Por: Tania Chirinos

Estos días de confinamiento necesario, se da una serie de versiones y/o explicaciones en los medios de comunicación y las redes sociales, sobre la masiva concurrencia de mujeres a los mercados, supermercados o centros de abastos.

Como es de conocimiento público, los hombres pueden salir los lunes, miércoles y viernes; mientras que las mujeres los martes, jueves y sábados.

En cuanto el gobierno anunció que jueves y viernes santo, nadie saldría y poco después, comunicó que el aislamiento social será hasta el domingo 26 de abril, muchas mujeres, en plena emergencia nacional, aun no correspondiéndole el día asignado, salieron a adquirir lo que podían de acuerdo a sus condiciones y necesidades. Esto ha sido calificado como que somos menos racionales que los varones; e incluso, menos ordenadas y muy complicadas para comprar.

Particularmente, considero que debemos partir de la realidad en nuestra patria. Esa realidad respaldada por los datos del INEI y las propias encuestadoras,  y es que las familias con jefas de hogar se han incrementado considerablemente en los últimos años.

¿Jefas?

Revisando las informaciones, algo interesante que se señala es que se va incrementando el número de jefas de hogar. 35% de las familias peruanas tienen jefas de hogar y están en los sectores más pobres de la sociedad.

Una jefa de hogar es la persona que más aporta económicamente en su familia, toma las decisiones financieras, la que decide en qué se gasta, invierte, cuánto se ahorra (lo cual es casi imposible en estos tiempos).

Las propias estadísticas oficiales indican que las jefas de hogar lo son porque no les queda más remedio ante el abandono de la pareja, la violencia familiar o el alto índice de embarazos adolescentes. Siendo, las jefas de hogar, en su mayoría, de los sectores populares.

Sin duda, el machismo imperante no solo fomenta infelicidad, también refuerza la pobreza y desigualdad, desentendiéndose de sus responsabilidades familiares. Detrás de los datos estadísticos, existen miles de historias en donde hay mucho dolor y carencias para cumplir con los hijos, con la administración de un hogar.

Sentido de protección y responsabilidad sobrecargada

Existe un comportamiento instintivo de protección hacia los nuestros y más aún en circunstancias de emergencia e incertidumbre frente a una situación que no se controla. Por ello, y según explicaciones psicológicas, el acumular víveres, frutas, verduras, productos de limpieza y otros es una forma de sentir seguridad emocional y resguardar a nuestras familias. Sumado a ello, el sentimiento de responsabilidad por la notoria recarga del trabajo doméstico, el cuidado de los pequeños o familiares en situación de vulnerabilidad, que recae fundamentalmente en las mujeres.

Hay que tomar en cuenta, también, que las mujeres en general siempre resolvemos cosas, sobre todo para la subsistencia y nos la ingeniamos con lo poco o casi nada que podamos adquirir en el mercado, en efectivo o fiado, actuando con creatividad para que en medio de la pandemia nuestros seres queridos compartan los alimentos con gusto, más cuando hay niños o abuelos refunfuñones. Evitando así incomodidades, malestares y hasta conflictos o situaciones de violencia. Así hemos aprendido y así enseñamos. Es una cadena difícil pero necesaria de romper educando en casa y haciendo que todos, incluso pequeños y adultos mayores, contribuyan en las labores domésticas.

Machismo en su esplendor

Es cierto también que muchas mujeres, consciente e inconscientemente, no confiamos en la capacidad de los hombres para hacer el mercado. Esto también sucede, en las labores domésticas, en las que en no pocos casos a pesar que ellos quieren colaborar o así se establece familiarmente, las mujeres lo volvemos a hacer con el pretexto de que está mal hecho o que así no es. Eso lo vivimos cotidianamente. Es casi como sentir y demostrar que somos solo nosotras las que  sabemos comprar, cocinar, limpiar bien o cuidar bien. De esta manera, entonces, reproducimos, extendemos y promovemos estereotipos machistas que debemos desterrar, que además son reforzados de manera subliminal y hasta grotesca por los medios de comunicación.

“Normalidad” interrumpida

El panorama actual de emergencia sanitaria, del que esperamos salir pronto, debe analizarse entendiendo también que la “normalidad” no volverá pues nuestra forma de vida y cotidianidad ha sido abruptamente interrumpida con la situación de emergencia que vivimos en donde la incertidumbre prima ante escenario de crisis, pánico, shock colectivo, estrés y ansiedad que en muchos casos desencadenan violencia inimaginable en miles de hogares peruanos.

Las repercusiones de la pandemia, sociales, económicas, laborales, políticas, culturales, de género, psicológicas, entre otras, con seguridad serán consideradas en la formulación de la propuesta de país que queremos como alternativa desde el pueblo frente al fracaso neoliberal.

En ello confiamos y por eso suscribimos el comunicado Por un Mañana en que la solidaridad derrote la codicia, del Foro por una Nueva República. https://www.facebook.com/foronuevarepublica/posts/2527225620825719?__tn__=K-R