Por: Luis Oliva Antezana

Samay es el respirador artificial que se fabricará en nuestro país por la SIMA (Servicios Industriales de la Marina) y un grupo de profesionales de la salud y tecnología.

Este respirador ya ha sido aprobado por el equipo de calidad del MINSA y se ha ordenado su fabricación en serie. En la primera semana se entregarán unas 10 unidades y en un mes se tendría aproximadamente 100 de estas máquinas, señaló el presidente Vizcarra en su alocución del medio día.

Pero Samay es más que un respirador artificial. También es el respirador de nuestra incipiente industria tecnológica nacional y nos muestra que seguir vendiendo piedras no nos ayudará jamás a avanzar o enfrentar los retos que nos pone la vida en este siglo; sin contar que, enriquece a un puñado de grupos económicos y no requiere mayor conocimiento, tampoco emplea el uso intensivo de mano de obra.

Eso lo entendieron rápidamente los llamados “Tigres del Asia”, por eso su nivel de desarrollo científico y tecnológico. La inversión en ciencia y tecnología, o sea en su educación pública, es la fuente central de su desarrollo científico, tecnológico y también, económico actual. Allá es donde se están fabricando en grandes cantidades estos respiradores que tienen precios exorbitantes y que, además, se han vuelto escasos.

Nuestro modelo económico y de desarrollo (venta de materias primas) NO requiere mayor avance e inversión en educación y tecnología. Muchos de nuestros principales investigadores terminan saliendo del país y generando riqueza, conocimiento y tecnología fuera de nuestras fronteras.

El tema clave tiene que ver con nuestro sistema educativo y visión de país. En estos momentos recuerdo con fuerza al Sutep y su reclamo de mayor inversión al sector y de cambiar el currículo con visión de país productor y no sólo de vendedor de materias primas.

Samay debería ser una ruptura de la decadente lógica neoliberal que impedía al Estado peruano producir o siquiera fomentar la producción, cuando no es un emprendimiento “privado”. La necesidad y momentos de crisis generan, también, oportunidades; frase repetida en varias oportunidades por Vizcarra. Que sirva para entender que la inversión en educación y con visión humanista, transformadora, científico, tecnológica, productiva y con el presupuesto correspondiente es una necesidad.

Finalmente, la necesidad y la realidad desnudan las falencias de una lógica que acumula riquezas en pocas manos y aísla a las grandes mayorías.