continuismo. La línea divisoria en la construcción de la correlación de fuerzas, y de la definición de las tareas a lo largo del período. Cambio en el sentido de garantizar una economía plural que garantice el desarrollo sostenible, un Estado dirigente democrático y soberano, de justicia social y regeneración moral

Amplios sectores de la población peruana, asqueados de la situación, buscan una opción nueva, diferente, que le signifique un cambio de rumbo. Es ese pueblo el que está en disputa, representando también la posibilidad de construir una alternativa seria, desde la izquierda, el movimiento popular y el progresismo. Tenemos, al frente, poco visible para la mayoría, una oportunidad histórica para devolverle a la izquierda un rol protagónico fundamental en la sociedad. El problema es concreto: si sabemos aprovecharla o la perderemos una vez más por miopía y chatura política.

Esta es la dimensión del reto que tenemos por delante. Cada cual por separado lo único que puede alcanzar es la derrota o una victoria pírrica. Construir la unidad más amplia posible, plasmar una plataforma viable, sentar sus bases ganándole tiempo al tiempo, actuar con iniciativa, lanzarse a la organización desde las bases, es la tarea política más importante si se piensa tener un papel protagónico en las elecciones de 2021.

Estimados camaradas y amigos:

La historia es rica en ejemplos de oportunidades que se presentan y se las deja escapar. Pero también son abrumadores los ejemplos de incapacidad de respuesta por ceguera sectaria, por prejuicios mezquinos, por apetencias personales que se colocan por encima del interés general, o por ausencia de proyecto.

La crisis de la derecha es más profunda de la que se cree. La atraviesa una descomposición que afecta todo su organismo. Si sobrevive y muestra un rostro de poder, no es porque le sobren fuerzas, sino porque no tiene al frente una alternativa seria, madura, inteligente, unida, y un liderazgo capaz de enfrentársele desde posiciones de fuerza. La política es correlación de fuerzas y se construye ganando la confianza y el respaldo de la mayoría de la población, por lo general dispersa.

Desde esta tribuna queremos insistir en el llamado a procesar una unidad seria, responsable, madura, a todos los hombres y mujeres de izquierda, el movimiento popular y el progresismo; a discutir una plataforma básica consensuada; a superar desconfianzas, prejuicios o mentalidad de aldea que nos separan absurdamente; a construir un proyecto alternativo de país y examinar la necesidad de colocar en el escenario político la batalla por una Nueva Constitución para una Nueva República.

A la estrategia integral de la derecha para afianzar sus posiciones e impedir que la izquierda acceda al gobierno, debemos oponerle también una estrategia integral: política, económica, social, cultural, étnica, ambiental, que bloquee sus maniobras y que amplíe el radio de acción de la propuesta que representamos.

Pero la unidad no sólo puede ser de las agrupaciones políticas con toda la importancia que tiene. Debe incorporar, también, organizaciones sociales como la Asamblea de los Pueblos, los sindicatos, pequeños y medianos empresarios, personalidades, gremios profesionales, comunidades étnicas.

De nuestra parte estamos dispuestos a trabajar en esta perspectiva, sin pérdida de tiempo, desde las bases y en las esferas de dirección. Hacerlo ya, sin pérdida de tiempo. Juntos por el Perú, en nuestra opinión debería convertirse en un factor que contribuya a este esfuerzo de cara a las elecciones de 2021, también en la batalla por generar un vasto movimiento nacional a favor de una nueva constitución para una Nueva República.

Estimados camaradas y amigos:

Los comunistas tenemos mucho que decir y hacer en esta tarea. No desconocemos que la crisis de los partidos políticos también nos afecta, y mucho. Comparativamente con el pasado, sus fuerzas se han debilitado, su capacidad de dirección se ha visto resentida, su relación con las masas trabajadoras y populares no es lo consistente que quisiéramos, su incidencia en la política es deficiente, su contingente de cuadros y la calidad y variedad de los mismos dista de las necesidades que tenemos que enfrentar.

Existen razones que lo explican: errores no corregidos a tiempo, limitaciones que dificultan superarlos oportunamente. Pero también hábitos y rutinas establecidos y tolerados. Algunos de ellos de larga data.

Si esto es un hecho, lo es también que pueden ser superados, que lo serán y esa es nuestra determinación. No estamos aquí para lamentarnos. Estamos para afirmar porque estamos convencidos de que puede hacerse y se hará.

