La bomba Barata

Implicancias de su declaración y lo que está detrás del caso Odebrecht

Por:Luis Gárate

La reciente confesión de Jorge Barata, ex funcionario de la constructora brasileña Odebrecht, ante las autoridades peruanas ha sido toda una “bomba”, al confirmar el financiamiento de esta empresa hacia varios políticos peruanos, lo que termina por hundir más en el desprestigio a la política en nuestro país.

Barata afirmó que la constructora habría dado millonarios aportes a Alejandro Toledo, Keiko Fujimori, Alan García, Pedro Pablo Kuczynski y Ollanta Humala, aunque todos los montos habrían sido recibidos a través de diferentes operadores. Asimismo habría aportado 3 millones de dólares en favor de la campaña del “No” a la revocatoria a Susana Villarán, que contó con la asesoría del publicista Luis Favre.

El “Modelo brasileño” y la madre del cordero

La derecha regional y nacional se ha encargado de construir un relato donde toda la madre de la corrupción de estos tiempos se habría pasado a las filas de la izquierda y centran sus baterías sobre el caso Lava Jato y la figura del ex presidente brasileño Lula Da Silva. Pero hay que recordar que ese mismo caso involucra a casi todo las fuerzas políticas brasileñas, incluyendo a Michel Temer, el actual presidente de facto. Con este discurso, buscan igualar a izquierda y derecha en el mismo campo, buscando la resignación de los ciudadanos ante lo “inevitable” de este fenómeno.

Lo que la ola de denuncias de Lava Jato ha destapado es un modus operandi que no es solo brasileño sino del capital global. Es innegable que ha existido una relación estrecha entre el modelo neo desarrollista implementado por el Partido de los Trabajadores con los capitales nacionales brasileños. Podemos presumir que en este caso, algunos dirigentes del PT se dejaron seducir por los frivolidades de la estrecha relación que construyeron con esta burguesía nacional, en el marco de un pacto neodesarrollista. Claramente Lula y el PT han logrado avanzar en reducir la desigualdad y potenciar el papel del Estado, pero no han podido superar ni salir del marco de las reglas y hegemonía capitalista.

¿Es que acaso todo el sistema funciona así? La lógica capitalista de invertir para ganar algo a cambio, obtener la máxima rentabilidad que toma a la política como un negocio, como una herramienta más para sacar tajadas jugosas del mercado.

De esta mirada nos surge la pregunta es cómo se puede hacer una política que recupere esas nociones básicas de servicio a la gente, del bien común y de lo público sobre lo privado, en un contexto global en donde las formas de mercantilización se introducen en la vida social y están capturando las democracias.

Capitalismo y política

Creo que hay que discutir con seriedad y a profundidad el tema de la lucha contra la corrupción, en la perspectiva que no solo cuestionamos las formas que adquiere en el círculo conocido de las empresas financiado a los políticos a cambio de favores, sino de todo un sistema y una lógica hegemónica del capital subyacente, que le da forma de mercancías y rentabilidad a todo los componentes de las relaciones sociales.

Desde una perspectiva marxista y trasformadora, así como de nuestra propuesta de Nuevo Curso, nuestra prioridad es luchar por construir un bloque social que permita abrirnos campo en un escenario hegemonizado por el neoliberalismo, respaldado por las clases propietarias de los medios de producción, que tienen como instrumentos a los medios de comunicación y aparatos culturales. Un bloque donde se incorporen, claro está, no solo a los trabajadores, profesionales, estudiantes, campesinos sino también sectores del empresariado nacional.

En vistas que nosotros participamos en el marco de las reglas de la democracia representativa, lo hacemos a través de frentes electorales y eventualmente participando de gestiones de gobierno subnacional, debemos tener claro estos aspectos. En nuestra historia y en el pasado reciente, hemos visto casos de militantes comunistas que se han dejado ganar por la dinámica burocrática y han sido arrastrados por el caudillismo y el poder de turno.

Sin embargo no debemos perder de vista el horizonte cuestionador del capitalismo como sistema a ser superado. Por eso es imprescindible mantener no solo una lectura de las correlaciones de clase y de nuestro papel de vanguardia, sino también el de una ética revolucionaria en la construcción de los frentes y siempre reafirmar el principio de unidad y lucha, pues también en las relaciones con la burguesía nacional que puede participar de la etapa desarrollista o industrializadora, se pueden generar deformaciones que desgasten los proyectos de cambio. La refundación republicana que proponemos debe estar acompañada de una verdadera lucha en el plano ideológico, político y cultural, que nos haga cuestionar los valores normalizados por este sistema.

Con la “bomba” Barata se termina por caer la tan mentada promesa neoliberal de que lo privado es más limpio y mejor que lo público, que con la iniciativa de los empresarios y la libre competencia se resuelven todos nuestros problemas. Lo que el caso Odebrecht ha hecho es develar solo la punta del iceberg, una ventana a las entrañas del monstruo capitalista, es decir a la manera como los grandes capitales subordinan al sector público y convierten a la política en una herramienta más para extender sus negocios y aumentar sus utilidades.