Queremos reconocer, de manera especial, la presencia en este acto de aniversario de representantes de las embajadas de Cuba, China, Nicaragua; de partidos políticos hermanos de izquierda y progresistas; de dirigentes sindicales, populares, culturales, profesionales, de la mujer, juveniles. Un abrazo especial a los militantes, simpatizantes y amigos del Partido, a los militantes de la Juventud Comunista, que representan la continuidad histórica del Partido fundad0 y nutrido en sus ideales por José Carlos Mariátegui.
Estimados camaradas y amigos:
Llegamos a este aniversario apenas culminado el IX Congreso del Partido, cuyas decisiones tienen un gran significado para su futuro como destacamento político en la lucha por el socialismo, la democracia, la independencia, la justicia social, la renovación intelectual y moral. Fue un congreso de unidad, también de seria reflexión autocrítica, de búsqueda de explicación de los problemas del Partido y del país, de solución de los mismos. Un congreso que se propone cerrar un ciclo y abrir otro en su trayectoria histórica, que recoge y continúa lo mejor y avanzado de su experiencia, y que se proyecta con audacia y voluntad renovadora hacia el futuro en un tiempo y un mundo sujeto a grandes cambios en todos los campos de la actividad humana.
El Congreso ha elegido un Comité Central renovado en más de un 60 por ciento de sus integrantes, incorporando cuadros de la generación intermedia y jóvenes, que confiamos se encuentren a la altura de sus responsabilidades. Queremos aprovechar esta oportunidad para rendir homenaje a los camaradas de la generación que dio origen a lo que es hoy el Partido Comunista del Perú-Patria Roja; a la generación siguiente sobre cuyos hombros descansó la construcción del Partido y su acción política, de masas y teórica; a las mujeres y varones que le entregaron al Partido lo mejor de su vida, de su inteligencia, de sus ilusiones y sus esfuerzos, convencidos de que “otro mundo es posible”.
Nuestra apuesta por el socialismo tiene fundadas razones. “Capitalismo o socialismo. Este es el problema de nuestra época”, definió con suma claridad el Amauta. Estamos persuadidos que el capitalismo agotó sus posibilidades; que el mundo bajo predominio de los grandes monopolios y el hegemonismo norteamericano, condena a la humanidad a la inestabilidad y la incertidumbre; favorece una economía a la baja con riesgos de una nueva crisis; amplía la concentración de la riqueza y la brecha entre ricos y pobres; sigue presente el espectro de la guerra y persiste el armamentismo en lugar de los factores que aseguren una paz duradera; se incentiva el consumo desenfrenado que amenaza el precario equilibrio ecológico; persiste el intervencionismo y expoliación de naciones y pueblos en lugar del respeto a la independencia, la cooperación y el desarrollo compartidos.
América Latina no es ajena a esta realidad. La intensificación del bloqueo contra Cuba, la intervención y bloqueo contra Venezuela y la instalación artificial de un gobierno títere; las políticas del FMI impuestas en Ecuador y la justa respuesta popular, la victoria electoral previsible de Evo Morales en Bolivia y del peronismo en Argentina, señalan las crecientes dificultades de EE.UU. para recuperar su anterior hegemonía indiscutida en la Región. Queremos expresar nuestro apoyo firme a Cuba socialista, a Venezuela soberana, a los pueblos de Nicaragua, del Ecuador en lucha, de América Latina y el Caribe.
Estimados camaradas y amigos:
El problema de fondo a resolver en el Perú de hoy, tiene que ver con la continuidad y “profundización” del proyecto neoliberal, que es el camino de la derecha, defensora acérrima de la Constitución fujimorista; o bien, la necesidad de abrir un nuevo camino de desarrollo y progreso que dé solución a casi dos siglos de frustración y atraso. Dos décadas después de aplicado sistemáticamente el proyecto neoliberal, con el respaldo de una Constitución hecha a su medida, los resultados están a la vista: una sociedad marcada por la crisis política, del Estado y sus instituciones, por la corrupción, la inseguridad, la impunidad, con una economía sujeta al viejo esquema primario exportador, que afianza la tendencia inevitable a la concentración de la riqueza y a la dependencia de factores externos.
“Cambio o continuismo”, Constitución fujimorista o nueva Constitución democrática”, “vieja república incapaz de dar solución a los grandes problemas del país o nueva república de cara a las exigencias del siglo XXI, tal el conflicto que espera solución y definición de los actores. Ésta, pensamos, será la polarización que se abrirá paso en el período.
