Por: César Rojas Huaroto

Cuando las contradicciones se agudizan y la política se vuelca a la confrontación de intereses y principios (unidad y lucha de los contrarios), surge desde la profundidad de las conciencias populares (fuerza motriz) la necesidad de una explicación: ¿Qué es lo que está pasando en la sociedad, que de una lucha político electoral, se salta a la polémica ideológica de cómo se expresan los principios de libertad, democracia, soberanía nacional, la libertad de expresión, o el mismo modelo económico social, cuando vemos que solo es válido para uno de los bandos y no para todos por igual.

En los últimos tiempos en nuestro país, la derecha se está encargando de aportar con elementos valiosos para entender lo que ellos mismos pretenden negarlo: el fenómeno de la “lucha de clases”, como expresión didáctica de la lucha cotidiana de los pueblos oprimidos.

Porque, tras de un proceso político electoral, que es la pugna mediante el voto de las diferentes opciones para resolver los problemas en agenda, a conveniencia de alguna de las partes se suman otros objetivos en la defensa del statu quo o modelo de sociedad, por otro lado el necesario cambio de dichos intereses o privilegios personales, de grupo, secta o nacionales; creándose un estado de dudas, terror, satanización o presagios cataclísmicos, que no difieren mucho de las conductas terroristas en que hemos vivido.

Mientras las grandes mayorías, marginadas por siempre, han votado por el cambio y han dicho que no podemos ni debemos seguir viviendo en el hambre, la pobreza o el subdesarrollo, la derecha bruta y achorada (DBA) en representación de los grandes intereses nacionales o transnacionales, con el apoyo de la burguesía testaferra, corrupta y servil, sacan sus garras tenebrosas y lanzan sus consignas: No al Comunismo, No otra Venezuela, No al Estado (que no existe) porque te vas a quedar sin trabajo, sin tus propiedades, sin tus hijos o tu mujer, etc., etc. y tantas otras sandeces; y se lanzan a confrontar las divergencias con odio de clases, con leguleyadas y amenazas, no importa si sus consignas desencadenarán mayor violencia, desestabilización del país, golpes de Estado o guerras intestinas. Que felizmente el pueblo ya se dio cuenta, que en este bicentenario comienza la era del Gran Cambio, de la dignidad y el progreso de una nueva Patria, donde los explotadores, delincuentes y corruptos no se salvarán de la cárcel y la justicia que exige el pueblo trabajador y sacrificado. Palabra de maestro.