EL “RADICALISMO” ELECTORERO DE GREGORIO SANTOS

Por: Manuel Guerra

Últimamente, cada vez que Gregorio Santos abre la boca con el afán de hacer noticia lo hace para denostar a dirigentes, personalidades y agrupaciones de la izquierda, en particular a los que conforman Juntos por el Perú (JP), a quienes acusa de ser expresión de la “izquierda limeña”, “liberales” “reciclados”, “fracasados”, “corruptos” e incluso descalifica por su origen judío. Afirma, además, que la izquierda peruana no existe, responsabiliza a Patria Roja entre los que “siempre hicieron fracasar a la izquierda”, señalando a renglón seguido que, con este sector, JP, no puede haber unidad alguna.

Estos ataques se hicieron más virulentos con ocasión de la convocatoria al Encuentro de Huancayo del 24 de enero, con la clara intención de impedir la participación de JP en dicho evento —cosa que consiguió—, y se reeditan en el presente, cuando diversos sectores de la izquierda y el movimiento popular se esfuerzan en construir espacios unitarios, como es la Asamblea Nacional de los Pueblos (ANP) y se entablan coordinaciones con el propósito de confluir en un espacio unitario con miras a la participación electoral del 2021.

Detrás de estos exabruptos disfrazados de radicalismo hay un elaborado cálculo electorero: Santos trata de limpiar la cancha eliminando a posibles rivales que le disputen su candidatura, lo cual incluye a Verónika Mendoza, declarando que no será segundón en una plancha encabezada por esta lideresa, y que actualmente están construyendo un “bloque patriótico” con Perú Libre, Antauro Humala y movimientos sociales. (Ya no menciona como parte de este proyecto a Verónika Mendoza, de quien dice se encuentra en un periodo de indefiniciones e incertidumbres, ni a Walter Aduviri y Zenón Cuevas, a quienes considera como calichines que no están para ligas mayores). Estas maniobras persiguen, asimismo, otro propósito: validar su candidatura y presentarse como perseguido político frente a un cada vez más inminente ajuste de cuentas con la justicia por los serios casos de corrupción que pesan en su contra.

En los planes de Gregorio Santos la construcción de la más amplia unidad de la izquierda y el progresismo resulta un serio escollo, pues a mayor amplitud menor será su protagonismo y menor su espacio de maniobra; de ahí sus esfuerzos por petardear esta posibilidad, no encontrando mejor manera de intentarlo que recurriendo a la diatriba y la provocación irresponsable.

Pero la estrategia de Santos adolece de varios flancos débiles. A estas alturas resulta evidente que su espacio se viene desinflando, incluso para quienes considera que son sus más cercanos aliados, puesto que Vladimir Cerrón y Perú Libre, en la línea del Encuentro de Huancayo, continúan apostando como prioridad la candidatura de Verónika Mendoza. No es casual que el líder de Perú Libre no haya salido a respaldar las declaraciones de Gregorio Santos. Tampoco cuenta con los movimientos sociales que dice tener, ni con la solidez de una organización política que lo respalde, como lo demuestra el congreso de MAS Democracia, evento intrascendente que se realizó sin pena ni gloria hace pocas semanas en la ciudad de Lima.

No por eso cejará en sus propósitos, cuanto menor sea su espacio, más destemplada será su grita para hacerse oír y mayores sus agravios y provocaciones, a sabiendas que siempre tendrá prestos a los medios de la derecha para hacerle eco.