ENFOQUE DE GÉNERO Y LUCHA CONTRAHEGEMÓNICA

Por: Manuel Guerra

CON MIS HIJOS NO TE METAS, es la consigna que vienen enarbolando los sectores más reaccionarios y conservadores para oponerse al enfoque de género en el currículum educativo y en cualquier otro ámbito de la vida social. Se trata de un producto bien elaborado que apela, no a la razón, sino al sentimiento primario de protección, al miedo frente a una inventada amenaza proveniente de sectores que promoverían la homosexualidad, la promiscuidad y el desenfreno, y, con ello, la destrucción del núcleo familiar. Esta cruzada, en la que participan partidos políticos, colectivos, medios de comunicación, fundaciones y entidades de diversa índole, tienen en estamentos de las iglesias católica y protestante su elemento movilizador.

Usando una línea de argumentación primaria y superficial, estos sectores apelan a una lógica simplista: Un hombre no viola, viola un violador; un hombre no mata, mata un asesino; un hombre no maltrata, maltrata un maltratador; un hombre no humilla, humilla un cobarde. Es decir que esto sería el resultado de ciertas anomalías congénitas de determinados individuos y no la consecuencia de una sociedad cuya cultura y sistema de valores se sustentan en el patriarcado, el machismo, la exclusión social, la antidemocracia, la desigualdad, en la que las mujeres llevan la peor parte y son las principales víctimas de crímenes, abuso y sometimiento, elementos que se han desbocado con el salvajismo neoliberal y la descomposición moral que lo acompaña.

Lo preocupante es que este discurso conservador ha calado con eficacia en vastos sectores de la población, logrando, como decía Marx:  “…imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta”. En éste y otros temas cruciales las clases dominantes vienen ganando la batalla de ideas, es decir, afirmando su hegemonía en la mente de la gente, y con ello el sometimiento voluntario. Como bien señala Carlos Fernández Liria, comentando a Gramsci: “El poder, sin duda alguna, es poder de coacción, pero también de convicción. Y sin estas dos caras conjugadas, ningún poder es suficientemente poderoso. Quien se apropia de la voluntad general, en cambio, ha ganado la partida. En verdad, habrá conquistado ni más ni menos que el secreto del sometimiento voluntario.”

A esta ofensiva ideológica de las clases dominantes debería corresponderle una batalla de ideas contrahegemónica, la que no se está entablando con la suficiente fuerza y solvencia teórica desde una posición consecuentemente liberadora y no solo desde una postura contestataria que no llega a cuestionar al capitalismo y su modelo. En el tema de género, por ejemplo, hay sectores del feminismo que absolutizan el factor machista y patriarcal, despreciando su contenido de clase y desconociendo que la lucha por igualdad de género hay que abordarla en su especificidad, su transversalidad, y también en su relación con la lucha del conjunto de sectores explotados por construir un mundo nuevo. Otro tanto sucede con el tema ecológico, los derechos humanos, la situación de las etnias y pueblos originarios, etc.  

La lucha por el enfoque de género debemos abordarla desde la perspectiva gramsciana, como parte de la disputa por la hegemonía, una batalla de posiciones, una colina que hay que conquistar. Ganar la batalla significa ganar la mente de la gente, liberarla de las ataduras que les han impuesto las clases dominantes; ese es el arduo trabajo que hay que llevar a cabo.