Por: Luis Gárate

Tras las elecciones congresales del domingo 26 de enero pasado se ha abierto un interminable debate en los medios de comunicación entre los analistas políticos y líderes de opinión del bloque hegemónico de poder, respecto a los inesperados resultados y los nuevos protagonistas del Congreso electo.

Claramente las tendencias de opinión mostradas en las encuestas y la proporción de tiempo que dedicaron los medios a entrevistar a candidatos y analistas vinculados al fujimorismo, el Apra o Solidaridad Nacional, son una muestra de lo disociado que está la agenda de estos medios con la realidad concreta de la gente.

Los resultados casi finales nos muestran una recomposición del escenario políticos con representación parlamentaria, en las que destaca una gran fragmentación de fuerzas que no superan el 10 por ciento. Grupos que se presentan como una centro-derecha como Acción Popular, el Partido Morado y Somos Perú han obtenido votaciones sobre todo en las grandes ciudades. Por su parte los fujiapristas han recibido un duro golpe. Fuerza Popular ha quedado muy reducida, y el Apra no ha superado la valla al igual que sus partidos aliados, como Solidaridad Nacional, Contigo y Vamos Perú.

La importante votación de fuerzas como el Frepap y UPP ha desconcertado a propios y extraños. La agenda mediática esta impactada y no ha dudado en acudir a diversos científicos sociales para buscar una explicación antropológica a estos resultados. Por su parte el Frente Amplio sería la única fuerza de izquierda que pasaría la valla y obtendría representación parlamentaria.

El Frepap y UPP

Claramente que estos 2 partidos hayan tenido esa votación ha generado reacciones airadas en la derecha, pero también en la izquierda, abriendo interminables debates sobre la naturaleza y prédica de ambas organizaciones.

En el caso del Frepap es una organización con más de 30 años en la vida social y política peruana. Un partido que está estrechamente ligado al grupo religioso de los “Israelitas del nuevo pacto universal”, que es una secta milenarista que viene trabajando de manera sostenida en los pueblos más alejados de la Amazonía, de la serranía, en los barrios populares de Lima y otras ciudades del país.

El caso de UPP se trata de un “vientre de alquiler”, que nació como fuerza de oposición al fujimorismo y luego ha saltado por todo tipo de alianzas pragmáticas. Ahora aparece con el etnocacerismo que lidera el militar retirado Antauro Humala, que está cumpliendo prisión por los sucesos del Andahuaylazo en el 2005. Este grupo ha hecho campaña con un discurso de mano dura, xenófobo, y étnico- nacionalista.

Ambas votaciones reflejan un estado de ánimo más que un voto orgánico. Se trata del hartazgo de la ciudadanía con los partidos que tuvieron mayoría en el anterior congreso, y sobre todo en darle la confianza a sectores que tienen una agenda conservadora por un lado, y demagógica de “mano dura” por otro, al ofrecer la pena de muerte en casos de corrupción y de violación a menores.

Las otras derechas

Partidos como Alianza por el Progreso y Podemos Perú han sacado cifras similares, y no es casual que ambos tengan como líderes a 2 poderosos empresarios de la educación superior con una serie de cuestionamientos. Son parte de lo que podría llamarse una nueva “burguesía chola” en acenso que se va abriendo un espacio en la economía desde el negocio académico, y que está construyendo su expresión política en las disputas con los bloques hegemónicos en el poder. Ambos grupos son maquinarias electorales que vienen invirtiendo millones de soles, lo que les ha dado una fuerte presencia en regiones. En el caso de Podemos Perú ha tenido como cabeza de lista en Lima al militar en retiro Daniel Urresti, conocido por su discurso campechano y altisonante, que pega bien con el ánimo de la “mano dura” y que la he permitido ser uno de los más votados en estos comicios.

¿Y dónde está la izquierda?

De las fuerzas que se pueden considerar del campo de la izquierda: el Frente Amplio, Juntos por el Perú y Perú Libre, la única que obtendría representación parlamentaria es el FA.

Se trata de una combinación de factores. El FA tiene un emblema que logró posicionarse con la candidatura presidencial de Verónika Mendoza en el 2016, y que a pesar de su división posterior, muchos aún confunden el logo del FA con la figura de Mendoza, que esta vez estuvo en alianza con JP. Asimismo, el FA tuvo la audacia de colocar como cabeza de lista en Lima a una figura posicionada -Enrique Fernández Chacón- quien había sido su anterior candidato a la alcaldía de Lima y quien logró una buena posición por su carisma. Asimismo tuvo otros candidaturas de cierto vuelo mediático como la de Arlette Contreras, víctima de una agresión machista y que sigue peleando por justicia, así como por la conocida activista de Derechos Humanos Rocío Silva Santistevan. En las regiones llevaron a varios líderes de luchas sociales, sobre todo de comunidades afectadas por conflictos socioambientales.

En el caso de Juntos por el Perú, al ser un frente político de varios partidos tuvo una elección de candidatos más dispersa y partía con un logo menos posicionado. Uno de los candidatos más reconocidos ha sido el ex procurador anticorrupción Julio Arbizu, y si bien JP presentó jóvenes activistas y a destacados cuadros con experiencia política, sindical y social, estos no eran tan conocidos a nivel mediático. La falta de figuras de mayor posicionamiento en una campaña tan corta e individualizada le ha jugado en contra.

En el caso de Perú Libre de Vladimir Cerrón, queda claro que aún es un partido que no ha salido aún de su influencia regional de Junín y que aún no ha construido liderazgos potentes en otras regiones.

Este es un fuerte mensaje a la izquierda. Podría especularse que estos 3 grupos de izquierda podían haber obtenido un mejor resultado si es que iban en un solo frente, es una posibilidad, aunque en las elecciones no siempre funciona el endose de votos. Las izquierdas no han sido capaces de construir un bloque unitario que exprese mejor el sentir de los sectores que anhelan transformaciones más de fondo y reivindicación de sus derechos.

Asimismo, la izquierda ha dejado de atender temas de acuciante preocupación para el pueblo, como son la inseguridad ciudadana, los alarmantes índices de violaciones y los feminicidios, el impacto cultural y laboral de la migración venezolana, entre otros. En la batalla por construir influencia y vocerías entre los trabajadores, los autoempleados, los barrios, claramente hace un tiempo la izquierda ha descuidado su protagonismo. Su lenguaje no sintoniza con los sectores barriales y más pauperizados, no está en sus reivindicaciones o vida diaria. En estos sectores la izquierda ha dejado paso a discursos más radicales como los de los etnocaceristas, así como a la variedad de iglesias evangélicas y sectas que hacen campañas y un permanente trabajo comunitario.

Claramente en un tema tan medular como la necesidad de una nueva constitución, hay una coincidencia de la izquierda con el etnocacerismo. Sin embargo, la disputa y diferencia radica justamente en el enfoque y contenido de la nueva carta constitucional. No olvidemos que puede haber radicalidad desde posiciones conservadores, demagógicas y hasta fascistas

Es hora de regresar a recuperar el mito y la pasión religiosa de la actividad política de la que nos habló Mariátegui en “El Hombre y el Mito”. No es una religiosidad entendida como dogma y fundamentalismo, sino referida a la pasión que mueve a los hombres y mujeres que se unen para organizar la revolución social. No se trata de abrazar la política solo en la mística, pero el pueblo espera a gente que no solo hable del cambio social, si no tenga una práctica coherente, que construya comunidad, renueve su identidad, imaginarios y alternativas desde las bases.