Las izquierdas y el final de Susana Villarán

Por: Luis Gárate

Las tardías confesiones públicas de la ex alcaldesa Susana Villarán, así como los audios ventilados en los medios no han hecho más que reafirmar lo que la fiscalía ya había señalado días atrás, es decir la recepción de varios millones de dólares para la campaña contra la revocatoria y para la reelección de Villarán y su equipo más cercano.

Para analizar cómo ha llegado la ex alcaldesa a esta situación, las implicancias políticas de este hecho y el deslinde que debemos hacer desde la izquierda ponemos algunos puntos.

Ligas mayores

Una de las cosas que ocurrió con Susana y su entorno más cercano es que se dejaron llevar por la efímera embriaguez del poder. Asumieron que al haber ganado la alcaldía, tenían un trampolín no solo para la continuidad sino para apuestas mayores. Creyeron que como tenían grandes proyectos de infraestructura y obras, no solo dejarían un importante legado político sino que podrían proyectarse a una carrera presidencial.

Hay que decir que Susana y su entorno progresista, estaba compuesto sobre todo por profesionales liberales y tecnócratas, adaptados a las reglas del sistema capitalista. Consideraron que la alianza con los sectores privados era indispensable para realizar los grandes proyectos y reformas que necesitaba la ciudad, como las concesiones de grandes proyectos viales. Pero como ahora vemos no se trataba solo de un tema de obras, si no que vieron en las grandes empresas como socios y aliados estratégicos para su proyecto político que iba muy distante a lo que inicialmente fue la confluencia Fuerza Social, que agrupaba a varios partidos de izquierda.

Un problema de fondo que revela el caso Lavajato es un tema más profundo y tiene que ver con la naturaleza misma del sistema capitalista, es decir la manera en que el gran capital opera para elevar sus ganancias es justamente sometiendo al Estado a sus dictados. Esto proceso consiste en estrechar sus relaciones con los representantes políticos, que son beneficiarios de sus coimas, del “lobbysmo”, así como de otros mecanismos como las “puertas giratorias”, es decir cuando un político pasa a ser funcionario de estas empresas, y con total normalidad puede regresar luego al sector público representando los intereses privados.

Deslinde necesario

Es bueno recordar que el proyecto que llevó a Susana a la alcaldía de Lima nació como un frente de izquierdas, que fue posible por la inscripción legal de Fuerza Social, que agrupaba a movimientos y partidos como Tierra y Libertad, Movimiento Nueva Izquierda (Patria Roja), Lima para todos, entre otros. Sin embargo tuvo un proceso de deterioro debido a las diferencias internas, sobre todo que se cristalizaron en una carta donde Susana discrepaba con la alianza política que firmó su partido con otros grupos para las elecciones generales del 2011. Paulatinamente Villarán se fue distanciando de los partidos y las bases que la llevaron al sillón. La administración municipal se fue concentrando en Villarán y su entorno más cercano, hasta derivar en un proyecto de círculos personales más que de una organización o frente político.

Es innegable que a pesar de las aclaraciones y deslinde respectivos con el devenir de la ex alcaldesa y su actual situación, este problema va a afectar profundamente al imaginario colectivo sobre lo que es “la izquierda” para el entender de la ciudadanía. El tema más grave es que debido al manejo mediático del tema por parte de las clases dominantes, el sentido común dicta ahora -más que nunca- que todos los políticos son lo mismo, ya sean de derecha o izquierda, todos se han “mojado”, y todos han “recibido”. Esto puede derivar en una tendencia a la resignación y la apatía, que es todo un reto hacia las fuerzas que buscamos canalizar el sentir popular y los anhelos de cambio. Es un escenario fértil para la aparición de aventureros, que desde “fuera” de la política, como ocurre en el mundo de hoy, salgan como “salvadores independientes”.

Son varias las lecciones que nos deja este caso. Una es que el poder siempre puede ser efímero y a veces desubica a las personas que lo administran temporalmente, haciéndoles creer que son poseedores de un campo de juego casi ilimitado. El otro tema tiene que ver con la naturaleza del sistema. Si vamos a entrar a disputa con las reglas del sistema capitalista y del modelo neoliberal, – y con sus peores vicios y mañas- tenemos que tener claro sus límites y riesgos, a sabiendas que el gran capital y las mafias harán todo lo posible por impedir el avance de reformas o políticas que mellen sus ganancias y beneficien a las mayorías populares.

Los sectores de la izquierda que apostamos por refundar la política tenemos que revisar seriamente nuestro accionar, retomar nuestro camino independiente y la línea de masas, es decir trabajar de nuevo de cerca de los sectores postergados y construir proyectos alternativos, tanto a nivel de lo local y regional hacia lo nacional. Nuestra renovación y refundación no solo será un tema declarativo, sino un proceso que debemos ganar a pulso en las calles, con la gente, con nuevos liderazgos, así como en los imaginarios y lo simbólico.