Confinamiento y oportunidad

Por: Tania Chirinos

El confinamiento nos permite reflexionar sobre el significado de la vida misma que, en el caso peruano, se torna muy difícil debido a las falencias evidenciadas crudamente con la pandemia, en donde el dolor humano se impone.

Esta experiencia podría convertirse en oportunidad de tomar consciencia sobre la necesidad de replantear temas como el rol de las redes sociales en la lucha de ideas y abordar el cómo garantizar los derechos fundamentales de las personas, particularmente, los referidos a la educación, la salud, trabajo, acceso a internet, entre otros. Lo cual implicaría una economía que priorice la vida, la atención a los sectores más vulnerables, promueva el desarrollo nacional y asuma un proyecto de país en beneficio de los peruanos.

De una u otra manera, los peruanos vamos tomando conocimiento de nuestras particularidades, como el constatar el valor de cuidar a los niños, a los adultos mayores y a nuestros familiares que padecen enfermedades, a reflexionar sobre el compartir las labores en la casa, la violencia de género y la necesidad de incentivar la solidaridad desde el pueblo ante la indiferencia o el sálvese quien pueda.

Afrontar a la Covid-19 es un escenario que visibiliza la importancia de trabajos elementales considerados de último rango, por ejemplo, el de limpieza pública realizada en condiciones de precariedad y exposición al contagio.

Brecha digital

Desde nuestras casas nos vemos forzados a conocer que somos un país con más de 8 millones de hogares, de los cuales solo el 28% (menos de la tercera parte) tiene servicio de internet en sus domicilios, afectando a niños y jóvenes en sus estudios, sobre todo de las zonas más alejadas y siempre olvidadas.

Lo cierto es que la conectividad digital es imprescindible en el futuro próximo y nadie debe ser dejado de lado, por lo que es crucial que se tomen las medidas necesarias para que el acceso de internet sea universal y acompañado de viviendas dignas, así como de programas o campañas de alfabetización digital para padres y adultos, también tarifas sociales para adquirir computadoras y con conexión de calidad.

Contenidos tendenciosos

Otro tema peculiar lo constituyen las razones por las que no accedemos al sistema financiero y eso está directamente relacionado a nuestra situación económica, tal y como lo demuestra un estudio realizado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), en el que llegan a la conclusión que el 60% de compatriotas no cuenta con suficientes ingresos como para pensar en ello; casi un 30% no está interesado en tener cuentas bancarias y otro tanto desconfía del sistema financiero. La pregunta es ¿qué posibilidades de ahorro o proyecciones económicas individuales familiares se puede tener si el 75% de trabajadores peruanos se encuentran en situación vulnerable en la cuarentena? Vale decir, no goza de beneficios ni derechos laborales por estar sumidos, debido a la necesidad, en la informalidad. (Véase gráfico)

Llama la atención que, justamente, cuando desde el campo popular se propone impuesto a la riqueza o que las empresas deudoras al Estado cumplan con abonar lo que corresponde, se desplieguen encuestas cuyos resultados concluyan que un sector minoritario considere necesario crear más impuestos y la mayoría (78%) crean que el problema es el uso eficiente de los recursos del Estado. Es decir, un sector abrumador de nuestros compatriotas opina que es un asunto de gestión estatal. Habría que indagar por qué las encuestadoras no formulan la pregunta si los peruanos estamos de acuerdo o no con el impuesto a la riqueza.

Lucha de ideas en redes

La pandemia es una situación compleja en donde la capacidad de decisión de las personas está directamente vinculada a la información que se maneje. En el Perú, existe monopolio mediático, lo cual hace previsible que el manejo de los contenidos periodísticos y de las propias encuestas, seguirá siendo tendencioso para ocultar la razón de ser de los problemas estructurales que nos aquejan. Por ello, es importante desarrollar lucha de ideas con argumentación adecuada frente a noticias creadas y deliberadamente falsas o medias verdades difundidas subliminalmente apelando a las emociones a través de sus fabricados “líderes de opinión”.

La batalla en las redes debe ser permanente, en especial desde las organizaciones del pueblo que apostamos por el cambio y ser alternativa. Urge desarrollar labor fiscalizadora a los políticos y poderosos que hacen gala de su control mediático, por el cual aseguran que sus opiniones y la de sus voceros, sean las únicas que circulen, o mejor dicho inunden, para defender sus intereses monopólicos y de las transnacionales. Es conocido, además, que tienen mayor poder que los gobernantes de turno y están relacionados a redes de corrupción.

Es importante entender que al estar recluidos en nuestros hogares, aun con las restricciones que padecemos, nos da oportunidad de participar, ampliar, cualificar y/o construir redes que fomenten niveles de organización colectiva, pensando en contenidos dirigidos al pueblo, con mensajes entendibles y creíbles, promoviendo y reafirmando voceros/as, perfilándolos como líderes confiables, capaces de formular propuestas y alternativas realizables que conlleven a cambios más amplios y profundos con la participación consciente y organizada de millones de peruanos y peruanas.