MENSAJE DEL COMITÉ CENTRAL POR EL 89 ANIVERSARIO

Compañeras/ros, camaradas todos:

Celebramos, este 7 de octubre, el 89 aniversario de la fundación del Partido de los comunistas peruanos por el insigne intelectual y revolucionario José Carlos Mariátegui.

Somos un partido político surgido del seno de los trabajadores al servicio del pueblo y la patria. Un partido político que desde sus orígenes declaró su filiación socialista como alternativa y superación del capitalismo.

Ésta sigue siendo una batalla inconclusa. La Revolución de Octubre, dirigida por Lenin, abrió el camino al socialismo. Fue un hecho histórico cuyo centenario celebramos este año. La Unión Soviética, el primer país multinacional dirigido por los trabajadores,  alcanzó éxitos importantes en todos los frentes: en la economía, la cultura, la educación, la ciencia. Su victoria sobre el fascismo a costa de enormes sacrificios, fue una demostración de ello. Pero también incubó errores que más tarde lo llevaron a su destrucción. El colapso de la Unión Soviética y los países de Europa Oriental a fines de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado,  significó una crisis en el socialismo y un retroceso inmenso de la causa revolucionaria a escala planetaria.

Se habló entonces del “fin de la historia” y del “fin de las ideologías”. El imperio norteamericano imaginó que su hegemonía, en un mundo globalizado y organizado en torno del patrón neoliberal y el “pensamiento único”, perduraría sin amenazas a lo largo del siglo XXI, dando paso a un proceso de reaccionarización mundial.  Apenas un cuarto de siglo después, el panorama es otro: ha ingresado en una etapa de decadencia, al igual que Europa, lo que explica el resurgimiento de corrientes chovinistas y autoritarias, incluso fascistas. No ofrece un mundo justo y equitativo, de paz, independencia, desarrollo, progreso social,  de sana convivencia con la naturaleza, sino de guerra, intervencionismo, exclusión, concentración de la riqueza, de pobreza y uniformización cultural. La crisis del Medio Oriente, las amenazas a Venezuela y la RPDC, son ejemplos suficientes al respecto.

El socialismo como alternativa al capitalismo sigue siendo la gran bandera de la humanidad progresista. Pero, como pensaba Mariátegui, debe ser “creación heroica”, responder a las condiciones concretas de cada país, adecuarse a los tiempos y los cambios, colocando en el centro al ser humano y su relación armoniosa con la naturaleza.

De aquí la importancia estratégica de contar con partidos comunistas a la altura de este reto, capaces de renovarse siempre sin abandonar sus principios ni perder el filo de su rumbo socialista. Que el camino a seguir será complejo, prolongado, lleno de obstáculos, con derrotas de por medio, es inevitable. Nada nuevo se construye sin riesgo, sino a costa de esfuerzo y persistencia, sentido de la realidad, capacidad de fundirse si se quiere con el pueblo,  disposición para aprovechar las oportunidades, audacia y más audacia.

En nuestro caso hemos de reconocer fallas que explican dificultades y reveses en los últimos tiempos. No crecemos a la velocidad que debiéramos. La calidad de los cuadros no corresponde a las exigencias de la lucha política, ideológica  y social. Se ha debilitado la relación del Partido con los trabajadores y con el pueblo en general. Necesitamos hacer más política y lucha de ideas de cara a la sociedad rompiendo el muro anticomunista construido por la derecha.  Requerimos trabajar con más fuerza en la vertebración de la gran unidad para el gran cambio que el país demanda. En suma: afirmar  su identidad como partido revolucionario con la mente abierta, disputar la hegemonía política, ideológica, cultural y moral,  avanzar de acuerdo con los tiempos,  entender las dificultades como una oportunidad para dar un salto adelante,  preservar   el  estilo de trabajo arduo y lucha dura que no se amilana ante ningún problema por difícil que parezca.

No olvidemos que experiencias electorales exitosas muchas veces han terminado en frustración, o representaciones sociales y sindicales obstruyeron el desarrollo del Partido y la elevación de la conciencia socialista de los trabajadores.

 Los últimos meses fueron difíciles para el Partido. Hablando positivamente, ha permitido unir más a la militancia, templar su espíritu de partido, mirar de frente sus virtudes pero también sus deficiencias y errores. Asimismo, muchos camaradas que habían pasado a la pasividad retornaron para colocarse en la línea de fuego. Ha fortalecido la convicción en la justeza de la política de reordenamiento  y de lucha franca para superar errores de burocratismo o sectarismo, para entender mejor la relación entre la lucha política y sindical, el trabajo de masas y la construcción del Partido, entre las tareas de hoy y los objetivos de largo plazo.

