Célula Especial en Salud Leoncio Amaya Tume

Parece que la batalla contra la pandemia de la COVID-19 provocada por el virus SARS-CoV-2 se está perdiendo, dejando una estela de lamentables muertes de peruanas y peruanos, siendo hasta el día 28 de mayo, según cifras del MINSA, 4,099 decesos, y una cifra de contagiados que llegan a los 141,779 lo cual nos coloca según las estadísticas diarias de la Universidad Johns Hopkins de los EUA, en el puesto 12 a nivel mundial.

Luego de haber transcurrido  74 días de la cuarentena impuesta por el Gobierno, para combatir la pandemia del mortal virus SARS-CoV-2 agente productor de la pandemia COVID-19, el Gobierno ha decretado una extensión del mismo hasta el 30 de junio,  denominada como “la nueva convivencia”, como si nuestro pueblo no tuviera una tradición de vida solidaria y saludable y una identidad cultural, en vista de no haberse alcanzado el objetivo de controlar y disminuir el número de infectados y por tanto, lograr la ansiada “meseta”, aumentando con ello la incertidumbre y la angustia del pueblo. Se ha llegado al extremo que un gran sector de la población se encuentre en la terrible disyuntiva de elegir entre combatir el hambre o el contagio.

Miles de peruanos, diariamente  salen obligados a buscar chamba de cualquier manera, pese a la cuarentena, para llevar el alimento o las medicinas a sus familias, porque son mayoritariamente informales, cuentapropistas y auxiliares, no asalariados, siendo que sus ingresos dependen de su trabajo presencial diario y también por la política antilaboral del gobierno de aplicar la denominada “suspensión perfecta” que viene a ser el despido abusivo y arbitrario de los trabajadores y además, debido a que los grupos capitalistas oligopólicos de poder que controlan la mayoría de farmacias, incrementan sus inmensas ganancias con la enfermedad y la muerte de la población, aumentando los precios de los fármacos a niveles inalcanzables para el pueblo, sin que haya un control de precios indispensable, bajo el pretexto de  que esta Constitución neoliberal del fujimorato, no lo permite. Por tal motivo, y entre muchos otros, se requiere un cambio urgente de esta Constitución hecha al gusto de los corruptos y de los “cuellos blancos”.

Diversas voces de especialistas y dentro de ellos El Colegio Médico del Perú advirtieron sobre el curso que estaba tomando la pandemia y muy pocas de sus propuestas fueron tomadas en cuenta por el gobierno; recordaremos la de establecer “cercos epidemiológicos” diferenciados, tomando en cuenta los “mapas de calor” de las zonas y distritos (en el caso de Lima) e igualmente por regiones y con ello aislar y tratar in situ a los contagiados, coordinando con los otros ministerios para la ayuda económica y alimenticia,  evitando con ello el colapso de los hospitales y centros de salud.

Recién el Gobierno está dando prioridad a la estrategia de atención primaria,  conformando “equipos de respuesta rápida” que irán a los domicilios, les harán pruebas de laboratorio a los pobladores y luego procederán a la conducta terapéutica u otra que se recomiende según el caso. Recordemos como ejemplo la estrategia de atención primaria y personalizada establecida desde un inicio en CUBA y en Venezuela (que son el soporte de su Sistema de Salud) para enfrentar la pandemia, y la cual ha dado resultados muy satisfactorios, reconocidos por la OMS. De CUBA se conoce ya la fortaleza de su Sistema de Salud, e inclusive sigue solidarizándose con el Mundo enviando a donde se le solicite las Brigadas Médicas Cubanas y de Venezuela (por ejemplo la Misión Barrio Adentro y las Comunas Populares ) que están logrando mantener pocas personas contagiadas e igualmente pocos fallecimientos (11 decesos según cifras del último Reporte de la OMS) a pesar de sufrir el bloqueo criminal de los EUA y la complicidad de muchos países de la Unión Europea y de América Latina, donde se incluye el Perú.

Hay que agradecer la ayuda de la República Popular  China, con equipos de respiradores para las unidades de cuidados intensivos y la dotación también de pruebas de diagnóstico del virus SARS-CoV-2 y equipos de protección personal para los trabajadores de salud. Recordar igualmente la estrategia utilizada por ellos para establecer una cuarentena estricta en la ciudad de Wuhan (donde se inició la pandemia) descifrar rápidamente el genoma del virus e inmediatamente ponerlo en conocimiento de la OMS para combatirlo a nivel mundial; y mencionar finalmente la experiencia de confinamiento por más de 2 meses a su población, a quienes  se les proporcionó durante todo ese tiempo ayuda en tratamiento médico y alimentación.

Teniendo este panorama y sus antecedentes, la pandemia ataca nuestro país teniendo un Sistema de Salud de los más injustos, inequitativos y seriamente fragmentado, con una cobertura de acceso a la salud que refleja los extremos a los que hemos llegado, al ser uno de los países con menor cobertura de salud en toda la Región Sudamericana. La cobertura en pensiones es menor aún, solo cubre al 13% de la PEA. La seguridad social en el Perú no es universal ni solidaria. El sistema de la salud es segmentado y desarticulado. El Seguro Integral de Salud (SIS) no es seguro integral y actualmente está desfinanciado, reflejándose ello en el desabastecimiento de medicinas y en la falta de equipos y personal médico, sobre todo en las zonas rurales de nuestro país, concentrándose el gasto de salud en los sectores de mayores ingresos. Adicionalmente, según la encuesta Pulso Perú de mayo, realizada por Datum, reveló que para el 73% de los peruanos las medidas en materia económica son insuficientes. La población exige para paliar esta terrible situación, BONO UNIVERSAL, YA!!!

Esperamos por la salud y el bienestar de los millones de peruanas y peruanos que finalmente se controle la pandemia, con el concurso y sacrificio de todos, pero esta lucha no debe quedar ahí sino extenderse hasta conseguir un Sistema de Salud único, gratuito, universal, democrático y descentralizado, donde el eje fundamental es el reconocimiento de la Salud como un Derecho Humano.