El crimen de Eyvi y la sociedad del miedo

Por: Luis Gárate

El reciente caso de agresión perpetrado por el acosador Carlos Hualpa al prenderle fuego a la joven Eyvi Agreda en un bus de servicio público, es una muestra más de la ferocidad que está adquiriendo la violencia contra las mujeres a manos de los hombres machistas en el Perú.

Pero este caso que ha generado la indignación de la opinión pública no es, lamentablemente, un hecho aislado. Según datos de la Defensoría del Pueblo en lo que va del primer trimestre del 2018 se han registrado 32 feminicidios y 82 tentativas, cifras superiores a las del año 2017 en el mismo periodo, que daban cuenta de 29 y 53 casos, respectivamente.

En el mundo vemos también un recrudecimiento de los caso de violencia de género. Recientemente en Canadá ocurrió un ataque al estilo terrorista que atropelló a varias mujeres en un vehículo por las calles de Toronto, cometido por  un personaje misógino que se consideraba célibe por “presión de la sociedad”, o del escandaloso caso del juicio de “La manada” en España, donde se acaba de dictar una sentencia blanda contra 5 sujetos que habrían realizado una violación colectiva hacia una joven el año 2016, lo que ha despertado airadas reacciones en las calles por parte de miles de españoles.

Lo que apreciamos es que no podemos desvincular este tipo de agresiones y el crecimiento exponencial de las formas de violencia social de los grandes problemas que padece a humanidad hoy, muchos de los cuales tiene su origen en la lógica del capitalismo. Un sistema que cada vez más tiende a mercantilizar todo a su paso, a generar mayores niveles de concentración de la riqueza, precariedad e inseguridad laboral, la explosión de los problemas de salud mental y en general de salud.

Asimismo podemos encontrar vasos comunicantes entre un crecimiento de la violencia machista y la contraofensiva global de los sectores conservadores, tanto en sus expresiones políticas así como las religiosas. Ante una globalización neoliberal, que no ha cumplido con generar más bienestar sino acrecentar las desigualdad y debilitar a las clases medias, afloran nuevas formas de ansiedades colectivas que llevan a que la gente vaya en búsqueda de la seguridad muchas veces en sus formas fundamentalistas.

La violencia machista es una expresión extrema de esta visión atrasada de la sociedad patriarcal, donde el hombre cumple un rol de proveedor y la mujer un papel subordinado como madre de familia, reproductora, como ama de casa. En ese entendido también el sistema capitalista y patriarcal busca mercantilizar todas las expresiones del quehacer social, ha cosificado a la mujer y ha maximizado las formas mercantiles y consumistas también en el terreno de la sexualidad y el erotismo.

Hay un vínculo entre el recrudecimiento de la violencia machista y el retorno de las ideologías conservadoras que están desplegando sus campañas en defensa de la “familia y la vida” así como contra la supuesta “ideología de género”, que no es otra cosa que la manera que tienen de adornar su burda homofobia y de caricaturizar el enfoque de género, que es usado en las Naciones Unidas justamente para promover la igualdad entre hombres y la mujeres en el ejercicio de sus derechos y roles en la sociedad.

No podemos permitir que tanto el capitalismo, así como lo más atrasado del conservadurismo y el machismo se impongan con una lógica de sometimiento y miedo. Los poderes fácticos quieren una sociedad atemorizada para que se sometan a los dictados del capital y para que sea complaciente y servil. Eso se da en el plano de la relación capital-trabajo, pero también en la relación patriarcal del hombre contra la mujer.

Tenemos que tener claro las múltiples causas de esta violencia, para combatirla desde una lucha cultural e ideológica contra las prácticas machistas y patriarcales empezando en nuestras filas, en la izquierda así como de cara a la sociedad.

Esta lucha no debe darse solo en el discurso, sino también en la propuestas de políticas públicas que contribuyan a una nueva cultura y una nueva forma de relacionarnos entre hombres y mujeres que aspiramos a una sociedad superior como es la socialista.