Reflexiones sobre el movimiento campesino Peruano en plena Pandemia y zozobra nacional.

Por: Alejandro Quintanilla

“Agonía no es preludio de la muerte, no es conclusión de la vida. Agonía como Unamuno escribe en la introducción de su libro quiere decir lucha. Agoniza aquel que vive luchando; luchando contra la vida misma. Y contra la muerte”. José Carlos Mariátegui.

Fue un 11 de Abril del año de 1947, cuando dio a luz, la histórica organización del Campesinado Peruano, la Confederación Campesina Del Perú, la Gloriosa CCP. Una fecha crucial para la historia del Campesinado Peruano, que tuvo lugar y pasó lamentablemente desapercibida.

Su principal autor, Juan Hipólito Pévez Oliveros, discípulo del Amauta José Carlos Mariátegui, militante fundador del Partido Comunista, fundador a su vez junto al Amauta de la Federación de Yanaconas en 1927. Siempre fiel al legado Mariateguista, confeso en su autobiografía “Memorias de un viejo luchador campesino” que recibió el encargo del mismo Amauta, de “formar una organización que agrupe a los campesinos del Perú, que eran tan diversos: comunidades de indígenas, yanaconas, braceros, pequeños propietarios.” (PEVEZ, JUAN HIPOLITO: 1983). Un meta titánica que logró luego de décadas de persecución y dispersión del Campesinado Peruano, al lograr centralizar sus esfuerzos y volver a dotar a nuestras masas Campesinas de un instrumento de avanzada, de un gremio nacional que centralice sus luchas, en aquella época concentradas en la recuperación de sus tierras ancestrales arrebatadas por el ultraje y la usurpación de los Gamonales de antaño.

Para las generaciones del presente, estas historias suenan lejanas, en una época de digitalización y de auge de la urbe como lugar privilegiado de vivienda y hasta de la acción política. El campo y sus historias de lucha, quedan reducidos a leyendas de los abuelos, a “lugares pintorescos” que se visitaban una vez cada muchos años para “vivir una experiencia distinta” pero que quedaban en un lugar remoto de la historia y el acontecer nacional.

Sin embargo, el mundo rural peruano, representa no sólo un proceso milenario; sino también usos, tradiciones y costumbres que han atravesado procesos de adaptación y resistencia en diversos momentos de la historia nacional.

No realizaremos aquí un recuento histórico, pero  resulta de importancia para nuestra generación, entender la vigencia e importancia del Campesinado como actor político, el día de hoy.

Una institución, como la Comunidad Campesina, que está cerca a cumplir su primer Siglo[1] y que el día de hoy asciende a miles, las cuales controlan más de la mitad de la tierra productiva a nivel de todo el territorio nacional (CENAGRO: 2012). No sólo es el depositario de tradiciones y luchas sino un actor que ha encabezado en las últimas dos décadas (DEFENSORIA DEL PUEBLO: 2010), luchas de importancia en contra del actual modelo neoliberal. Mientras en el casco urbano se observa un reflujo (repliegue) de la organización popular, el mundo rural ha estado en pie de guerra en contra del extractivismo minero-energético, expresado a través de la Sociedad de Energía y Minas (uno de los principales pilares de la CONFIEP).

Empero, la tónica de estos procesos de lucha (DEFENSORIA DEL PUEBLO: 2020), ha sido el de la dispersión, la otrora poderosa Confederación Campesina del Perú (CCP) entró en un proceso de reflujo y desorganización[2] que ya va entrando a su cuarta década, de la cual parece no tener un retorno al menos en un corto plazo.

Estas luchas, potentes por su acción y efectividad en detener el avance indiscriminado de mineras y empresas extractivas en sus territorios ancestrales, no han podido hasta la fecha convertirse en una corriente nacional que cuestione el modelo en su conjunto, que plantee una alternativa a la crisis agraria del presente o que al menos unifique un sector importante del Campesinado peruano bajo una misma plataforma.

La coyuntura actual y las tareas del campesinado peruano

El Estado de Emergencia, iniciado tras la publicación del Decreto Supremo N°044-2020-PCM, dio un giro de °180 grados a la situación nacional, esto sumado a un virus que está acelerando los factores que harán” parir” una nueva era a nivel mundial, tanto a nivel de agudizar la crisis económica del sistema capitalista como de reforzar la multipolaridad (creciendo la influencia de los BRICS, con China a la cabeza); trae consigo cambios aún imposibles de prever.