Nuestro reconocimiento a los camaradas del Partido que a lo largo y ancho del país han ratificado su temple y  convicciones socialistas, su  determinación de defender al Partido y sus banderas frente al ataque  grosero y cínico que, desde la derecha fujimorista y el aventurerismo senderista, aliados impúdicamente, han lanzado contra el Partido, contra el sindicato de maestros y su institución previsional, recurriendo a métodos sucios propios del lumpen político.

Nuestro reconocimiento también a los amigos que nos han expresado su preocupación y solidaridad.

Estimados camaradas y amigos:

Asistimos a una paradoja: la crisis del estado neoliberal y la incompetencia del modelo económico dominante pero, al mismo tiempo, al reforzamiento de sus instrumentos legales, ideológicos, mediáticos  económicos, sólo explicable por la ausencia de una alternativa y oposición de izquierda y popular unificada y organizada, con capacidad de iniciativa y acción. La fortaleza de la derecha viene a ser la debilidad de la izquierda y el movimiento popular fragmentados.

La crisis política reciente que significó la censura  del gabinete Zavala para dar paso al gabinete Aráoz, con cambios conversados para que todo siga igual, no modifica el cuadro de conjunto, sólo atenúa temporalmente las tensiones. El clima político está marcado por los efectos de la corrupción que compromete a todos los presidentes electos en lo que va del siglo XXI, incluyendo a una aspirante a palacio de gobierno,  hecho absolutamente inusual, demostrativo de la gravedad de la crisis moral que sacude el país.

Si sumamos la crisis del Estado y sus instituciones, una economía atada a los recursos primarios, una sociedad anarquizada y sin rumbo, la precariedad de los partidos políticos, la fragilidad de la democracia en cuyas virtudes confían menos del 20 por ciento de los ciudadanos y ciudadanas, entonces el panorama se complica. Ya no son suficiente políticas parciales, medidas de emergencia o mejor distribución presupuestal.

Este es el problema de fondo: la república que nació con la independencia, pese a contar con 12 constituciones,  no ha llevado a cabo la misión que le correspondía: dar término al patrón de dominación y mentalidad  coloniales, a la exclusión de la población indígena y afrodescendiente, a la concentración de la propiedad de la tierra a expensas de las comunidades campesinas, al centralismo. El Estado cargó y sigue cargando con los lastres del pasado, y la democracia liberal, intermitente y restringida, doblegada por dictaduras militares o los poderes de facto, ahora subsidiario del mercado, nunca pudieron cumplir su misión ordenadora de un proyecto de país. Domina el presentismo, la mirada corta subordinada a intereses de oligarquías conservadoras e intereses del capital  transnacional.  Hay que recordar que el proyecto neoliberal y secuelas no nació aquí; nos lo impusieron.

Los hechos  nos convencen de la necesidad de un cambio de rumbo en la propuesta y en la estrategia de la izquierda peruana. Su ausencia, resultado de una visión restringida de sus tareas, le impide romper los muros que le impone el sistema y que la lleva, más allá de los buenos deseos, a moverse dentro de los límites del proyecto neoliberal.  Una izquierda que se contenta con ser oposición en lugar de afirmarse y proyectarse como una alternativa de cambio democrático, patriótico y popular, no tendrá otro destino que ese.

De esta consideración parte nuestra propuesta del Nuevo Curso. Es decir, de la necesidad de refundar la república en torno de un proyecto de país independiente y soberano, de un estado moderno, democrático y dirigente, de una economía que potencie los recursos internos y se abra al  mundo desde su realidad, que dé término al centralismo económico, dé paso a una democracia con participación activa de la población, deje atrás la herencia primario exportadora, priorice la educación y la salud, la ciencia, la tecnología y la investigación, termine con el ciclo de la corrupción, el narcotráfico y la inseguridad que amenazan destruir el país.

Torna indispensable, además, pensar una nueva constitución que refunde el país y un gobierno de ancha base social. Sin una gran unidad comprometida con el proyecto, éste será inviable. Por eso duele una izquierda y un movimiento popular que se ahoga en sus contradicciones menudas, que pierde de vista el horizonte y el adversario principal a enfrentar, que prefiere la política de aldea a la gran política que exige sumar todas las fuerzas capaces de hacer realidad la nueva república del siglo XXI.

