LA IZQUIERDA DE LUTO POR GENARO

Por: Manuel Guerra

Genaro Ledesma Izquieta perteneció a esa generación de dirigentes que protagonizaron la lucha social y política desde los años 60 en adelante, proceso intenso de acumulación que tuvo su hito más importante en la fundación de Izquierda Unida, una vez derrotada la dictadura militar de Morales Bermúdez. Junto a esa promoción de dirigentes, también fue protagonista del derrumbe de este bloque, lo que sumado al accionar de Sendero Luminoso facilitó la ofensiva neoliberal que sobrevino y la derrota de largas consecuencias que acusó la izquierda.

Ledesma fue parte de esa izquierda que muchos reputan de “tradicional”, “vieja izquierda” o, en el lenguaje neoliberal, de “dinosauria”, y que los “renovadores” posmodernistas condenan sin rubor, pretendiendo responsabilizarla de los fracasos pasados y presentes. El análisis desapasionado de esa etapa aún está por hacerse; no puede negarse que las organizaciones de izquierda de entonces estuvieron plagadas de dogmatismo y que a menudo las disputas y rencillas tenían como fuente el alineamiento a tal o cual experiencia extranjera; tampoco puede negarse que dichas organizaciones, sumergidas en el movimiento social e imbuidas del mito de la revolución inminente, se limitaron en gran parte a la denuncia y el oposicionismo a  los gobiernos de turno y tuvieron serias dificultades para encarnar la solución a los grandes problemas del país, limitaciones que se evidenciaron cuando se accedió al Parlamento y gobiernos locales y regionales.

Pero no se puede desconocer que esa izquierda fue, asimismo, protagonista en la defensa de los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad, del movimiento barrial, de la lucha antimperialista y abanderada del combate por la democratización del país. Ledesma fue parte de esa generación de izquierdistas que se entregaron con generosidad y sin reservas a plasmar sus convicciones. Las comunidades campesinas, los trabajadores mineros, los estudiantes, encontraron en él a un hombre siempre dispuesto a poner el pecho para defenderlos.

Genaro Ledesma tuvo, además, el mérito de no doblegarse cuando arreció la ofensiva neoliberal que causó estragos en las filas de la izquierda y el movimiento popular, circunstancias en que no pocos optaron por la pasividad o, peor, por volverse renegados y pasarse a las filas del enemigo. Con sus convicciones intactas y los años encima, estuvo hasta último momento trabajando en lo que le había dado sentido a su vida: luchar por un Perú nuevo en un mundo nuevo.

Esas son las cosas que hay que rescatar y tomar como ejemplo de este viejo luchador.