Por: Manuel Guerra

Nunca antes la derecha peruana estuvo tan expuesta, tan vulnerable. En medio de la pandemia, de la crisis del modelo, de la gigantesca corrupción que la envuelve, sus cartas electorales en el actual proceso son crudas expresiones de la absoluta decadencia.

Pero esta derecha, responsable del atraso del país y de las penurias de la población, necesita defender y mantener sus privilegios. Su pesadilla es que tiene al frente a Verónika Mendoza, candidata de una coalición de la izquierda y el progresismo, abanderada del cambio verdadero, que viene concitando masivas adhesiones a lo largo y ancho del país, con claras posibilidades de ser gobierno.

Ni la derecha peruana, ni el imperio del Norte toleran esto. Dejando a un lado su careta democrática intentaron el golpe parlamentario encabezado por Manuel Merino; como no les funcionó se han dedicado a hacer uso y abuso de los medios de comunicación bajo su control, de la manipulación a través de las encuestadoras, del intenso trabajo de redes para difundir mentiras, ataques arteros, calumnias, meter miedo.

No ha sido suficiente. Día a día Verónika viene creciendo y amenaza con tener la primera votación, en tanto que los candidatos de la derecha se desinflan unos y otros se sostienen con la levadura insuflada por los grandes grupos de poder.Entonces echan mano de Pedro Castillo para bajarle la llanta a la candidata de JP. De la noche a la mañana este sujeto aparece en todos los medios de comunicación, los opinólogos neoliberales construyen una imagen a medida de sus necesidades, las encuestadoras le hacen dar un salto de garrocha, ubicándolo nada menos que en segundo lugar, mientras a Verónica la hacen descender al quinto o sexto.

Grandes intereses están en juego y debemos tener claro que la derecha va a usar todos los medios para salirse con la suya. Para ella la amenaza nunca ha sido el candidato de Perú Libre; la amenaza real proviene de JP y Verónika Mendoza.

No podemos competir con los ingentes recursos económicos de la derecha, ni con los grandes medios de comunicación, ni con el concurso de encuestadoras a gusto del cliente. Nuestra fuerza está en nuestro activismo enraizado en la población, en la capacidad de ligarnos a la gente y ganar su mente y su corazón. No permitamos que las falsas noticias y los operativos psicológicos nos amilanen. Hay que seguir librando la batalla con energía, convicción y entusiasmo hasta el último momento. El destino del Perú y de su gente es lo que está en juego. ¡Venceremos!.