Debemos admitir que no hemos hecho lo suficiente en la tarea de unir el amplio espectro de izquierda, popular y progresista.  Entender que cambiar el rumbo de un país es una responsabilidad enorme que obliga a poner en movimiento fuerzas hoy pasivas o adormecidas o fragmentadas, a discernir los cambios y los nuevos escenarios, a encontrar respuestas y capacidades para hacer realidad las promesas de un Perú renovado, con desarrollo sostenible y regeneración moral.

Más allá de diferencias, prejuicios, temores, es nuestra obligación abordarla con franqueza. Es la única manera de atraer la confianza y el respaldo de amplios sectores del pueblo peruano que se sienten defraudados de la política pero también del proyecto neoliberal, que buscan o esperan un cambio de rumbo que les garantice un futuro mejor.

La realidad nos confirma que esta tarea exige contar con partidos bien organizados,  con claridad de sus objetivos estratégicos y su manejo táctico, insertados en la población, con influencia real en ellas. En nuestro caso, es el reto que tenemos por delante. Para ello debemos reordenar nuestras filas, fortalecer nuestros organismos internos, atrevernos a hacer política de cara a la gente, promover liderazgos en todos los espacios, forjar  nuevos contingentes de cuadros provenientes de los trabajadores, de la intelectualidad, de la juventud, de las mujeres y las comunidades étnicas.

En esa perspectiva venimos haciendo los preparativos para la realización del IX Congreso del Partido, que se llevará a cabo en abril próximo. Un congreso que valore críticamente lo actuado, señale las deficiencias o errores para tomar conciencia y corregirlos, también los aciertos para mejorarlos. Un Congreso que fije las tareas y la táctica a seguir, reforme el Estatuto del Partido y elija un órgano de dirección que incorpore un contingente importante de nuevos dirigentes. La renovación es una tarea necesaria que el partido debe abordar con seriedad y firmeza.

Acaba de concluir el IV Congreso de la Juventud Comunista del Perú-Patria Roja. Fue un congreso importante por las decisiones que ha tomado, por la participación entusiasta de una juventud proveniente de 21 regiones del país, por la incorporación de un contingente de nuevos militantes. Importante, además, porque se llevó a cabo en un momento de enorme tensión y de ofensiva despiadada contra el Partido.

Las potencialidades para el crecimiento de la Juventud Comunista y para el incremento de su influencia en las masas juveniles, en especial estudiantil, son grandes. La despolitización, el culto individualista, la ausencia de un mito o proyecto que la motive y convoque su entusiasmo, está dando paso a un nuevo escenario: su interés y creciente compromiso con el cambio de rumbo del país. Les indigna una realidad que los margina, que no les garantiza seguridad ni trabajo, que los condena a la incertidumbre. Corresponde al Partido respaldar la organización de la JC, entender sus singularidades y propiciar su formación como líderes de una nueva generación, fortalecer su espíritu partidista y socialista, desarrollar sus capacidades intelectuales y  morales. En suma, una juventud comunista con elevados ideales capaz de vencer el cerco ideológico, cultural y político del capitalismo.

Queremos saludar de manera especial las relaciones que nos une con el partido hermano, el Partido Comunista Peruano. Provenimos de una matriz común. Tenemos un sostén teórico común. Aspiramos cumplir con el legado que nos dejó José Carlos Mariátegui: la realización del socialismo en el Perú. Trabajaremos para que estas relaciones se fortalezcan de continuo.

Saludamos la constitución de Juntos por el Perú, proyecto de unidad de un importante sector de la izquierda con el cual estamos comprometidos. Los pasos iniciales indican lo acertado de la decisión. Para avanzar requerimos crear un ambiente de confianza y respeto, salir a la acción política con iniciativa y audacia, desprendernos de toda expresión de sectarismo o grupismo. Los liderazgos no se ganan entre cuatro paredes, sino alcanzando el reconocimiento de la población. De nuestra parte haremos todo lo que sea necesario para fortalecer los avances logrados. No encontrarán en nosotros ningún afán hegemonista o de sacar ventaja por medios reprobables.

Apostamos, desde luego, a una unidad más amplia. Sumar el máximo de fuerzas posible en torno de un proyecto común. Nuestros adversarios están en la otra orilla. Con quienes no nos entenderemos porque nos separan fronteras muy anchas, es con el senderismo y con el oportunismo.

