LA DESIGUALDAD EN EL REPARTO DE LA RIQUEZA, LA CORRUPCION COMO ERROR Y EL PERDON COMO PARTE DE LA ESTABILIDAD ECONÓMICA DEL MODELO NEO-LIBERAL EN EL PERU.

Por: Leoncio Roberto Acurio Canal.

Las relaciones sociales de producción basadas en el capitalismo, establece determinadas leyes en cuanto a la actividad productiva y su distribución entre el capital y el trabajo, privilegiando, como es lógico, al gran capital y a su socio el capital nacional representada por la burguesía nativa. El Perú no puede escapar a esta ley, y la distribución histórica  del PBI entre estas dos fuerzas  – capital y trabajo – estadísticamente así lo demuestra.

En el periodo 2002-2016, el PBI a precios constantes se expandió en 113%. Del total del PBI a precios corrientes, las remuneraciones de los trabajadores (trabajo) participaron con el 25%; y el sector empresarial (capital, representado por los 12 apóstoles), con el 58.7% para el año 2002. Al 2012 en plena expansión de la economía, el trabajo redujo su participación a 21.7%; mientras que, el capital elevo su participación al 63.2%. Pero el INEI con un simple cambio de año base de 1994 a 2007 en la medición del PBI real, que nada tiene que ver con el PBI nominal, elevo estadísticamente la participación del sector laboral en el PBI nominal al 30.7% para el 2012, generándole una participación creciente al 2016, donde alcanza el  31.5%; mientras que el capital de un 60.2%  el 2012 ve reducida su participación al 59.6% el último año. Estas diferencias, como es lógico, en una economía con crecimiento, permitió que en términos absolutos ambos “factores productivos” se incrementaran. En el periodo analizado (2002-2012) el PBI pasó de los 199,650 millones de soles a los 646,803 millones de soles corrientes, gracias a la actividad extractiva minera orientada a la exportación que la economía sentó como base y de cuyos valores viene la distribución entre el capital y el trabajo.

Para los peruanos, de manera especial para la clase media y baja, nuestra moneda más allá de servirnos como medio de cambio, nos permite también ser usada como medio de atesoramiento. Para la burguesía nativa y la burguesía extranjera, el medio de riqueza es el dólar. Dólares que llegan por la actividad minera y terminan en sus arcas a través del consumo de mercancías importadas. El consumo de las familias en los años citados, pasó de los 151,674 millones de soles constantes a los 320,026, con un incremento mayor al 100%, para estos mismos años, las importaciones pasaron de los 43,049 millones de soles a los 123,738 millones de soles, con un incremento superior a los 180%. Para ello, la burguesía representante de los capitales transnacionales, estructuro a través de las instituciones internacionales como el FMI, BM y otros, utilizando a sus operadores políticos y académicos, una economía de consumo y de dependencia empresarial y tecnológica basada en la importación, dándole un papel de intermediario comercial y en pocos casos financiero a los capitales nativos, a fin de que también sean partícipes de esta coyuntura de riqueza que acompaño al país.

Evidente que no dejaron nada al azar, sabiendo que el estado peruano era el concentrador de importantes recursos monetarios provenientes del impuesto y las regalías mineras, producto de la concesión minera al capital privado nacional y extranjero, lograron articular empresas de servicios y constructoras que les permita hacerse de las grandes inversiones públicas que se licitaron entre el 2002 y el 2016, las inversiones públicas entre los años citados, pasaron de los 7,313 millones a 23,326 millones de soles constantes, con un incremento superior al 200%.

Para poderle dar estabilidad política a la economía, la burguesía en alianza con sus operadores políticos, aprovechándose del deterioro de la imagen de los partidos políticos y las limitaciones culturales de los movimientos de izquierda, introdujo en el espectro electoral el mercado, convirtiendo el gasto en publicidad y propaganda en inversión, y creando candidatos mercancía a cuenta de la angurria introducida en la expectativa electoral de los “candidatos”.

Para poder financiar estos costos electorales, la estructura del estado se adecuo para que los recursos salgan de la propia caja fiscal. Se orquestaron gerencias y cuentas con el nombre de políticas sociales, para que los grupos de amigos pudieran encontrar los recursos necesarios para las campañas, las que vinieron acompañadas de dineros provenientes de fuentes oscuras, como el caso de Joaquín Ramírez, tesorero de Fuerza Popular. De allí, la fauna de congresistas con hojas de vida que en mucho de los casos encierra casos delictivos.

Institucionalizar la corrupción fue el objetivo de la burguesía, para lo cual encontraron empresas transnacionales y nacionales que se sirvieron de puente para hacerse de estos recursos, que fuera de satisfacer los costos electorales, sirvió para amasar riquezas personales, un último ejemplo de esto es el caso de ODEBRECHT, empresa brasileña que en alianza con empresas nacionales se sirvieron para estos propósitos, en el que están involucrados el  presidente, sus antecesores  y muchos candidatos.

Lo curioso es que, los voceros de la burguesía, buscando confundir a una población alienada por la prensa y con escaso entendimiento económico y político, separando el primero del segundo, manifiesta que el ruido político puede socavar la confianza de los capitales extranjeros por el país medida a través del riesgo país, y que la tranquilidad es necesaria para recuperar la senda expansiva del crecimiento económico, lógico manteniendo a los corruptos en el poder. Convierten los delitos de corrupción y otros en errores, quieren acallar la conciencia de los deudos de las víctimas de los atentados de barrios altos y la Cantuta, poniéndole precio a su dolor, como cualquier otra mercancía, tomando como referencia la ciencia de la economía estudiada y aplicada por la vocera de las burguesías: Mercedes Araoz. incorporan sentimientos humanos como el perdón y precepciones religiosas para mantenerse en el poder con el único objetivo de saquear la poca riqueza monetaria que aún queda del periodo de expansión económica.