LA PENA DE MUERTE Y LOS VIOLADORES

Por: Julio A Mendoza García

La violación y el monstruoso asesinato de Gimenita me causan dolor, repudio, indignación y rabia. Mi primera reacción es que al miserable que cometió tal nefando crimen deben matarlo, de inmediato.

Pero la segunda reacción ya tiene criterios encontrados dentro de uno mismo. Por un lado el linchador y por otro el civilizado. Por un lado las emociones y reacciones primarias y por otro la racionalidad humanista.

Reflexionando, ¿se le puede aplicar la pena de muerte al asesino y violador de Gimenita? No, incluso si en este momento se aprobara una ley de pena de muerte para violadores y asesinos de niños/as, porque la ley no es retroactiva.

¿Y a futuro? ¿Se puede establecer una ley de pena de muerte para ese horrendo delito? Tendría que modificarse la constitución en los plazos que ella misma establece y además, después de aprobarla (si fuera el caso) habría que denunciar al Pacto de San José sobre derechos humanos y renunciar a la Comisión IDH y a la Corte IDH. Renuncia que no puede ser parcial. En los plazos que dicho pacto establece. O sea mínimo cuatro años en total, y eso.

Pero desde el humanismo se considera que la pena de muerte a los delincuentes, solo tiene el efecto de la venganza. Que es dejar de pensar en la vida como derecho humano fundamental, poniéndonos al nivel, despreciable nivel, de los delincuentes asesinos que a su vez desprecian o ignoran tal derecho fundamental.

De otra parte, la pena de muerte a los violadores y asesinos de niños/as, ¿hará que dejen de existir ese tipo de criminales sicópatas depredadores? No por cierto, lamentablemente.

No es lo central del tema, pero también hay que considerar que en todo juzgamiento, incluido a los reos por violación y asesinatos, existe la posibilidad de error y sentencia de un inocente. Si se aplicara la pena de muerte a un inocente, además de error irreversible, sería simple y llanamente un asesinato. Ya se han dado casos.

Ser linchador, en la actual ola de indignación (justificada), agitando demagógicamente la pena de muerte, es fácil, incluso beneficiosa políticamente o si no vean a los fascistas. En estas condiciones asumir el tema civilizadamente, racionalmente, humanistamente es difícil. Pero los humanistas sinceros y coherentes tenemos que ir contra la corriente, pese a que nuestros propios sentimientos primarios nos contradigan.

Lo que tenemos que hacer como seres civilizados es endurecer en conjunto las penas para tales delitos: Cadena perpetua, condiciones duras de carcelería como el aislamiento continuo (casi como enterrarlos en vida), ningún beneficio de disminución de carcelería y aplicar la castración química. Que para esos delincuentes, el resto de su vida, una vez sentenciados, se convierta en infierno hasta su muerte. Eso como sanción.

Lo otro es la labor de prevención y protección a los niños en la familia, el barrio, la escuela, la policía, en toda institución, en toda la sociedad. En la que la educación tiene que jugar un papel esencial. Desarrollando conciencia en nuestros niños, impartiendo una temprana educación sexual previsora. La organización de la sociedad para estar vigilantes ante cualquier desaparición o intento de agresión contra el honor sexual, con mayor razón cuando se trata de nuestros/as niños/as.

Los humanistas no somos linchadores, debemos practicar la justicia y organizarnos (organizar al pueblo y la sociedad) para la protección y defensa de nuestra niñez.