Por: Manuel Guerra

Consternada la derecha peruana, debido a que aquellas candidaturas en las que cifraba muchas esperanzas para ser protagonistas en el presente proceso electoral, y en las que había invertido no poco del apoyo mediático, se van desinflando o presentan serias dificultades de crecimiento, ahora cree conveniente jugar sus cartas por aquella ave rapaz, depredadora y curtida en estas lides: la señora K.

Claro que la señora K no es lo óptimo que se desearía, claro que tiene el problema del antivoto, claro que sería bueno contar con un personaje menos controversial, más potable, menos polarizante, que no lleve la carga pesada de la corrupción y los crímenes de lesa humanidad, pero, ay, los De Soto, Los Guzmán, los Urresti, los Acuña, los Lescano, han resultado ser como esas gallinas que cacarean pero no agarran vuelo. De los otros, de los que tienen la baja asegurada, mejor ni hablar.

Los sesudos estrategas de la derecha han debido sopesar los pros y los contras, pues se trata nada más ni nada menos que conjurar la pesadilla de que Verónika Mendoza, a la cabeza de la coalición progresista y de izquierda agrupada en JP, llegue a palacio de gobierno. Convencidos que la señora K es la tabla salvadora y aconsejados por asesores, publicistas y marketeros se han puesto manos a la obra, para lograr lo que parece imposible: convertir a la malvada bruja en blancanieves. De la noche a la mañana la señora K aparece como la paloma mensajera de la paz, de pronto se convierte en protagonista de la noticia, es entrevistada en todos los canales y cadenas de radio, ensaya sonrisas, se muestra conmiserativa, tenaz combatiente contra el delito y la corrupción. Los periódicos y programas televisivos de fin de semana, alborozados dan a conocer que la señora K aparece en el segundo lugar de las encuestas, cuya tendencia al alza inexorablemente la ubicará en las próximas semanas en el primer lugar de las preferencias electorales.

Mientras tanto los grandes empresarios, en un evidente apoyo electoral encubierto, llenan los medios de spots publicitarios en defensa de la sacrosanta inversión privada, advirtiendo del peligro chavista-populista-socialista-comunista. Los “lideres de opinión”, hasta aquellos que se reputaban de liberales, adoptan poses filosofales para terminar cerrando filas en defensa de la espuria Constitución fujimorista y de lo que ellos conciben como democracia, amenazados por la izquierda perversa.

Para que todo esto funcione la derecha necesita un pueblo desmemoriado, sin conciencia, fácilmente manipulable por los medios de comunicación. Pero las jornadas de noviembre muestran que los tiros van por otro lado. La batalla por los indecisos está tomando fuerza. A los enormes recursos económicos y mediáticos de la derecha corrupta y apátrida hay que oponerle la voluntad, la enorme creatividad, la iniciativa de los millones de peruanos y peruanas que quieren el cambio verdadero para este país.