SIGAMOS CON FIRMEZA EL CAMINO TRAZADO POR CARLOS MARX

Por: Alberto Moreno Rojas

Rendimos homenaje a la memoria de Carlos Marx con ocasión del Bicentenario de su nacimiento.

Carlos Marx nació  el 5 de mayo de 1818 en la ciudad de Tréveris, Alemania. Siguió la carrera de derecho, además historia y filosofía. Su tesis de graduación versó sobre Epicuro, filósofo griego. Su intención fue hacerse profesor. La política reaccionaria dominante entonces  lo impidió, no obstante que sus ideas en ese momento no eran precisamente revolucionarias sino estaban influenciadas por el idealismo hegeliano.

Por entonces  el descubrimiento de la filosofía materialista de Feuerbach despertó su interés. Engels escribió al respecto: “Hay que haber vivido la influencia liberadora” de esos libros. No obstante ello, fue un severo crítico del materialismo mecanicista de este autor. De 1845 data sus conocidas “Tesis sobre Feuerbach”. Tenía entonces 27 años. Allí formula, entre otras, dos tesis fundamentales que ningún marxista debiera desconocer: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. La segunda: “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento”.

Con apenas 24 años, en 1842 fue nombrado redactor jefe del periódico Gaceta del Rin, de orientación democrática. Censurado el periódico por su orientación política, y luego clausurado, Marx abandona Alemania  y se traslada a París. Como su experiencia periodística le había revelado su escaso conocimiento de la economía política,  se aplicó con entusiasmo a esta ciencia.

En 1847 Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la “Liga de los comunistas”. Comienza su militancia política activa. Esta organización de los trabajadores, en su II Congreso  de Londres confía a Marx y Engels la redacción de un programa del partido que fuese teórico y práctico: este es el Manifiesto Comunista. Documento histórico  que sigue siendo el cimiento en que se levantan las sólidas columnas del socialismo y el comunismo, el mayor alegato en defensa de los trabajadores; la crítica más radical del capitalismo ascendente de entonces; el llamamiento más formidable a la lucha por la emancipación de los trabajadores del yugo de la explotación y la opresión;  la convocatoria a la construcción de una sociedad liberada de los antagonismos de clase de la cual surgirá, en sus palabras, “una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos”; la exigencia  a la unidad y a la organización política de los oprimidos del mundo como condición de su victoria. Devela también la contradicción entre el incremento de  las fuerzas productivas y las relaciones de producción como la condición de su superación, muestra la inevitabilidad de la lucha de clases, pone en evidencia el rol que le corresponde al proletariado como forjador del nuevo sistema que  surgirá de las mismas entrañas del viejo orden social en descomposición.

“El Capital”, su obra cumbre, culmina su obra científica y representa la crítica más profunda y sistemática del capitalismo.

En un resumen brillante Lenin considera que “el marxismo es el sistema de las ideas y la doctrina de Marx…continuador y consumador genial de las tres principales corrientes ideológicas del siglo XIX: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa   y el socialismo francés”.

Pero no se agota en ellas, las trasciende en todos los aspectos. Traza una nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente, que aplicado a la vida social es el materialismo histórico, que permite descubrir la base de la vida social y las facetas de la misma.

La dialéctica, la doctrina más completa y profunda sobre el desarrollo, que, en palabras de Engels, considera que nada “es definitivo, absoluto, consagrado; que en todo pone de relieve lo que tiene de perecedero”. Si en todas las cosas opera la ley de los contrarios,  estamos obligados a observar y analizar la realidad de manera concreta. Desde este punto de vista el capitalismo no es eterno, sino un hecho histórico en cuyas entrañas maduran las condiciones que darán paso a una nueva sociedad y la clase social portadora de ese cambio, el proletariado.

La idea de la lucha de clases es anterior a Marx, pero éste la explica  como motor de la historia. Es una realidad objetiva  que las clases dominantes se han empeñado siempre en desacreditar o negar para mostrarnos un mundo falsificado donde supuestamente reina la armonía social, la explotación del trabajo como una bendición,  la concentración de la riqueza y el poder en pocas manos, como obra del destino.

Marx, no se limitó a la crítica más profunda, integral e irrefutable del capitalismo. Superando el socialismo utópico de sus predecesores, le dio fundamento científico al demostrar su inevitabilidad como resultado de las contradicciones que aperan en el seno mismo del capitalismo. Con ello abrió el ancho camino que llevará a la humanidad al  socialismo y al comunismo. Consecuente con su concepción del mundo no podía ni dio recetas de cómo sería su construcción.

La experiencia histórica le ha dado la razón. No existe un modelo único  que seguir ni imitar. El proceso que lleve a la revolución y a la construcción del socialismo seguirá  caminos singulares de acuerdo con la realidad de cada país, las condiciones de tiempo y  lugar, los cambios técnicos y científicos, la correlación de fuerzas a escala nacional y mundial.

José Carlos Mariátegui, discípulo genial de Carlos Marx, en circunstancias donde la verdad había que buscarla en los textos oficiales que venían de Moscú, consecuente con el espíritu marxista, afirmó: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano”. Si hemos de reconocer un error mayor de los comunistas peruanos, es haber olvidado, en los hechos, este pensamiento rector.

