Autor: Mario Tejada T.

I

93 años han transcurrido de la fundación del Partido Comunista por Mariátegui, y en este largo lapso la obra de nuestro Amauta ha roto las fronteras no solamente de nuestro país, también la de nuestro continente siendo admirada e investigada por científicos sociales y políticos del mundo occidental e inclusive del oriente. Ello, no solamente por marxistas, también por investigadores y pensadores de otras corrientes del mundo intelectual y laboral; llegando a ser reconocido como el mayor exponente del marxismo del continente americano.

Investigadores y estudiosos de su obra han podido destacar mediante serias y profundas investigaciones la variedad de temas que abordó no solamente enfocados en la realidad política y social, también lo relacionado con la cultura y el arte. Principalmente en este último, lo cual lo ha hecho merecedor de ser calificado como un acucioso espectador y crítico de las actividades artísticas que sucedían a nivel mundial, de América y del Perú.

Si algo nos enseña el Amauta, es que un izquierdista, un marxista y un marxista leninista para ser fiel a su pensamiento y acción debe seguir más que sus escritos, sería su actitud, su posición y su práctica para abordar la realidad y transformarla.

Lamentablemente, desde su muerte hasta la actualidad, en nuestro país los que nos denominamos sus seguidores y también admiradores no hemos practicado su ejemplo, y nos hemos diluido en la política sectaria y coyuntural que nuestro Amauta no practico. Su amplitud para convivir y establecer relaciones con los que no tenían la misma visión de la realidad que él, su capacidad para conversar y extraer información de diferentes de personas y personalidades de diversas clases sociales para luego convertirlas en conocimientos, queda reflejada en las páginas que labró y en su correspondencia publicada.

Extirpar el sectarismo expresado en nuestro canibalismo político, aborda la realidad peruana y mundial en todos los segmentos de la realidad a nivel peruano, de América y mundial, particularmente en el ámbito de la cultura y el arte contemporáneo, es una de las grandes tareas que debemos abordar y practicar si queremos transformar nuestro querido Perú en una República habitada por ciudadanos.

II

El ningunear el arte y la cultura ha sido y es parte del accionar político diario de la izquierda. Los pocos esfuerzos que se han realizado no han sido suficientes para asegurar que estamos en camino de poder conseguirlo. Una de las raíces que explican este hecho es la influencia de las clases dominantes en nuestro espacio político. A la derecha no le ha interesado ni le interesará impulsar una política cultural sólida desde el Estado, y cuando se ha realizado, ha durado pocos años.

En el siglo pasado fue durante el gobierno militar de Velazco Alvarado que se logró implementar acciones que sacaron de la anomia las actividades culturales del Estado. En este período inclusive se produjo un importante documento de política cultural denominado Bases para la política cultural de la Revolución Peruana en el año 1975. Décadas después, en julio del 2020 siendo Ministro Alejandro Neyra se aprobó la Política Nacional de Cultura que deberá tener una duración de 10 años el cual todavía no se logra poner en práctica. Estos son los 2 documentos importantes que se han producido en los 200 años de nuestra vida semi republicana.

Hoy, la izquierda está en el gobierno, y en relación a la cultura nos encontramos en igual situación que un gobierno de derecha. Y sin exageración, se podría asegurar que el anterior Ministro, recientemente cesado, señor Ciro Gálvez, ha sido el más inepto que hemos tenido en lo que va de este siglo.

Ello no es casualidad. Es producto de la concepción de la política cultural que tiene el partido Perú Libre. En su Ideario y Programa, que según sus propias palabras constituye su pensamiento ideológico, político y programático se señala que necesitamos de una teoría propia para que el Partido la practique convencido de su misión histórica. En este documento, el Capítulo IX titulado Cultura y Turismo, todo su desarrollo está dedicado al turismo no existiendo párrafos donde se aborde la problemática cultural. Ello, pues, explica la propuesta que realizó el ex Ministro cuando señaló enfáticamente que el turismo debería pasar al Ministerio de Cultura. La cual, por descabellada, fue rechazada y utilizada por la derecha y se quedó huérfana de apoyo en las esferas de la izquierda.

Luego de su cese, el Ministro publicó un documento sobre su accionar en el Ministerio el cual, demostrada su casi nulo conocimiento de la naturaleza de una política cultural para nuestro país, similar al documento que lo orientaba. Su labor se redujo a visitar las diferentes sedes del Ministerio para su evaluación, de lo cual se tiene conocimiento hace décadas, en otras palabras, de su mediocre o casi nulo accionar, e igualmente realizar reuniones de interculturalidad sin explicar sus objetivos.

Ahora se ha hecho cargo de este importante Ministerio la Sra. Gisela Ortiz. Esperemos que su labor en primer lugar comience por poner en práctica lo que existe, que es la Política Nacional de Cultura para luego pueda ser perfeccionada o reemplazada para una mejor, que tenga como base conceptual la anti colonialidad. Ello, nos permitirá superar el imperialismo cultural que padecemos desde que fuimos invadidos y saqueados con la llegada de Colón.

Lo expuesto es un objetivo que no debe ser dejado de lado: Luchar por una República soberana e independiente que tenga como base una política cultural anti colonial. Por ello es preocupante que la izquierda no se haya manifestado en su conjunto contra la ofensiva colonialista manifestada por la derecha y ultra derecha española ofendiendo a nuestro continente, la cual ha sido apoyada por nuestra derecha y varios intelectuales de nuestro país con artículos de apoyo abierto o solapados. Salir de este arrinconamiento es necesario y posible. Pero no será realizable si Mariátegui sigue siendo todavía un retrato, un dibujo o una pintura.