Una tarea de esa dimensión exige la convicción y el compromiso de trabajar, honesta, paciente y coherentemente, por la gran unidad de las izquierdas, el movimiento popular y el progresismo, indispensable para hacer posible ese gran cambio. Es decir, una unidad que tiene como objetivo hacer realidad un proyecto de país que interesa a la gran mayoría de peruanos, que no se agota en las urgencias de la coyuntura, en la distribución de candidaturas, en la desconfianza por el temor a perder espacios de “control” precarios. Necesita una izquierda, un movimiento popular y fuerzas progresistas que se agrupen pensando en el destino del Perú y en la inmensa mayoría de peruanos, en la enormidad de la responsabilidad que cargan sobre sus espaldas, en el convencimiento de estar preparados para gobernar con sabiduría, amplitud de miras, solvencia moral, en suma, con capacidad de gobernanza.
La pequeña política del acomodo fácil, de la prédica demagógica, de la promesa que no se cumplirá, del sectarismo estéril, del transfuguismo que solo se puede entender allí donde se ha degradado, no es propia de una izquierda que propone renovar la política y transformar la sociedad. Los comunistas no debemos olvidar nunca el magisterio intelectual y moral de Mariátegui, su convencimiento de que “la política se ennoblece, se dignifica, se eleva cuando es revolucionaria”, única posibilidad de recuperar la confianza y el entusiasmo del pueblo, en especial de las nuevas generaciones, en la izquierda, en el socialismo, en la promesa de cambios de verdad.
Estimados camaradas y amigos:
Salimos de una crisis política que enfrentó a la mayoría del Congreso con el Ejecutivo. Sabemos los intereses que están detrás, la marca de corrupción, los afanes de poder al servicio de cúpulas que esperaban perpetuarse más allá de 2021. Crisis que se ha resuelto, temporal y parcialmente, con la disolución del Congreso y la convocatoria a elecciones para enero próximo. Pero los problemas de fondo permanecen y permanecerán mientras sus causas no sean resueltas.
Pero lo que está en crisis no es sólo el modelo de economía, es también la crisis de la ideología neoliberal que se instaura a partir de 1991, que consagra la Constitución fujimorista de 1993 con un Estado mínimo y el mercado que lo domina todo. Aquí radica la fuente de la crisis de régimen, la crisis que envuelve a las instituciones del Estado, la extensión de la corrupción y la impunidad, la degradación de la democracia, la virtual desaparición de los partidos políticos con soporte ideológico, programático y organizativo, la descomposición de valores que hacen viable el funcionamiento de la sociedad. A partir de entonces se instaura el transfuguismo, la política se hace negocio, igual que la educación, la salud, el seguro social. Vale la pena recordar a la señora Margaret Thatcher, cuando sintetizó su visión del capitalismo: “El Estado es el problema, no el mercado”. El resultado es lo que tenemos.
Bien mirada la situación del país, la tendencia a la crisis continúa, con riesgo a agravarse si la economía sigue a la baja como es la situación actual. Basta mirar los ejemplos de Argentina y Ecuador, cuyos gobiernos se mueven en la órbita neoliberal. El Bicentenario pudo ser un momento de reordenamiento, pero no lo será si la derecha sigue manejando las riendas del poder y la economía. Lo que se muestra cada vez más claro son los signos de la polarización entre quienes sostienen la Constitución fujimorista, por un lado, y quienes apuestan por un cambio de rumbo.
La construcción de esta correlación de fuerzas es lo que está en marcha. La derecha más conservadora apuesta por la continuidad. De allí su campaña anticomunista que la lleva al absurdo de calificar al presidente Vizcarra como una “dictadura Castro-Chavista”; y a la izquierda y al movimiento popular, de terrorista. Esta derecha no está dispuesta a tolerar una república de verdad democrática, soberana, con justicia social, moralmente regenerada, capaz de romper con la vieja herencia primario-exportadora, defensora del medio ambiente.
No hay que perder de vista que la política, en última instancia, tiene que ver con la correlación de fuerzas. Construir esta correlación favorable al cambio de rumbo que necesita el Perú, en los ámbitos de la política, de las ideas, del movimiento social, sindical, cultural, étnico, de género, juvenil, es una tarea de primer orden, donde el aspecto electoral es un factor importante, pero no único.
