La muerte de Alan García y la política

Por: Luis Gárate

Son pocos días los que han transcurrido tras el suicidio del ex presidente Alan García. Sin embargo vemos aún que esta noticia tiene grandes repercusiones a nivel nacional e internacional y se abre una disputa por el relato sobre las causas y consecuencias que este hecho abre para nuestro país.

Muchos de los grandes medios hacen coro con las expresiones de “analistas”, donde predomina la congoja y el homenaje al líder aprista. De esta manera contribuyen a un proceso de ablandamiento y construcción del relato emocional que victimiza a García y habla de una supuesta persecución judicial y un operativo mal hecho.

Alan García ha querido pasar a la historia como un perseguido y una víctima de un atropello. Queriendo usar la figura de mártir, ha dado este paso lamentable que demuestra que su ego ha sido más grande que cualquier otra cosa. Penosa manera de terminar así, antes de responder ante las crecientes pruebas que lo incriminan y a su entorno más cercano.

Haya y Alan

Las comparaciones en la historia pueden ser odiosas, pero es importante recordarlo. Víctor Raúl Haya de la Torre murió en 1979 con una avanzada edad y sin fortuna conocida. Fue un reconocido orador y organizador. Orientó a varias generacionales, y entre las persecuciones y destierros, se encumbró como maestro de las piruetas y los virajes políticos, pero defendió sus ideas y vivió dedicado a su partido.

Alan García por su parte llegó a ser secretario de organización y secretario general de su partido. Tras ser constituyente y diputado, su principal mérito partidario fue el llevar 2 veces al gobierno al Apra por su labia y carisma. Sin embargo también logró el total desprestigio del aprismo, primero con un gobierno desastroso que nos dejó en una crisis económica y social generalizada, y en su segundo turno llegó converso al neoliberalismo, y terminó en medio de serios casos de corrupción. Ahora –después de haber acumulado una buena fortuna con casa en París incluida- se quitó la vida, y nuevamente se fuga de la justicia, como ya lo hizo en otras oportunidades.

A pesar del discurso de los dirigentes apristas, no resuena nada heroísmo en su acción de autoeliminación. Heroicos podrían ser considerados esos militantes apristas que, llamados por su dirección, entregaron sus vidas en las rebeliones de Trujillo del año 32 y el Callao en el 48 del siglo pasado. En la muerte de García solo hay fuga, escape, mientras tenemos derecho a saber el verdadero fondo de los negociados y corruptelas de la cúpula aprista que no deben pasar desapercibidos.

Un acto planificado

Recientemente Ricardo Pinedo, secretario personal de García, ha revelado que la carta de despedida que se ha difundido en medios ya la habría preparado hace 5 meses, lo que muestra que esta acción ha sido fríamente premeditada. Un cálculo que todas luces habría sido hecho frente a la inminencia de la prisión, y a la espera de pasar a los libros de historia sin una foto tras los barrotes.

No podemos poner en duda que el Partido Aprista es una de las fuerzas más organizadas del país, y que mantiene una mística y religiosidad entre su militancia, Pero también son igual de conocidas sus contradicciones y su actual marginalidad en la política electoral. Su dependencia del caudillismo de Alan García les va a pasar una factura grande.

Tras el suicidio, la política

Por otro lado en el velatorio de Alan hemos visto a desfilar a los políticos de la peor laya: los fujimoristas de Fuerza Popular, a Alfredo Barnechea y a otros representantes de lo más rancio de la derecha como Rafael Rey, Fernán Altuve, Luis Castañeda, el ex arzobispo de Lima Juan Luis Cipriani. No es casual, todos son parte del coro de voceros de las clases dominantes, defensores a ultranza del modelo neoliberal, e igualmente están implicados en las investigaciones de los casos de corrupción con la empresa Odebrecht y cerrados defensores de los valores conservadores de la sociedad.

La partida de García no deja de ser simbólica. La lucha contra la corrupción y el hilo del caso Lavajato aún tienen un largo camino por recorrer y esperemos que se llegue hasta el fondo del asunto. En el fondo se pone en la agenda nacional cómo enfrentamos la corrupción como un mal institucionalizado en el país, donde la política y los grandes negocios están conectados y ha servido para el enriquecimiento de los gobernantes desde los niveles locales y regionales, pasando al nivel nacional. Se presenta un escenario de descalabro de la política tradicional, en la que podrían surgir nuevos tipos de alternativas “independientes” de la política tradicional y por general aventureros carismáticos, como ya hemos visto en el pasado.

Es hora de que los sectores progresistas y de izquierda nos renovemos y hagamos una política renovada desde abajo. Si no construimos un sujeto político y social renovado, serán los mismos grupos que ahora aparecen en descalabro los que moverán sus hijos para garantizar su manejo del poder.