Estimados camaradas y amigos:

Asistimos al debilitamiento de las organizaciones sindicales, barriales, campesinas, estudiantiles, populares, los frentes de defensa. Existen razones objetivas que lo explican, también una estrategia de la derecha neoliberal deliberadamente construida para alcanzar ese objetivo. La desregulación laboral apunta en ese sentido. Un conjunto de dispositivos legales lo facilitan. Un ejemplo de ello es la llamada ley Pulpin, que fue derrotada por la acción masiva, rápida y enérgica de la juventud trabajadora, pues apuntaba contra ella. En ausencia de una fuerza sindical y popular capaz de confrontarla, se ha ido imponiendo con los resultados que conocemos. Sólo el 7% de los trabajadores se encuentran organizados en sindicatos. El movimiento estudiantil lucha por recuperarse en medio de divisiones y tensiones innecesarias. El movimiento campesino no se encuentra en mejores condiciones. Los frentes de defensa tienen presencia ocasional. En condiciones de debilitad es inevitable que la derecha gobernante vulnere con facilidad los derechos de los trabajadores y sectores populares, se precarice el trabajo, se desconozcan convenios internacionales como la negociación colectiva o se pretenda arrebatar a las rondas campesinas el derecho a la justicia comunal.

De otro lado, debemos reconocer errores o distorsiones acumulados: burocratización  de las élites dirigentes, prácticas propias del sindicalismo colaboracionista en oposición al sindicalismo de clase, comportamientos sectarios que debilitan o desconocen la naturaleza de frente único que caracteriza a los sindicatos, métodos autoritarios en lugar de la democracia sindical. Se hace necesario examinar, con espíritu crítico, la experiencia acumulada, buscar respuestas nuevas, métodos renovados ajustados a la realidad de hoy, recuperar la tradición de organización y lucha, el espíritu de clase de los trabajadores. Tampoco se debe desconocer el debilitamiento de los partidos comprometidos directamente con las organizaciones sindicales y populares, cuya labor e influencia siempre fue fundamental.

Las luchas parciales con ser necesarias son insuficientes. Se requiere contar, en cada caso,  con la mayor unidad posible. En política, también en el movimiento popular y laboral, es fundamental contar con  posiciones de fuerza. La correlación de fuerzas que se construya será decisiva  para el éxito o la derrota. Esto es especialmente importante en la lucha por la reforma laboral y la Ley General de Trabajo, pendientes de aprobación hace mucho tiempo.

Un aspecto fundamental descuidado por el Partido y la izquierda es el que tiene que ver con la lucha en el ámbito de las ideas.  No hay que olvidar que “las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de las clases dominantes” (Marx). Debemos reconocer que en este aspecto la hegemonía del capital y el neoliberalismo es abrumadora, lo que explica que sectores que se consideran de izquierda, ideológicamente se muevan en el terreno opuesto y asuman como moderno y renovador el postmodernismo, el postmarxismo o la llamada postverdad.

El descrédito de las ideas de izquierda y el socialismo no es producto de la casualidad. Tiene que ver, desde luego, con el aprovechamiento de errores o deformaciones como es el caso del senderismo, también con la poca atención de nuestra parte. Pero sobre todo con una ofensiva mundial y nacional, en toda la línea, desde los medios de comunicación, el aparato del Estado, la escuela, los medios culturales, la manipulación del deporte. No hay que perder de vista que quien gana la batalla de ideas tiene a su favor la victoria política y en el ámbito social y cultural.

El Bicentenario de la república que celebraremos el 2021, puede ser un momento clave. Bien se afianza la vieja república, con todas las consecuencias conocidas, o se abre paso su refundación en torno de un proyecto de país y una nueva carta constitucional. O el viento sigue batiendo a favor de la derecha, o agita un viento nuevo hacia la izquierda y el progresismo. Cambio o continuismo: no hay otra alternativa. El centro político es una ilusión. En  nuestra opinión: éste debe ser el eje del debate si tenemos a la vista una izquierda con vocación alternativa, una izquierda con voluntad de renovación y acción política, moral y cultural.

Queremos aprovechar la oportunidad para expresar nuestra solidaridad con Cuba Socialista y su gobierno frente a la política anticubana del gobierno de Trump y la continuación del bloqueo económico del imperio norteamericano.

Nuestra solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela y su gobierno en la defensa de su soberanía y por el diálogo constructivo para la paz.

Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo y el gobierno de la República Popular Democrática de Corea, amenazada de intervención militar por EE.UU.

¡Viva el 89 Aniversario de la fundación del Partido de Mariátegui!

¡Viva el Partido Comunista del Perú- Patria Roja!

¡Viva la unidad de las izquierdas y el movimiento popular!

Lima, 07 de octubre de 2017.