Fuego cruzado entre el Parlamento y el Ejecutivo

Manuel Guerra, Secretario General de Patria Roja

 

Censura, cuestión de confianza, vacancia presidencial, son palabras que han empezado a sonar fuerte a raíz de la interpelación al ministro Maraví por parte del Congreso. Todo indica que avanzamos a un nuevo episodio de la crisis política que empezó a manifestarse con fuerza a raíz del terremoto ocasionado por el destape de la gran corrupción asociada al caso Odebrecht. Mientras tanto, el dólar se eleva a niveles históricos, el alza del gas y los artículos de primera necesidad golpean a los más necesitados; también aumentan el temor, la incertidumbre, el malestar ciudadano.

Después de traerse abajo con relativa facilidad a Héctor Béjar, la derecha anunció que se iba a la caza de otros ministros, tramando también cortarle la cabeza al premier Bellido. El plan desestabilizador y golpista reaccionario no ha cesado ni un momento, el mismo que viene marchando en paralelo a la presión que se ejerce desde diversos flancos para obligar al presidente a caminar por los carriles que no afecten al modelo. En esta estrategia se conjuga la zanahoria que se le brindó a Castillo en la OEA, con el garrote de los fachos, la venal campaña mediática, las estocadas de la CONFIEP y la Sociedad Minera que ahora dicen preocuparse por los más pobres.

Parece que el presidente Castillo está dispuesto a jugarse por su alfil, aunque ello podría acarrear que el tablero y las fichas vuelen por el aire y el juego se reinicie en condiciones distintas y con actores diferentes. La pregunta es ¿por qué esta defensa cerrada de Iber Maraví no se presentó en el caso de Héctor Béjar? La respuesta es porque Béjar era un invitado sin mayor peso en la estructura política gobernante; Maraví, en cambio, es una pieza importante en el proyecto político y social en el que está encaminado el presidente Castillo, el mismo que tiene en el Partido Magisterial y la FENATEP sus ejes fundamentales.

Las marchas y contramarchas del ejecutivo, sus contradicciones irresueltas, facilitan la estrategia que lleva a cabo la derecha. Sus principales cabezas, empeñadas en disputas intestinas y en conseguir ventajas de corto plazo, dejan de lado el papel de estadistas que deberían asumir; colocando al centro el proyecto de país a construir, fomentando la más amplia unidad política, social y cultural, indispensable para llevarlo a cabo, derrotando a los planes reaccionarios. Mantener e incrementar el respaldo político y social que obtuvieron Perú Libre y Pedro Castillo en la segunda vuelta, necesita la afirmación de un liderazgo con mentalidad estratégica, coherencia con los ofrecimientos electorales, capacidad de gobierno, el respecto irrestricto a las organizaciones populares.

Hay que desenmascarar y oponerse a las movidas desestabilizadoras que realiza la derecha desde el Parlamento y desde cualquier otro ámbito. Pero ello debe enmarcarse en una perspectiva mayor que la defensa de intereses particulares relacionados a la permanencia de tal o cual ministro o funcionario público.

Otro Perú es posible, unidos podemos lograrlo

01.10.21