Por: Luis Gárate

En estos últimos meses en el país se han estrenado algunas producciones cinematográficas nacionales que han tenido una buena respuesta del público y que aluden a personajes y momentos de la historia peruana que siguen generando controversia y hasta polarización.

Es conocido que el terreno de la producción cultural, es uno de los escenarios donde se disputa la hegemonía y narrativas de los grupos de poder, tanto de los que tradicionalmente detentan el mismo y para el beneficio de unos pocos, así como los que buscan una transformación y la justicia social.

Precisamente esto se ha puesto en evidencia con la reacción de algunos voceros de las clases dominantes en nuestro país, ante el éxito de asistencia que ha tenido una de esas producciones. Se trata del documental “La revolución y la tierra”, dirigido por el joven cineasta Gonzalo Benavente, y que ha concitado una buena recepción entre el público que ha asistido masivamente a ver esta obra en las salas comerciales de las principales ciudades del país.

Benavente ha logrado condensar la esencia de historia republicana del Perú, a partir de un resumen de imágenes, momentos del cine peruano a lo largo del siglo XX, testimonio de actores y analistas. El documental nos presenta de manera ágil y clara los antecedentes, desarrollo y consecuencias hasta nuestros días de la reforma agraria implementada por el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado.

Resulta una grata sorpresa que este material haya sido realizado por un joven que viene de haber participado de otras producciones que no han estado relacionadas necesariamente a temas sociales o de la política peruana. Sin embargo, “La revolución y la tierra” no ha tardado en irritar a opinantes de los grupos de poder que no han escatimado en acusaciones de que se trata de “propaganda comunista” y una búsqueda de idealizar “el peor robo de la historia peruana”.

Esta reacción no hace más que confirmar que la derecha más dura de nuestro país se resiste con vehemencia a las versiones alternativas a su narrativa oficial, la que impera en los grandes medios de comunicación y en una parte de la historiografía y “sentido común” de la sociedad. Caso similar ocurre con los temas relacionados a la violencia política ocurrido en la década de los 80.

Por otro lado, también llegaron a las pantallas un documental y una película sobre la vida del poeta y guerrillero Javier Heraud, quien murió en una emboscada de militares y civiles en Madre de Dios en 1963. La película “La pasión de Javier” fue dirigida por Eduardo Guillot, si bien es una recreación, nos acerca a la transición de Heraud de un joven idealista desde sus inicios por las letras, la tensiones familiares y primeros amores del joven, pasando al hombre comprometido y entregado a un proyecto de cambio social por la vía de las armas.

Por su parte el documental “El viaje de Javier”, dirigido por el cineasta Javier Corcuera, es más bien el acercamiento a su vida desde la búsqueda de la sobrina nieta del poeta, Ariarca Otero, a partir de serie de entrevistas y un recorrido por el camino que realizó su tío hasta su último aliento en la selva amazónica.

Estas 3 producciones son sin duda un aporte importante en estos tiempos de incertidumbre y confusión. Regresar a un periodo tan agitado de la historia peruana, como fueron las décadas de los 60 y 70, visitando hechos y personajes que marcaron esos años, resulta didáctico pero sobre todo urgente, en tiempos en que los peruanos parecemos resignados a que el mundo de la política sea un pantano de corrupción, oportunismo y antivalores.

Acercarnos a esta etapa de nuestra historia con el aporte de estos cineastas, nos permite rescatar la memoria de peruanos valientes y luchadores, y nos abre la puerta a recrear alternativas para seguir apostando por la justicia social y un proyecto nacional.