EL CIRCO POLÍTICO DE LA CORRUPCIÓN EN EL PERÚ

Por: Augusto Lostaunau Moscol *

“El origen o fuente de la corrupción se localiza en tres dimensiones. La primera, es el abuso del poder económico y político. La segunda, cuando no existen o se encuentran debilitados los mecanismos adecuados de control de esos poderes. La tercera, revela que la corrupción se desenvuelve en un ambiente permisivo o de cultura de la normalidad; por ende, la lucha contra la corrupción tiene que establecerse sobre la base de la promoción de una nueva ética y una nueva cultura política”.
                                                                       Raúl Lies R.

El abogado y docente de la Universidad del País Vasco, Dr. Norberto de la Mata Barranco, sostiene que:

“Lo cierto es que no existe un concepto unívoco o unitario de corrupción, que depende de la intención de cada observador. Aunque con carácter general en casi todos los intentos de definición aparecen normalmente tres elementos: el abuso de una posición de poder, la consecución de una ventaja patrimonial a cambio de su utilización y, aunque explícitamente no acostumbra a señalarse, el carácter secreto del pago”.

Y, es el último de los elementos, el carácter secreto del pago, lo que más ha quedado al descubierto en todos los casos de corrupción que se han producido en el Perú desde la década de 1980. Aunque, lo que se debe destacar es que, los actos de corrupción ocurridos entre 1985 y 1990 fueron declarados en prescripción a inicios del siglo XXI; mientras que, los actos de corrupción realizados en el fujimorato (1990-2000) quedaron al descubierto gracias a los llamados vladivídeos, una prueba contundente e innegable que la corrupción se produce en los sectores con mayor poder económico. Fueron muchos los que se sentaron y recibieron dinero en la “salita del SIN”; pero, fueron muy pocos los sentenciados a prisión.

Por el contrario, los actos de corrupción perpetrados entre el 2000 al 2016 no podrán ser declarados prescritos u ocultados sus actores como en los casos anteriores. El motivo en muy simple: la real y verdadera investigación no se está realizando en el Poder Judicial del Perú, en el Congreso de la República o en el Ministerio Público del Perú; mientras que, los documentos y declaraciones no se realizan en los medios de comunicación controlados por grupos familiares con muchos intereses. Por el contrario, todo lo que conocemos -y que ha determinado la actuación de las autoridades judiciales- del llamado Caso Odebrecht se ventila en el extranjero. Es la justicia de otros países y los medios de comunicación de otros países los que están detrás de hacer justicia y sancionar a los corruptos. Son las declaraciones de los dueños y funcionarios de la empresa Odebrecht las que han generado todo este interés por conocer la verdad.

Frente a esa incapacidad de poder ocultar la verdad sobre la corrupción en el Perú de los últimos tres gobiernos es que, inmediatamente, se ha montado todo un circo. En el Congreso de la República, las bancadas de los partidos comprometidos con la corrupción han iniciado una parodia de búsqueda de la verdad. Mientras tapan lo que ellos consideran que no se debe investigar inmediatamente destapan lo que creen que se debe investigar. Así, los miembros de un partido implicado en graves casos de corrupción le gritan “corrupto” a su ocasional vecino, y viceversa. De esta forma, gritar corrupto en el Congreso de la República es como gritarlo frente al espejo de su baño.

Y el circo se pone mejor cada día ya que, una “Comisión Investigadora del Congreso”, -con ese rimbombante nombre logran contrabandear un grupete de individuos que sólo cumplen órdenes de sus líderes- ha logrado que el propio Presidente de la República acepte una entrevista con ellos para colaborar en las investigaciones. Mejor dicho, dos ex presidentes presos, un ex presidente prófugo de la justicia, un ex presidente blindado por la corrupción del Poder Judicial y el Presidente en funciones investigado. Parece que el siglo XXI –que recién empieza- si se las trae. Y llegaremos al bicentenario con más ex presidentes reunidos en una celda que en las celebraciones oficiales.

Raúl Leis R. en su libro Retrato Escrito de la Corrupción (2009**), sostiene que:

“La corrupción tiene muchas caras y no es generalmente un acto aislado, sino más bien un sistema de comportamiento, una especie de cadena comunicacional en negativo. El agente desencadenante es el grupo o persona que tiene poder económico y político. La actuación de los que tienen decisión no se da en forma aislada, sino que tiende a involucrar en cascada a una pluralidad de funcionarios o personas particulares, constituyéndose así las redes de corrupción, de ahí la validez del refrán popular: El pescado se daña de la cabeza para abajo. La condición sine qua non de esta actuación es el acceso a garantías de impunidad, sin ellas no hay corrupción”.

Queda claro que la corrupción nace desde las más altas esferas del poder económico y político de una sociedad. La corrupción se multiplica entre aquellos que están ocupando los cargos más altos de los gobiernos, las empresas y los poderes del Estado. De esta forma buscan impunidad. Logran impunidad. Pero, cuando ya no pueden ocultarla, inmediatamente entran en el juego los medios de comunicación más influyentes en la sociedad.

Esta fórmula mágica descrita por Raúl Leis, los peruanos la hemos y la seguimos viviendo. La corrupción se ubica en la cúspide del triángulo social. Arriba. Mientras más arriba más propensión a la corrupción. Leis determina que:

“La corrupción política está relacionada al poder, ya sea como resultado de la autoridad conferida por elección popular o como parte del ejercicio de la política para conseguir esa autoridad y representación. También se articula con las prácticas políticas, a través de diversas formas partidarias y extrapartidarias, con el ejercicio de la conducción del gobierno, el parlamento, la función judicial, y los gobiernos locales”.

Para agregar que:

“Se expresa en el ejercicio ilegítimo del poder para fines de provecho personal o de grupo. Tiene profunda vinculación con los centros de poder económico y político, muchas veces armonizados entre sí. La corrupción es percibida por los ciudadanos como el medio a través del cual políticos y funcionarios se enriquecen mediante el cobro de comisiones o la aceptación de sobornos, a cambio de lo cual otorgan favores, adquieren bienes y contratan obras o, simple y llanamente, roban los dineros del Estado, abusan y usurpan del patrimonio público”.

Por ello, todo lo que estamos presenciando en el Congreso de la República es sólo un capítulo más de una farsa, de un circo navideño. El principal objetivo no es sancionar a los corruptos; sino generar un hartazgo sobre el tema. Que los ciudadanos nos hartemos de ver esas payasadas y lleguemos a la conclusión: “todos roban”.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

**Existe versión en pdf