EL MONOPOLIO QUE NOS PUEDE QUITAR LA VIDA

La concentración de poder en las cadenas de farmacias y el libre mercado de la salud

Por: Ernesto Toledo Brückmann

Si los comunistas apostamos por la vida, poco o nada podemos hacer cuando la propia vida depende de un fármaco. El pueblo y en especial los jóvenes ya salieron a las calles contra el indulto. Anteriormente fueron un factor influyente para que el fujimorismo no vuelva a la Presidencia; la masa iracunda, pero sobre todo organizada, hizo dar marcha atrás a la Ley Pulpín y al alza de peajes. Hoy la indignación no puede ser ajena y las calles no deben permanecer tranquilas frente al monopolio que nos costará a vida. Una concentración de poder que acaparará las cadenas de farmacias y por ende, el precio de los medicamentos. El mercado farmacéutico es tan sensible que involucra directamente a la salud del pueblo.

La compra del 100% de acciones de la empresa Quicorp S.A.(dueña de Química Suiza y de cadenas de farmacias como Mifarma, BTL y Fasa) por parte de la compañía InRetail Perú, perteneciente al grupo Intercorp, abrió el debate respecto al monopolio de la salud y el privilegio inalcanzable para muchos ciudadanos.

Mediante un crédito puente y el aporte de capital de terceros, InRetail Perú compró por 583 millones de dólares los activos de Quicorp, que alcanzó una facturación de aproximadamente 1.600 millones de dólares en el 2017.

Intercorp, matriz de InRetail, también es dueño de Interbank, de Supermercados Peruanos (Plaza Vea, Vivanda), entre otras empresas.

Si ya de por sí, el sistema de competencia es un fiel exponente de un modelo neoliberal que alienta la libre competencia a ultranza, la formación del monopolio resulta ser una contradicción. Paradójicamente, es la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP) y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) quienes presionaron a fin de boicotear toda ley contra la concentración de poder en servicios básicos.

Recordamos que en el 2016 el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (INDECOPI) sancionó a las cadenas Inkafarma, Arcángel, Fasa, Mifarma y Nortfarma por concertar precios de medicamentos y complementos nutricionales. En marzo de ese año Quicorp, hoy absorbida por InRetail, adquirió Boticas Arcángel. Quicorp, co presencia también en Bolivia, cuenta con 11 mil empleados y ventas anuales superiores a S/ 4.000 millones.

Si por esas fechas, dos cadenas de farmacias ofertaban a 2,20 soles por unidad las pastillas de Dislep (un comprimido para tratar el reflujo gástrico) y otras tres cadenas lo vendían entre 2,40 soles y 2,60 soles, con la coordinación de precios las cinco cadenas de farmacias ofertaban la misma pastilla a S/ 2,60. Esto se repitió con 35 productos más, de los cuales 21 se vendían bajo receta médica. La indignación de la población se hizo sentir e Indecopi debió intervenir. Las infractoras aceptaron y no apelaron las multas cercanas a los 9 millones de soles. En la investigación también se incluyó a Boticas y Salud (ByS) y Boticas Torres de Limatambo (BTL), pero ambas fueron absueltas por falta de pruebas.

Este tipo de acuerdos, conocidos como “prácticas colusorias horizontales”, está explícitamente prohibido por el artículo 11.2 de la Ley de Represión de Conductas Anticompetitivas pero con el monopolio de las farmacias toda sanción desaparecería al ser un mismo dueño quien determine el precio de los productos por la ley de la oferta y la demanda.

Resulta chistoso que la legislación peruana prohíba la concertación pero no la conformación del monopolio. Acá vale la lógica simplona: “Si no puedes contra la competencia, mejor cómpratela y fusiónate con ella que eso sí es legal”.

El Perú tiene un escaso nivel de competencia y no contenta la derecha con esto, afectará los intereses de los consumidores, especialmente los que tienen que sacar de su bolsillo para los medicamentos y no cuentan con un seguro. Poco les importa la vida cuando la salud no es un derecho sino un servicio por el que hay que pagar.

Bajo la ley peruana establecida por los grupos de poder no hay solución para evitar la concentración de farmacias en un solo dueño. El Perú todavía carece de una ley antimonopolio y el anteproyecto promovido en el Congreso, que aún está en debate, solo aplicaría a las operaciones financieras a futuro. Una vez que se fusionaron las empresas es muy difícil dar marcha atrás.

Cuando una empresa se fusiona o es adquirida por otra y tiene un alto dominio de mercado, eso termina en una posición de abuso. Del mismo modo, resulta abusivo que varias empresas se coludan para manejar un cártel y concertar precios.

En la mayoría de países existen leyes que impiden que los mercados se monopolicen, pues se considera que los monopolios son contrarios a la competencia y perjudica los mercados.

Los consumidores que pagan sobreprecio no tienen derecho a devolución de dinero; no existen mecanismos efectivos para quejarse, el mecanismo de demandas colectivas aún no funciona y diversos sectores de la población sostienen que Indecopi debería actuar para que el conjunto de personas afectadas presente una demanda para resarcir los daños.

Frente a ello, Indecopi solo puede poner multa; la ley no le permite ordenar la disminución del precio, a fin de reparar el daño al consumidor. En el ranking mundial de efectividad de las políticas antimonopolio el Perú se encuentra en la posición 92 de 137 países.

Hasta mediados del siglo XX las droguerías eran pequeñas industrias que preparaban medicamentos a recomendación del médico. Tras extender la receta médica al químico farmacéutico, este le decía que regresara dentro de algunas horas, a fin de terminar de preparar el medicamento, jarabe o pomada. Ya para entonces los establecimientos comenzaron a llamarse profesionalmente farmacias.  El Estado restringía la manipulación deinsumos y los químicos farmacéuticos estaban autorizados a tener en propiedad estos establecimientos.

Hasta 1993, las farmacias del Perú eran negocios netamente familiares. Los profesionales debían hacer guardia durante una semana. Amanecerse al interior del establecimiento y encender el letrero rojo para indicar que esa noche se encontraba de turno. Un sistema que hoy ya no se utiliza. La norma establecía que no se podía abrir una farmacia a no menos de 600 metros de otro establecimiento. Esto generaba la regla: una farmacia por una cuadra.

Con el gobierno de Alberto Fujimori y el auge neoliberal, se empezó a acusar a las farmacias de barrio de cobrar el precio que querían por los medicamentos, pese a que estos eran regulados.

Se inició el monopolio de la venta de medicamentos y el entonces mandatario impulsó una mayor competencia a estos establecimientos. La liberalización llegó a este sector y cualquier persona natural o jurídica podía tener una botica sin que la administrara un químico farmacéutico. De ese modo se dio paso a las cadenas de farmacias.

Muchos propietarios de farmacias tradicionales debieron vender sus negocios a las grandes cadenas que tenían un mejor manejo de costos y un mayor poder para negociar descuentos antes los laboratorios. Otros no tuvieron esa oportunidad solo debieron cerrar.