TOCAMIENTOS INDEBIDOS EN EL METROPOLITANO…OTRA VEZ

Por: Augusto Lostaunau Moscol *

“Sucede a menudo cuando las mujeres van en buses, el varón se coloca detrás para satisfacerse, pero para ser delito de abusos deshonestos se requiere la violencia y la amenaza
                                                                                       Mario Amoretti

Esta semana hemos sido testigos de una nueva denuncia de tocamientos indebidos en el Metropolitano. Decimos una nueva denuncia porque años tras años (mejor dicho, mes tras mes) son más y más mujeres las que denuncian haber sido víctimas de este tipo de agresión. ¿Cómo detener esta situación de agravio permanente a las mujeres? ¿Seguir creando más penas de prisión efectiva? ¿Pena de muerte? ¿Mutilación? Las autoridades no tienen capacidad para detener este tipo de violencia.

El Metropolitano fue presentado como la solución a todos los problemas del transporte público en Lima. Se publicitó que sería “rápido, seguro y cómodo”. Pero, la realidad a demostrado todo lo contrario. El Metropolitano no ha significado la solución al problema del transporte público en Lima. Además, no es “rápido”; no es “seguro” y no es “cómodo”. Es todo lo contrario. El Metropolitano es lento. El Metropolitano es inseguro. El Metropolitano es incómodo.

Viajar en el Metropolitano es toda una aventura. Viajar en el Metropolitano es digno de una escena de una película de QuentinTarantino. Se debe llegar más de una hora antes para poder hacer cola e ingresar a una estación. Una vez ingresaste en la estación, debes hacer cola en el embarque de la línea que deseas abordar. Llegada la unidad, debes ingresar al bus sea como sea. Todos apretados. Todos juntos. Uno detrás del otro. Un amasijo de carnes, sudores y olores. La mayoría de las veces, la unidad permanece más tiempo en el embarque porque el conductor no puede cerrar las puertas de la unidad. Iniciado en viaje, todos se reacomodan y empiezan los problemas. ¿Y los tocamientos indebidos? Casi nadie medita en eso. Todos piensan en llegar rápido a la estación donde bajar y dirigirse a su destino. En tu destino, deseas olvidar ese viaje. Viajar en el Metropolitano te hace recordar la letra del tango Cambalache del genial Enrique Santos Discepolo: “vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”.

Nuestra versión diría: “Viajamos revolcaos en el Metropolitano y en el mismo bus todos manoseaos”. Y ¿quiénes son los grandes responsables de este manoseo permanente y cotidiano? Las autoridades de la ciudad. El alcalde de Lima. Aunque, a estas alturas, el alcalde lo único que está contando son los días para que su mandato culmine y poder marcharse. El alcalde ruega que los días y las horas pases veloz. Que llegue el Mundial de Futbol para distraer a todos. Y poder marcharse sin haber hecho nada durante su mandato. Un incapaz más. Al señor alcalde no le interesan los problemas de Lima. No le interesa la capital. Por el contrario, la odia. Para él, destruir Lima es su mejor obra.

Nadie sabe cuál fue el sistema aplicado para determinar que cada unidad del Metropolitano tiene una capacidad o aforo para 160 personas. En un colegio, un aula tiene capacidad para 26 alumnos. En la universidad, cada salón tiene aforo para 40 estudiantes. En el Centro de Lima, existen galerías de 10 pisos que tienen aforo para 350 personas. ¿Y un bus del Metropolitano ha sido aforado para 160 pasajeros? Increíble. ¿Quién fue el funcionario que realizó tal aforo? ¿Cómo se benefician los empresarios que administran el Metropolitano con dicho aforo? ¿Qué hace INDECOPI? ¿Qué hace la contraloría? ¿Qué hace el Ministerio de Transportes y Comunicaciones? “Todos manoseaos”.

Los precios que cobra el Metropolitano son los más caros del sistema de transporte público en Lima. Sus distancias son cortas y los sobros son altos. Que buen negocio. Pocos buses. Todos llenos. Pasajes caros. “¿Y cómo lo hacen?” dice una reconocida salsa. Los empresarios del Metropolitano tienen “mucha suerte”. Invierten poco y ganan mucho. “Se la llevan en paila”, dice un viejo dicho muy nuestro. En una gran coincidencia que sus buses tengan el aforo más grande. Tienen mucha suerte que la autoridad se haya “equivocado” con el aforamiento. No cabe duda, son individuos que cada noche, durante sus oraciones, agradecen tanta suerte. Y, parece que ninguno de ellos es amigo del alcalde.

Se hace urgente revisar las condiciones del servicio del Metropolitano. Aumentar la cantidad de unidades. El Metropolitano debe ser un servicio las 24 horas del día. Bajar el aforo a la mitad. Que los empresarios del Metropolitano inviertan. Sabemos que el actual alcalde no hará nada. Total, nunca hizo nada. Su mandato se cae –mejor dicho, se desploma-. Pero, mientras tanto, seguiremos cantando: “Viajamos revolcaos en el Metropolitano y en el mismo bus todos manoseaos”.

 

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú