RECUPERAR EL VALOR DE LA POLÍTICA

No se puede desconocer el descrédito de la política; consecuentemente, de los políticos.

Con el acceso del fujimorismo al gobierno en 1990 y su campaña sucia contra los partidos políticos en beneficio del individualismo, peor aún con la incorporación de la cifra repartidora, se sentó las bases de la virtual destrucción de aquellos. Ahora muchos partidos políticos han devenido rótulos electores, negocios rentables, vientres de alquiler, sumidero de tránsfugas sin bandera ni principios.

Como el mercado, con el neoliberalismo, se ha convertido en el alfa y omega de la verdad, también la política y las candidaturas han ingresado en la esfera de la mercancía: se compran y venden, sobre todo cuando hay “plata como cancha”, en palabras del impresentable Acuña.

Esa forma de entender y hacer política debe ser descartada, porque nada tiene que ver con la democracia ni con el ejercicio responsable del Poder. Su resultado mafioso es lo que estamos viendo estos días en el Ejecutivo como en el Congreso: me salvas, a cambio te concedo el indulto.

“La política –decía con razón Mariátegui- se eleva, se dignifica, se ennoblece cuando es revolucionaria”. Esa es la política que necesitamos construir para abrir paso a un nuevo Perú.

ALBERTO MORENO ROJAS