La situación antes descrita, tiene su correlato en la zona rural peruana, donde se pueden analizar tres procesos sui generis:

1. La migración inversa (de la ciudad al campo): Generada a partir del descalabro económico en las grandes urbes, a una PEA mayoritariamente informal, que sobrevivía de empleos con una facturación diaria y que colapsó ante las medidas de cuarentena que supusieron un golpe brutal e inmediato a una población con escasos ahorros o algún tipo de seguridad social.

2. Toma de importancia de la agricultura y ganadería: No solo se atestigua una obvia toma de importancia del sector agropecuario en las tareas de abastecimiento de las ciudades, ante la caída de las importaciones por causa de las medidas sanitarias; sino una imagen (en proceso de consolidación) de seguridad en lo económico de las actividades agropecuarias, frente al grueso de actividades económicas que antes de la crisis se presentaban como más rentables y de mayor prestigio social; actividades expresadas en “el mito del progreso” (del migrante que con mucho esfuerzo logra éxito en la gran ciudad), construcciones sociales que hoy se desmoronan en la vorágine de una crisis que está lejos de terminar. Y que de paso, en su desmoronamiento, llenan de importancia y de nuevo prestigio a las actividades que los migrantes (que ahora regresan) habían dejado atrás en sus comunidades de origen.

3. El fortalecimiento acelerado de la organización campesina: Esta crisis, ha generado en pocas semanas, un acelerado proceso de consolidación del trabajo realizado desde 1976[3], en organizar la autodefensa y auto organización del campesinado peruano. La CUNARC-P (Central Única Nacional de Rondas Campesinas del Perú), gremio campesino fundado el 2006, que agrupa en la actualidad bases Ronderas de 19 Regiones, donde se agrupan más de 1 millón de peruanos. Se encuentra en un franco proceso de consolidación orgánica, que se ha agudizado en la actual crisis social y política, las Rondas Campesinas en la gran mayoría de regiones donde actualmente realizan sus tareas, han asumido el orden del control interno en las zonas rurales, ante la carencia de recursos humanos y logísticos por parte de la Policía Nacional del Perú, ésta ha legado en no pocos casos el grueso de sus tareas a la organización ronderil[4].

Sin embargo, aún no se tiene claridad sobre este momento histórico, el proceso de desarrollo cuantitativo se encuentra en pleno flujo, más el proceso del salto cualitativo por parte del movimiento campesino parece aún lejano. La CUNARC-P está trabajando a todo dar, ha generado numerosas conferencias virtuales de coordinación, brinda directivas y orientaciones tanto de protocolos para enfrentar el COVID-19 como de optimizar las coordinaciones con las autoridades del gobierno central, así como para fortalecer y acrecentar la organización ronderil.

Empero, lo anterior se reduce casi en su totalidad al fortalecimiento del gremio y la protección de nuestro pueblo ante la pandemia, pero está lejos de asumir un liderazgo político en contra del Modelo Neoliberal y a favor de una Refundación y Regeneración Moral de la Republica y una Nueva Constitución que brinde un Nuevo Curso para la Patria.

Ante esta situación, los comunistas organizados en las masas populares del sector rural, debemos brindar las herramientas tanto organizativas como políticas, para facilitar y acelerar este salto cualitativo. No es ningún secreto, que en la historia de las revoluciones, las crisis han sido parteras de situaciones revolucionarias y esta crisis global no es la excepción. Es momento de retomar la iniciativa política tanto en el campo como en la ciudad, sectores donde en el primero (el campo) aún se goza de capacidad de movilidad y organización; en ese sentido, las tareas del presente son de agitación y organización de nuestro pueblo con el claro derrotero de superar un modelo en crisis. En el campo este es el momento para reconstruir un nuevo mito, una clara expresión de un sentido común favorable a la táctica general del Partido, una nueva construcción que amalgame las mejores tradiciones de lucha de nuestros pueblos con los objetivos claros de transformación nacional, refundación de la Republica, regeneración moral y un nuevo pacto social (Nueva Constitución) que no solo selle definitivamente la actual crisis sino la larga miseria y postración de los últimos cinco siglos. Lo anterior debe expresarse a modo de tarea concreta, en la reproducción masiva de material formativo, que en el contexto de la actual pandemia, es requerido por la inmensa masa campesina organizada en rondas (o en proceso de estarlo); materiales formativos que en una primera exigencia surgen al calor de tener herramientas para enfrentar la actual emergencia sanitaria pero que a la vez abren la puerta a materiales que trabajen el auto gobierno de masas, la auto defensa y la toma de conciencia de alternativas a la actual debacle del modelo; todo como parte de los insumos necesarios para masificar y consolidar nuestra propuesta en el momento actual.

