LOS PROBLEMAS DEL PERÚ Y LOS RETOS DE LA IZQUIERDA

Por: Manuel Guerra

La singularidad más importante del escenario político por el que atraviesa el Perú en el presente es la convergencia de los factores que determinan la estrategia y la táctica, lo general con lo particular, lo estructural con lo coyuntural. Se trata de la configuración de un momento en el que se abre la oportunidad de que el desenlace de la coyuntura puede llevar a una ruptura histórica favorable a los intereses nacionales, a la profundización de la democracia, a la asunción de un proyecto nacional que garantice el desarrollo en función del bienestar de las mayorías.

Es patente que la crisis actual que afecta al Estado, el régimen político y la sociedad, y que tiene como uno de sus principales componentes a la profunda descomposición moral, está lejos de ser resuelta. El enfrentamiento Ejecutivo-Parlamento, las tensiones al interior del Ministerio Público y el Poder Judicial, el desfile de connotados personajes por el banquillo de los acusados, no son más que los efectos visibles del soterrado deterioro que corroe el andamiaje levantado por las clases dominantes en lo que va de la república y que la aplicación del modelo neoliberal no ha hecho más que agudizar.

Todo esto en un contexto internacional en el que se están produciendo cambios dramáticos, agudización de las contradicciones entre las grandes potencias y de la lucha de clases a nivel global, escenario en el que América Latina y El Caribe viene sufriendo una ofensiva conservadora, ultra reaccionaria, capitaneada por el imperio norteamericano. El asesinato sistemático de dirigentes populares, particularmente de líderes defensores del medio ambiente, las derrotas electorales que han acusado los gobiernos progresistas y de izquierda, como el caso de Ecuador, Argentina y Brasil, la ofensiva contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia; así como la reciente victoria de López Obrador en México y la acción de los movimientos populares al interior de los países, nos muestran una región en convulsión y disputa, situación que se irá agudizando en los próximos años.

El Perú no es ajeno a esta vorágine; su economía está anclada al mercado mundial en condiciones de subordinación, confinada al papel de exportadora de materias primas y receptora de mercancías, capitales y empresas de servicios que saquean los recursos naturales y empobrecen a la gente incentivando el consumo desmedido, el crédito usurero, la privatización de la salud y educación, precarizando el empleo y quitándole los derechos a los trabajadores. Para mantener esta situación accionan operadores políticos, medios de comunicación, aparatos represivos, funcionarios apátridas que controlan el Ministerio de Economía, el BCR, el sistema educativo; también la acción perseverante de cofradías religiosas encargadas de preservar el pensamiento conservador.

La crisis que vive el país y el desprestigio, producto de la corrupción, de los principales exponentes de la derecha neoliberal, como hemos dicho, representa una oportunidad extraordinaria para abrir un nuevo rumbo a nuestra patria. Pero posibilidad no significa realidad. Esta ruptura histórica necesita la confluencia de amplios sectores políticos, sociales y culturales que actúen en consecuencia. Construir este sujeto histórico representa el principal reto para la izquierda y el progresismo y para ello es imprescindible la amplitud de miras de sus dirigentes, su capacidad para ver y actuar más allá de lo contingente.

Lo peor que puede ocurrir es que nuevamente se impongan los manejos de pequeños caudillos acostumbrados al recurso fácil del radicalismo verbal; los apetitos electorales que colocan los cupos a las candidaturas como parteaguas de la unidad, los intereses mezquinos adictos a la maniobra y el cálculo ventajista. Si la izquierda quiere ser protagonista de los grandes cambios que el Perú demanda debe ser portadora de una nueva cultura política que sintonice con esos objetivos.

No lo logrará si no se atreve a cambiar, a dejar de lado los lastres que se han ido acumulando a lo largo de los años, a llevar a cabo una renovación integral, que incluya superar el rol oposicionista, los métodos y estilos obsoletos, la forma de comunicarse y organizarse, el recambio generacional. Se anuncia una Cumbre de la izquierda y el progresismo para el mes de enero en la ciudad de Huancayo con el propósito de construir un referente unitario hacia el 2021. Esperemos que sus resultados muestren que se está actuando en consecuencia.

Caso contrario esta crisis será resuelta desde el lado de la derecha; lo más probable desde una opción autoritaria y fascista, a lo Bolsonaro.