ENTREVISTA A ALBERTO MORENO ROJAS SOBRE CARLOS MARX

  1. ¿Cómo fue su encuentro juvenil con el pensamiento de Carlos Marx?

AMR. Me inicié en la política bastante joven y fuera de los círculos universitarios o sindicales. Mi primera aproximación a las ideas progresistas viene del legado de mi madre que murió cuando era niño: algunos libros de pedagogía, historia y literatura, también su ejemplo de vida. El club cultural al que pertenecía y animaba, el Femenil, estaba integrado por gente de esta orientación, en oposición  al club Juvenil, influido por el APRA. Los primeros libros de orientación socialista que conocí fueron obsequio de un paisano residente en Lima, de filiación comunista. El ingeniero Odón Espinoza, a  quien conocí cuando tenía 18 años en una de sus visitas a mi pueblo de origen, me envío entre otros, los 7 Ensayos de José Carlos Mariátegui, una biografía de Stalin por Henri Barbusse, también el Manifiesto Comunista de Carlos Marx. Los leí, desde luego, pero entendí poco. Me entusiasmó más el libro de Barbusse. Por entonces mi atención estaba orientada, preferentemente,  a la novela y la poesía.

A partir de entonces procede mi interés y luego aproximación a las ideas de izquierda y socialista, que se afirma con la lectura de una prensa mimeografiada de orientación comunista que solía enviarme irregularmente. Mi relación con las ideas comunistas  llegó de manera natural, como algo esperado. Sin espasmos ni tensiones.  Llegó para quedarse para siempre.

Por razones de trabajo me desplacé a la capital de la provincia. Allí tomé contacto con la clase obrera minera, lo que me obligó a conocer más  la literatura política, especialmente comunista. Releí muchas veces los pocos libros que disponía, en especial el Manifiesto Comunista. Me atraía su fuerza, brevedad y contundencia, aunque a decir verdad me costó mucho tiempo y esfuerzo  entenderlo, y muchos años más captar su potencia teórica, su lucidez histórica, su capacidad de anticipar la expansión del capitalismo “mediante la explotación del mercado mundial”, su descubrimiento del papel “verdaderamente revolucionario” del proletariado.

Bastante después, ya en Ica, tuve acceso a muchos otros textos de Marx, Engels, Lenin, Mao Zedong, también de José Carlos Mariátegui. Como provengo de una formación extrauniversitaria y de una militancia que se inició desde fuera de la tradición burocrática y dogmática del Partido, animada además por una temprana afición a la literatura, mi lectura del marxismo fue más abierta.

  1. ¿Qué es lo que más valora en la vida y obra de este gran “Maestro de vida espiritual y moral” como decía A. Gramsci?

AMR. Marx es un verdadero titán del pensamiento y de la acción revolucionaria. Un cerebro privilegiado acompañado de una voluntad de hierro y de una persistencia en la causa emancipadora emprendida capaz de sobreponerse a las condiciones más duras de la vida. Hay que conocer su trayectoria vital, las condiciones en que trabajó y luchó junto a Engels y con el apoyo heroico de su esposa Jenny von Westphalen, para entender lo que significa colocarse del lado de la humanidad y de los desposeídos, atreverse a romper los muros construidos para sostener un sistema caduco, arriesgarse a iniciar caminos nuevos en el pensamiento y en la acción.

Es necesario recalcar que pensamiento y acción alcanzaron en él una conjunción pocas veces vista. No se satisfizo con crear una teoría revolucionaria, en realidad un sistema de concepciones filosóficas, económicas, políticas, sociales. Desde su juventud entendió, con mucha claridad, que no era suficiente conocer el mundo, que el conocer debía orientarse a la acción, a su transformación; que es “en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad”.