La desregulación laboral, parte importante del proyecto neoliberal, busca, además de precarizar y sobrexplotar el trabajo, desarticular las organizaciones de los trabajadores. Lo han logrado en parte. La recuperación, organización y cualificación de los sindicatos en torno de la CGTP, es una tarea que nos concierne a todos los que provenimos del mundo del trabajo urbano y rural. El resurgimiento de la Asamblea de los Pueblos es de fundamental importancia por su amplitud y representatividad, pues congrega a organizaciones sindicales, populares, étnicas, juveniles, barriales, políticas, culturales, profesionales, indispensable en la construcción de una alternativa de cambios en la sociedad. No se debe perder de vista la experiencia de la Asamblea Popular que en los ochentas del siglo pasado representó una posibilidad de incorporación de las masas, más allá de los partidos políticos, a la discusión de los grandes temas nacionales. Lamentablemente, una visión estrecha de parte de las conducciones políticas y sindicales de entonces, que no entendieron sus potencialidades democráticas y patrióticas, su amplitud que desbordaba el marco sindical, impidió que fructificara y facilitaron su autodestrucción. Que esta vez la Asamblea de los Pueblos no corra la misma suerte.
Camaradas:
Culminado el IX Congreso, tomadas las decisiones, toca esforzarnos para llevarlas a la práctica con firmeza, iniciativa y coraje comunistas. El Congreso es la expresión más alta de la democracia partidaria, de su unidad, pero también el punto de apoyo para garantizar su ejecución centralizada, ordenada, disciplinada.
Tenemos decidido, en el ámbito ideológico, la superación resuelta de la influencia del espontaneismo y, con él, de sus secuelas que hacen mucho daño al Partido. Recuperar, con firmeza, la línea de masas en confrontación con estilos de trabajo burocrático y sectario. En el terreno político, debemos persistir en la estrategia del Nuevo Curso, siempre abierto a los cambios que las condiciones concretas de la lucha obliguen. En lo concerniente al trabajo de dirección, desplegar una batalla firme para desterrar el formalismo que divorcia las decisiones de su correspondiente ejecución.
El Partido es una organización que existe para la lucha política por el gobierno y el Poder, que no acaba en las tareas de hoy, que nunca debe perder su horizonte socialista. Hacer política franca y abierta de cara a las masas populares, en especial de los trabajadores, es una condición de su existencia. Sabemos que los representantes de la derecha buscarán siempre y por todos los medios, paralizarnos, neutralizarnos, incluso aislarnos de las masas recurriendo a la calumnia y otros mecanismos a su alcance. Nuestra respuesta es una: afirmar nuestra identidad, defender y difundir nuestros ideales y programa, fortalecer siempre nuestra relación con las masas, robustecer la organización del Partido donde quiera que nos encontremos incrementando el número de sus militantes, requisito obligado para hacer realidad el partido revolucionario de masas que nos hemos propuesto.
De allí la importancia de construir una columna de cuadros políticos, intelectuales, de masas. Es correcta la afirmación de que una vez decidida la política y la táctica del Partido, los cuadros lo deciden todo. Comunistas con sólidos principios y estilos de trabajo correctos, al servicio del proyecto histórico y del pueblo peruano, que se esmeran por ser siempre mejores, más elevados en sus ideales, expertos en la lucha, capaces en sus esferas de trabaja, eficientes en la realización de las tareas; cuadros que se preparan para construir, dirigir, gobernar y hacerlo bien, honestamente, siguiendo el ejemplo de José Carlos Mariátegui.
Para concluir, permítanme la lectura del párrafo final del Informe Político al IX Congreso, que sintetiza baste bien nuestro compromiso militante:
“Camaradas, debemos darnos cuenta que éste es un congreso que debe significar un parteaguas en el devenir histórico del Partido. Recogiendo lo mejor de nuestra trayectoria y del ejemplo medular del Amauta, pero teniendo también el coraje de reflexionar sobre nuestras limitaciones y errores y ser capaces de corregirlos, asumamos con optimismo los retos que se nos abren por delante. No es fácil renovarse y actualizarse de acuerdo con los tiempos. A la par que oportunidades tenemos también riesgos que enfrentar. Coyunturas como ésta, de tensión, de retos que no podemos eludir, de oportunidades favorables, son la mejor invitación para avanzar. El agua estancada se descompone; el agua que discurre superando obstáculos se mantiene fresco, se oxigena, genera vida. La teoría que nos alimenta es correcta. El ideal que nos invita a la lucha heroica, es justo. El socialismo es una bandera que flameara con más fuerza con los años que vienen. El capitalismo senil es poco lo que puede ofrecer a la humanidad, excepto su descomposición, el espectáculo de cómo la riqueza creada por el trabajo se concentra en pocas manos mientras la pobreza se extiende, la amenaza de guerra está latente y el cambio climático y la destrucción del hábitat natural amenaza la destrucción de nuestra especie”.

¡VIVA EL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ-PATRIA ROJA!
¡VIVA EL PUEBLO Y LA IZQUIERDA UNIDOS!
¡VIVA EL SOCIALISMO!
¡VIVA EL PERÚ!

Lima, octubre de 2019

Comité Central