A la organización espontanea de nuestro pueblo para la subsistencia y la seguridad sanitaria, debemos complementar la herramienta Rondera, sus fueros y jurisdicciones y sumar con contundencia a la mayor cantidad de actores sociales y políticos, a la necesidad de un Nuevo Curso para nuestra Patria, el cual solo puede ser concretado a través del salto cualitativo a la militancia Comunista, amalgamada a nuestro pueblo por un nuevo mito cohesionador que brinde una salida clara, contundente y decidida a la actual crisis global. En esa dirección la idea de Gramsci sobre el príncipe moderno cobra nueva vigencia e importancia actual:

El príncipe moderno, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político: la primera célula en la que se resumen los gérmenes de voluntad colectiva que tienden a devenir universales y totales. (Gramsci, 1980, p. 15)

En la misma línea, Depaz analiza el objetivo del mito como cohesionador, en tanto posee tanto una parte práctica como una parte política, a través de un sujeto político que será el mediador entre la vanguardia y las masas populares:

La capacidad del proletariado —sujeto portador del mito socialista— de materializar el mito de la revolución social, depende de su capacidad de articular los intereses y aspiraciones de esa vasta gama popular […] el mito toma cuerpo en una organización política cuya base social sean los trabajadores mismos, las fuerzas vivas de la sociedad civil; una organización política cuya estructura sea la expresión de la heterogeneidad de los sujetos parciales del bloque popular. (Depaz, 1991, p. 51)

En el actual momento histórico, organización y formación, son dos tareas impostergables para los comunistas peruanos en la actual crisis. Dos tareas imprescindibles para superar un modelo caduco y entender un momento crucial que requiere no solo retomar el espíritu que hace 73 años encarnara Juan Hipólito Pévez Oliveros, al fundar la histórica Central del Campesinado Peruano, sino entender la historia del presente y saber guiar esa voluntad irrefrenable de un pueblo que hoy se encuentra en la búsqueda de un nuevo mito que amalgame, cual fe mítica andina: el pasado, presente y futuro de nuestros pueblos.


[1] Es a partir de la Constitución Política del Perú de 1920, que en su artículo N°59 señala: “El estado protege al estado indígena y dictara leyes especiales para su desarrollo, cultura en armonía con sus necesidades. La nación reconoce la existencia legal de las comunidades indígenas y la ley declaro los derechos que les corresponden”; que se inaugura la inclusión, por primera vez en el marco jurídico, de la institución comunal indígena (posteriormente denominada como Comunidad Campesina).

[2] Similar proceso afronta la Velasquista CNA (Confederación Nacional Agraria) y AIDESEP (Institución que agrupa a Comunidades Nativas de todo el Perú), por resaltar algunos casos emblemáticos.

[3] Año de fundación de la primera Ronda Nocturna (hoy Ronda Campesina), en el caserío de Cuyumalca, Provincia de Chota, Región Cajamarca.

[4] Lo anterior no sin roces y conflictos (destacando los casos de Cajamarca, Piura y Huánuco, entre otros).

REFERENCIAS

CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO, INEI

2012              IV CENSO NACIONAL AGROPECUARIO. Lima: INEI.

DEFENSORIA DEL PUEBLO

2010             “Actuaciones Defensoriales en el marco del conflicto de Bagua. Informe de la Defensora del Pueblo a la Comisión del Congreso de la República que investiga los sucesos de Bagua, aledaños y otros.” Lima.

DEFENSORIA DEL PUEBLO

2020              “Reporte de conflictos sociales N°1 y N°2.” Lima.

Depaz, Z.

1991          La categoría mito en la obra de Mariátegui. Anuario mariateguiano, 3 (3), 32-55.

GRAMSCI, Antonio

1980                       Cuadernos de la cárcel, tomo 5. Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana. Ciudad de México: Era.  

PEVEZ, Juan Hipolito

1983          “Memorias de un viejo luchador campesino”. Lima: ILLIA.