Su identificación con el proletariado como la clase revolucionaria portadora del socialismo a condición de convertirse en “clase para sí”, consiguientemente su reconocimiento de la lucha de clases como motor de la historia, tiene importancia fundamental para explicarnos la sociedad capitalista y sus contradicciones. No por casualidad la burguesía se ha empeñado en cuestionar el concepto de las clases y de la lucha de clases y, en su lugar, querer demostrarnos el reino de la paz social y la eternidad del capitalismo.

Marx fue un revolucionario en el sentido más completo del concepto. Nada le fue ajeno. Dueño de una vasta cultura fue también portador de un sentido ético de la política y de la vida.

  1. Dentro de la tradición marxista de América Latina ¿cuáles considera han sido los mayores aportes en la creación de conocimiento crítico y transformador?

AMR. En América Latina hemos tenido valiosos representantes del marxismo, pero es en Mariátegui que encuentra su expresión más elevada y creativa. El eurocentrismo siempre ha tenido un peso pernicioso entre nosotros. No debe sorprendernos que los comunistas de la región, de una u otra manera, voluntariamente o inducidos, fuésemos víctimas de la imitación y el dogmatismo.

La conversión de Moscú en una suerte de Vaticano comunista, centro de la revolución y de la verdad revolucionaria, nos hizo un daño inmenso. Nos castró la capacidad de pensar por cuenta propia, de enriquecer el marxismo en correspondencia con nuestra realidad, de encontrar las vías y las características de nuestras revoluciones, de enlazar con la historia y con los sentimientos más profundos de nuestros pueblos.

Nunca es demás recordar palabras señeras del Amauta: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica”. Sobre todo esto último: creación heroica, descubrimiento de lo nuestro, capacidad de dar respuesta en todos los terrenos de la lucha, convencimiento de que lo nuevo no puede construirse con envoltura vieja, capacidad de renovar y renovarse. Darle vida al socialismo “con nuestra propia realidad, en nuestro  lenguaje”. Aquí tenemos la gran deuda con el Amauta, el error más grave que explica mucho de nuestros problemas y extravíos.

Cuba hizo su revolución a su modo y en el momento oportuno. Allí resplandece el genio estratégico de Fidel Castro. Hoy, las condiciones son diferentes y el escenario no es el mismo, en la región y en el mundo. Pero el socialismo es la única alternativa que tenemos para hacer de América Latina una región desarrollada, democrática, de paz, integrada, libre y próspera.

  1. El mundo capitalista-imperialista vive una crisis de civilización, en estas circunstancias arrecian los ataques al marxismo y el comunismo, ¿debemos volver a Marx  como “profeta”, como guía, como método?

AMR. Hace mucho tiempo que los representantes del capital han dado por muerto al marxismo. Con mayor razón tras el derrumbe de la exURSS. No pueden tolerar una filosofía y una concepción de la historia que considera que nada “es definitivo, absoluto, consagrado; que en todo pone de relieve lo que tiene de perecedero” (Engels). Desde el punto de vista histórico el capitalismo no es eterno, tiene un principio y tendrá un fin. En su afán de perpetuarse nada mejor que “liquidar” o desaparecer el marxismo del mapa del pensamiento y el socialismo como alternativa social. Es simplemente la lucha de clases que niegan.

Desde el momento en que es una teoría que tiene que ver con el desarrollo de la sociedad humana, el marxismo es la metodología del proletariado que le permite desentrañar las leyes que rigen el funcionamiento del capitalismo, sus contradicciones, su transitoriedad; y, al mismo tiempo, orienta su acción práctica revolucionaria.

El marxismo nunca ha perdido actualidad. Sigue plenamente vigente. El problema es otro: qué hacemos para que se difunda entre los trabajadores y el pueblo en general rompiendo la hegemonía mediática y cultural que aún conserva la derecha. Pero, sobre todo, para que se convierta en una manera de pensar y actuar accesible, útil, atractivo, crítico, para millones de compatriotas.

Una vez más, el ejemplo que nos deja José Carlos Mariátegui y su magisterio señala el camino.

Abril de 2018.