Por: Manuel Guerra

El golpe parlamentario encabezado por Manuel Merino fue derrotado por la grandiosa protesta popular, con protagonismo juvenil, que salió a las calles para librar una batalla democrática, como pocas veces se ha visto en la historia de este país. Sin embargo, la ultraderecha no ceja en su propósito desestabilizador, autoritario y golpista.

Canaliza el descontento de los generales pasados a retiro por Sagasti, maniobra en el Parlamento para traerse abajo a la mesa directiva presidida por Mirtha Vásquez, pretende sacar provecho de las protestas de los trabajadores agroindustriales, redobla su campaña visceral anticomunista, no tiene escrúpulos para hollar los murales en memoria de los caídos, saca a relucir a sus muertos vivientes, como ha ocurrido con el tristemente célebre Francisco Morales Bermúdez, conspicuo miembro del club de los zombis, también conocido como Coordinadora Republicana.

Estos hepáticos personajes están asustados porque la nave neoliberal hace agua y la demanda de una nueva Constitución se oye cada vez más fuerte. Su pesadilla es que el descontento popular se oriente hacia el cambio democrático y patriótico y respalde a la representación de la izquierda en las elecciones de abril próximo. Quieren evitarlo a sangre y fuego, ya lo intentaron antes y volverán a hacerlo una y otra vez.

El Estado neoliberal se resquebraja generando crisis, vacíos, reacomodos. El gobierno de Sagasti es frágil y no puede, ni quiere, abandonar el libreto neoliberal. Su promesa de poner mano dura para sancionar a los responsables de la feroz represión a las movilizaciones juveniles que ocasionaron las muertes de Inti Sotelo y Bryan Pinto, hasta hoy es palabra hueca. Ahora el propio gobierno es responsable de la represión a los trabajadores de la agroexportación que ha cobrado la vida de un joven jornalero en Virú.

La protesta popular crece y se expande a todo el territorio nacional. Las demandas de la gente son diversas, pero se van articulando con la exigencia de una nueva Constitución, que es el denominador común a todas ellas; va asumiendo perfiles cada vez más políticos, busca salidas concretas y cambios de verdad, que el neoliberalismo no puede resolver.

Estamos en un momento histórico, en el que los acontecimientos marchan a extrema velocidad, los vientos se transforman en huracán que amenaza arrasar el vetusto andamiaje levantado por las clases dominantes. Quienes apostamos por abrir un nuevo rumbo a nuestra patria debemos estar a la altura de este desafío, romper el apoliticismo y recuperar la confianza de la gente; solo así es posible transformar al movimiento espontáneo en el sujeto histórico que se requiere para llevar a cabo esta enorme y compleja tarea.

OTRO PERÚ ES POSIBLE, UNIDOS PODEMOS LOGRARLO