El Congreso examinará la marcha del Partido con franqueza y los abordará yendo a sus causas ideológicas, teóricas, históricas, criticándolos a fondo con la voluntad de corregirlos, asumiendo las responsabilidades que nos corresponde a cada cual. Este es el tema central que debatiremos, resolveremos y llevaremos a cabo. Este es nuestro convencimiento y es también el compromiso de las tres generaciones que componemos el Partido: la generación mayor, intermedia, juvenil.

Si quieres avanzar tienen que tener claro el camino y firme la determinación de llegar a tu objetivo. Tenemos propuesto convertirnos paso a paso, en un plazo prudente, en un partido revolucionario de masas con presencia nacional organizada, con influencia creciente en el seno de los trabajadores, los intelectuales, las etnias, la juventud, la mujer, los pequeños empresarios. En un partido con solvencia teórica, programática, ética y cultural, continuando el legado, el pensamiento, los estilos y métodos de trabajo de José Carlos Mariátegui,

Un Partido capaz de renovarse, de actualizarse, de encontrar nuevos métodos de trabajo y de acción política. Salir del ostracismo al que nos acostumbramos y hacer política abierta de cara a las masas, afirmando nuestra identidad política, difundiendo con claridad nuestras ideas y propuestas, promoviendo nuestros líderes en todos los campos de la actividad que desarrollemos.

Necesitamos incrementar nuestras filas con nuevos militantes, superando estrecheces sectarias, rutinarias, burocráticas, ahora fuertemente presentes. Crecimiento y calidad, lealtad con el Partido y las masas populares, sentido de responsabilidad y disciplina, relación permanente con las masas de dentro y fuera del Partido, son requisitos que deben afirmarse. En suma, institucionalidad basada en los estatutos, el programa, la estrategia, la táctica y las políticas determinadas por el Congreso y el Comité Central.

El Partido cuenta con principios, estilos y métodos de trabajo, con normas de conducta y una ética revolucionaria que vienen de su fundador. El mejor ejemplo de comunista, de luchador en defensa de los intereses de los trabajadores, de estudioso del marxismo y la realidad nacional con sentido creador, de moral revolucionaria, de honestidad intelectual, de capacidad para sobreponerse a las dificultades que presenta la vida, es nuestro maestro y guía: José Carlos Mariátegui. Sigamos su ejemplo, continuemos su obra, respondamos a los retos del presente y de mañana con el coraje que le caracterizó en su tiempo.

Los revolucionarios avanzan enfrentando retos y venciendo obstáculos. Aquellos que esperan que las cosas se resuelvan solas, acostumbrados a la rutina, satisfechos de sí mismos, cobardes para enfrentar dificultades, que se hunden en el pesimismo a la primera derrota, nada tienen que ver en este Partido.

Confianza es una palabra clave que debemos tomar en cuenta. La confianza se gana cuando se actúa con honestidad y lealtad, cuando la palabra empeñada se cumple, cuando se marcha a la cabeza en momentos de dificultad, cuando se valora el papel de los otros, libre de egoísmos, cuando los dirigentes se colocan en primera línea en el cumplimiento de las tareas. Sin confianza en sus filas y en las masas populares el Partido no tendrá la fuerza para avanzar con paso seguro, ni para influir en la batalla por la unidad de la izquierda y el movimiento popular.

Queridos camaradas:

Los llamamos a tomar en serio, con optimismo, disciplina, espíritu crítico y sentido de responsabilidad todo el proceso que lleva hasta el Congreso. A estudiar personalmente y en equipo los documentos en debate, aprovechando cada minuto de tiempo que dispongan. A enriquecer con vuestros aportes los planteamientos que les entrega el Comité Central.

Queremos la mayor democracia para la toma de decisiones que le corresponde al Congreso, la comprensión debida de cada punto que se apruebe. Luego del IX Congreso todo el Partido actuará como un solo puño para ponerlas en práctica. Demos término al estilo erróneo de aprobar documentos o resoluciones que luego no se cumplen. En adelante juzgaremos nuestras responsabilidades no sólo de palabra, sino sobre todo en los hechos y resultados.

El Congreso se inicia. De nosotros depende que sea exitoso en sus resultados. Todos los comunistas de pie para hacer grande, dinámico, influyente, confiable, a nuestro Partido.

¡UN PARTIDO RENOVADO POR UNA NUEVA REPÚBLICA!