Retos del joven comunista en la era “millennial”

Por Luis Gárate

La Juventud Comunista del Perú-Patria Roja (JotaCé) acaba de realizar su cuarto Congreso Nacional, que ha sido un importante evento de reafirmación y donde la militancia de las regiones en especial, ha hecho sentir sus demandas e inquietudes.

La JotaCé es una organización que tiene 14 años de refundada, y ha tenido importantes jornadas, pero también, como toda organización política y social ha tenido sus altibajos y dificultades, pues no se han llegado a procesar adecuadamente una serie de debates políticos y orgánicos sobre los que debemos sacar lecciones y aprendizajes.

En ese sentido, como ex dirigente de la JotaCé, me permito plantear algunas reflexiones sobre los retos de un joven que sea o aspire a ser un militante de la JotaCé ante el escenario mundial y nacional que se nos presenta:

Capitalismo neoliberal en crisis. La promesa de una globalización exitosa claramente está fracasando. Vivimos en un ambiente de inseguridad en todos los ámbitos, de una suerte de ansiedad colectiva frente a grandes amenazas, como el cambio climático, el fundamentalismo, la precariedad laboral. Incluso en los medios se hablan del fin de mundo como algo cercano. No es casual que en la cultura, como en la literatura o la industria del cine, estén plagadas de historias de un presente o futuro apocalíptico. En este necesario, sin embargo, como lo ha sido en el pasado, este sentimiento de miedo e inseguridad de las clases medias y los trabajadores está siendo capitalizado por las derechas radicales y el neo fascismo, que usan la xenofobia y la demagogia como un discurso fácil para embaucar a los ciudadanos. Nuestro país no está ajeno a esta tendencia, es por ello que el fujimorismo, como fuera conservadora y demagógica está a la ofensiva ahora, con su aparente disputa de liderazgo entre los hermanos Keiko y Kenyi, acaparan casi toda la agenda política peruana. Por eso debemos armarnos no solo desde la fortaleza de nuestra preparación ideológica, sino también disputando al sistema en su propio terreno, es decir combatir desde los sentidos comunes, estudiando el uso de los avances tecnológicos como las redes sociales, que más bien apuntalan el nihilismo y el individualismo.

Recuperar el mito. Mariátegui nos habló en su momento de que los revolucionarios no solo se mueven porque consideran que tienen la razón de su lado, sino porque los mueve una enorme emoción, un mito movilizador. Ha pasado desde entonces mucha agua bajo el puente, y el mito de la revolución socialista mundial se ha visto afectado. Tenemos que reconstruir ese mito. La revolución hoy en día no es cargarse de una mochila, un fusil e irse para el monte como se suele decir. La revolución es ahora un concepto que debemos adaptar a las nuevas formas que adquiere la lucha de clases, a las condiciones que se han impuesto como una suerte de “consenso” desde las reglas de la democracia burguesa, que nos abre la posibilidad de iniciar procesos de transformación y de lucha por la hegemonía. La historia de Patria Roja está cargada de emoción y de mitos, que debemos reencontrar. Podemos empezar por conocer bien la historia del partido, para saber mejor de las luchas heroicas pero también de las fallas que debemos corregir.

Prepararnos para gobernar. No puede quedarse como una consigna hueca y bonita. Si comprendemos el Nuevo Curso y nos proponemos ser una alternativa real para el cambio de nuestra patria, debemos no solo agitarlo y ponerlo en volantes y pintas, sino debemos preparar a nuestros cuadros y militancia en torno a ese objetivo, y para esto son clave los militantes de la juventud, pues siendo la mayoría de ellos estudiantes universitarios, deben volcar su especialización y por ejemplo, el desarrollo de sus tesis de investigación a conocer los diferentes aspectos de la realidad peruana, así como de buscar salidas a la caduca república empresarial que nos gobierna y no puede resolver los problemas más acuciantes de los peruanos.
Finalmente, y sobre todo, ser coherentes. Hay que hacer lo que se dice y predicar con el ejemplo. Aunque suene como algo elemental, es innegable que la política ha perdido su encanto, su capacidad de conectar con las mayorías, es porque es vista por cada vez más ciudadanos como sinónimo de corrupción, una simple pugna por el poder y por intereses económicos. No solo la derecha comete errores y gobierna de espaldas a las mayorías. Recordemos que las revoluciones socialistas que han fracasado, fue porque en buena medida se alejaron de las necesidades más esenciales y del sentir de la gente.

Para eso debemos recuperar la esencia de política como acción pedagógica y de servicio, por eso es que no podemos decir que somos revolucionarios, que queremos una sociedad superior si reproducimos lo peor de esa sociedad. Debemos dejar de asumir que la política es algo que ejercemos solo en el activismo, en una marcha, en un local partidario. La acción política se desenvuelve en la vida cotidiana, es decir en el trabajo, en el centro de estudios, hasta en el seno familiar. Por eso el llamado a combatir toda forma de exclusión, de discriminación, de violencia de género, debe ser una práctica de una ética comunista, que nos ponga como muestra de ese nuevo hombre y esa nueva mujer por los que luchamos. El cambio es ahora, lo practicamos a diario, no vamos a esperar que llegue la sociedad comunista.