EL ÚLTIMO TANGO DE BERTOLUCCI

por: Mario Tejada T.

Este lunes 26 dejó de existir Bernardo Bertolucci, el director de cine Italiano que, a mi modo de ver, es el último fruto o exponente de la influencia que ejerció esa gran generación que constituyó el neorrealismo italiano. Si bien a este destacado cineasta no se le puede catalogar dentro de este extraordinario movimiento de cine, su obra no hubiera existido ni tampoco explicarse sin los filmes de Vittorio de Sica, Luchino Visconti o Roberto Rosellini, solo por mencionar a tres de los más grandes.

Después de la Segunda Guerra Mundial, y paralela a la reconstrucción de la Industria Italiana surge la del cine: abaratar costos y la presencia del pueblo en las películas fue una necesidad. Ello porque Italia estaba en un estado de destrucción física casi total y escaseaban el dinero, y la influencia del marxismo y los Partidos Comunistas y Socialista italiano teñía a las diversas clases de ese país, y era necesario que los problemas y las vicisitudes del pueblo fuera la materia prima de los argumentos.

Un ejemplo típico fue Visconti. Aristócrata de una gran cultura y amante y conocedor de la ópera, particularmente italiana, su concepción marxista le permitió filmar una gran película como Roco y sus hermanos, en la cual se relata las vicisitudes de una familia del sur de Italia que migra a Milán, con un final en la cual la clase obrera es la esperanza del futuro de Italia. Sobre la influencia del Partido Comunista y del marxismo en la cultura de ese país y no solamente en el cine se ha escrito innumerables artículos y libros al respecto. La obra y la influencia del filósofo Galvano Della Volpe es un ejemplo de lo que afirmamos.

Bertolucci es el último gran representante de esta tradición de la cinematografía italiana. Nadie como él supo llevar a la pantalla grande lo mejor de las súper producciones neorrealistas: otra vez recurro a Visconti con un filme como Senso; recuperar espacios verdaderos para sus rodajes siguiendo a Vitorio de Sica en Ladrón de bicicletas con las calles de Roma al término de la II Guerra Mundial, pidiendo permiso para rodar en la Ciudad Prohibida en Pekín y, siguiendo la tradición marxista de sus antecesores, logró graficar ese gran mural de las últimas décadas del siglo XIX y las cuatro primeras del siglo XX de Italia, de su pueblo y de la salida política de las clases reaccionarias: el facismo, mediante su célebre Novecento (1900).

Por ello no es de extrañar que la destacada actriz Stefania Sandrelli señalara: Se fue mi último emperador; y el director Marco Bellochio: Su muerte es también un poco la nuestra. Pero lo que hay que repudiar de este destacado director es el gran escándalo que causó el descubrimiento de la violación a que fue sometida la actriz María Schneider en su famosa obra El último tango en París. Sobre este aborrecible hecho el declaró: Me porté de una manera horrible con Marí,a porque no le dije nada de lo que iba a suceder. Quería su reacción como niña y no como actriz, quería que reaccionaria al acto de humillación. Quería que María sintiera, no actuara.

Me siento culpable, pero no me arrepiento. En las películas, para obtener algo, creo que tenemos que ser completamente fríos. No quería que María fingiera su humillación, quería que María sintiera, no actuara. Por eso me ha odiado toda la vida.
¿Cuáles son los límites del poder de una persona, en este caso de un director de cine? Igual también debemos preguntarnos: ¿cuáles son los límites del poder que tienen los políticos, todos, de derecha e izquierda, respecto de sus acciones?.