Es tiempo

Por: Rolando Breña – Diario Uno – 02/04/2019

Cuándo será el día en que los partidos y movimientos de izquierda se desahue…, dejen de preocuparse sólo por sus propios intereses y enfoquen sus ansiosas pupilas a los grandes problemas patrios. Somos organizaciones casi autistas dando vueltas, más repetitivamente que burro en noria, en el mismo sitio. Y como estos tiernos y simpáticos piajenos tenemos los ojos anclados en el suelo en lugar de tratar de ver adelante. Y cada cual convencido que nuestras cosas son más urgentes e importantes que las del otro, que las de todos, que todo.

Han pasado 30 años de la fragmentación de Izquierda Unida y sobrevivimos angustiosamente sin encontrar una buena modista o un buen sastre que pueda zurcir con éxito nuestros desperdigados retazos o algún traumatólogo o huesero que pueda juntar nuestros descoyuntados miembros. Y en este transcurso, tantas oportunidades perdidas, tantos grupos desaparecidos o agonizantes; tantos que desilusionados o aprovechados, pesimistas u oportunistas, cansados o apurados tomaron sus balsas y navegaron para buscar otras playas más propicias o más pagaderas, olvidando o renegando de su pasado se entregaron en cálidos lechos de antiguos enemigos, o calmada y resignadamente pasaron al retiro.

La debacle de IU no se debe sólo a la agresión neoliberal o a las acciones del gobierno de turno; se debe, es necesario reconocerlo, a nuestra propia responsabilidad política. La derecha hizo lo que tenía que hacer. Nosotros no hicimos lo que teníamos que hacer. Nos defraudamos a nosotros mismos, defraudamos al pueblo que nos entregó su confianza y al país que pudo haber transitado un mejor camino.

Es verdad, hemos estado siempre en la lucha. No hay calle o plaza, recinto cerrado o abierto, reclamo o gestión en los que no estuvieran nuestras organizaciones y militantes. Hemos arrastrado fracasos, pero también protagonizado importantes jornadas, incluso victorias electorales locales y regionales. No fue suficiente, algunos terminaron en fiasco, otros fueron atrapados en las telarañas de la corrupción, la incompetencia o el caudillismo.

Pero basta de seguir golpeándonos el pecho como beatas ante los altares o llorar por la leche derramada. Llegada es la hora de la construcción. Los tiempos apremian el país espera y exige.

El Perú, lo hemos dicho, no solo vive crisis económicas o sociales. Existe un proceso de descomposición social e institucional que puede, a la larga, derivar en anarquía y autoritarismo. La institucionalidad ya por si carcomida hasta sus cimientos por la corrupción se sostiene tambaleándose, en tanto no hemos podido aún construir una alternativa que la confronte y la reemplace.

Esa es la tarea. Condiciones existen para que una sólida voluntad unitaria pueda fructificar, para que una propuesta programática democrática y patriótica de contenido antineoliberal pueda encarnar en la gente, para que la confianza en la acción política pueda renacer, para abrir un nuevo curso a nuestra historia.

¿Qué diablos esperamos para poner manos a la obra? ¿seguiremos voluntariamente secuestrados en nuestros huariques, aislados unos de otros y a veces mostrándonos los dientes y casi prestos a la dentellada? ¿Los egoísmos y sectarismos supérstites, los rencores pasados o las ambiciones presentes serán irremovibles?.