Está claro que los cambios sociales no se producen por evolución espontánea, sino por la acción consciente y organizada de los seres humanos. El capitalismo no caerá como cae la fruta madura del árbol. Es indispensable construir la fuerza política capacitada intelectual, moral y técnicamente capaz de asumir ese rol y construir la nueva sociedad. No es suficiente que las masas, las protagonistas de la historia, luchen.

Es indispensable que esa lucha, como sostenía Marx, “esté guiada por el saber”, cuente con una teoría que oriente su camino, disponga de una organización y unidad elevadas, sea capaz de vencer en todos los terrenos a las fuerzas conservadoras dispuestas a perpetuar su dominio de clase.

De allí la importancia de contar con el partido político capaz de asumir esa responsabilidad histórica, y con el espíritu de lucha, la organización y la disciplina de sus integrantes. Ese partido debe ser el Partido Comunista.

Carlos Marx fue un científico social. Nada de lo que dijo fue producto de la improvisación, consecuencia de un estado de ánimo o de la indignación. Fue el resultado de un estudio sistemático de la realidad de su tiempo, utilizando el instrumental teórico creado por él  como síntesis del conocimiento humano acumulado a lo largo de milenios.

Pero también fue un revolucionario consecuente, un hombre de acción, un luchador social, un hombre de partido que jamás hizo concesiones a la clase social dominante ni a sus representantes políticos e ideológicos. Desde el momento en que se identificó con el proletariado, levantó sus banderas sin claudicación alguna, asumiendo sus consecuencias en todos los aspectos.

Desde el periodismo defiende  los intereses de los trabajadores. El Manifiesto Comunista es una poderosa herramienta de lucha. En el período de la revolución de 1848 y 1849 que conmociona Europa se encuentra en la primera fila de la acción política. Disuelta la Liga de los comunistas en 1852, su actividad está vinculada a los esfuerzos orientados a la fundación de la I Internacional Comunista, en 1864, que él dirige y orienta hasta su disolución, en lucha contra la reacción y en confrontación con  las corrientes anarquistas de ese tiempo. Marx saluda lleno de entusiasmo y se identifica plenamente con la Comuna de Paris. Ve en ella el anticipo de lo será la revolución social que sueña.

Marx es hombre de partido. En él confluyen en un todo el pensamiento y la acción, el ideal y la capacidad de realización, la ciencia y el hombre práctico, el propagandista y el organizador, el sabio y el revolucionario que tiene una confianza infinita en el proletariado, en el pueblo, como sujeto revolucionario.

Fue, en el sentido más elevado del concepto, el maestro del proletariado internacional, el pensador más brillante de estos tiempos, el gestor de los partidos comunistas junto con Federico Engels. Su pensamiento, dado por muerto tantas veces por los representantes intelectuales del capitalismo, es más vivo hoy, más actual, más indispensable para entender un mundo hegemonizado por el imperialismo y su pensamiento único, preñado de grandes amenazas para la humanidad, y para encontrar las respuestas correctas en ese torbellino.

Pero Carlos Marx, poseedor de una sabiduría inmensa, de una vasta cultura, de un conocimiento de la historia extraordinario, no llegó a esa cima por azar del destino, sino como resultado de un esfuerzo enorme, de una disciplina y de una voluntad de hierro. Cuando en una encuesta una de sus hijas le pregunta sobre el sentido de la vida, su respuesta es una sola palabra: lucha.

Su vida fue lucha, lucha permanente en todos los aspectos. Comenzando con la lucha por la vida. Nacido en un hogar acomodado y culto, casado con Jenny von Westphalen perteneciente a una familia aristocrática, debió sobrellevar en Londres, ciudad donde vivió su madurez hasta su muerte, una vida de penurias. Pero supo sobreponerse a ella con el apoyo y colaboración de su esposa y de su fiel camarada y amigo, Federico Engels.

Es admirable todo lo realizado por Marx. Lo es más en las condiciones en que trabajó y luchó. Es que la causas revolucionaria, cuando se asume consecuentemente, exige esfuerzo, capacidad de  sacrificio, voluntad de realización, entusiasmo apasionado por el estudio. Eso fue Marx: un sabio y un héroe, un hombre de su tiempo y un hombre que trascendió su tiempo para permanecer como un faro que ilumina el presente y el futuro de la humanidad.

El mundo de hoy es muy distinto del que le tocó vivir. Las grandes ideas que nos legó, sin embargo, son tan actuales como entonces.

Dos siglos después de su nacimiento, el nombre de Carlos Marx sigue siendo una bandera que se agita en lo más alto de la montaña, su teoría sigue mostrando el camino porque se funda en la verdad, su ejemplo de vida representa la fuerza moral de la nueva humanidad.

Ser marxista es pensar, actuar y soñar como Marx. Entender la realidad como es, partiendo en todo momento de los hechos. Tener confianza en la humanidad. Tener confianza en el pueblo.  Tener confianza en el socialismo.

Al conmemorar 200 años de su nacimiento, los comunistas peruanos estamos en la obligación de afirmar nuestra identidad marxista, de reflexionar la experiencia realizada, pero también de repensar nuestras tareas para estar a la altura de los tiempos.

¡VIVA LA MEMORIA DE CARLOS MARX!

¡VIVA EL SOCIALISMO!

 

 

*Discurso de orden a cargo del c. Alberto Moreno Rojas, en el acto conjunto por  el bicentenario del nacimiento de Carlos Marx, organizado por el Partido Comunista del Perú-Patria Roja y el Partido Comunista Peruano,  el 4 de mayo de 2018.