El CCD del 93 y su presidente

En estos días en que Jaime Yoshiyama Tanaka es prófugo de la justicia peruana y se mantiene refugiado en Estados Unidos de Norteamérica para evitar su carcelería, los medios de comunicación en general, los comentaristas y analistas políticos y judiciales, así como el cogollo duro de la derecha, sólo le reconocen su ex condición de ministro de Transportes y Comunicaciones, ministro de la Presidencia o de Energía y Minas, así como miembro de la Cepri durante la dictadura de Alberto Kenya Fujimori o, más recientemente, su paso por la Secretaría General del partido político fujimorista Fuerza 2011 (hoy Fuerza Popular).

Hay una gran concertación en las alturas para evitar recordar que este señor, sometido a la voluntad del hoy reingresado inquilino de la Diroes, detentó la presidencia del Congreso Constituyente Democrático (CCD), sí, aquélla que daría a luz una nueva Carta Constitucional signada por el neoliberalismo thatcheriano, el libre mercado y el capitalismo salvaje.

Como consecuencia del golpe de Estado del 5 de abril de 1992, perpetrado por el fujimorismo en consorcio con Vladimiro Montesinos y Nicolás Hermosa Ríos, la presión internacional obligó a que el dictador Fujimori se comprometa ante la OEA a convocar a un proceso electoral constituyente. Es así como empieza a caminar la idea del Congreso Constituyente Democrático (CCD), que fue dominado por los fujimoristas merced al control de los órganos electorales y las fuerzas armadas y policiales, la compra de votos, el fraude y el manejo desmedido de los medios de comunicación.

El CCD tuvo un período de duración que va del 30 de diciembre de 1992 al 27 de julio de 1995, es decir dos años con siete meses. Durante todo este tiempo de su existencia, el señor Jaime Yoshiyama Tanaka -un perfecto desconocido en la academia y la política peruana- ejerció, mantuvo y controló la presidencia aprovechando de la cuestionada y tramposa mayoría que había logrado el fujimorismo. Durante ese tiempo, entre el 1 de julio de 1993 y el 26 de agosto de ese año, el pleno del CCD deliberó y aprobó la nueva Constitución Política, o sea, en estos cincuenta y seis días actuó como una asamblea constituyente o un poder constituyente de la mafia criminal y corrupta.

A diferencia de Carlos Torres y Torres Lara o de Enrique Chirinos Soto, Jaime Yoshiyama Tanaka nunca apareció ni tuvo un perfil propio en el debate constitucional de 1993. Fue un convidado de piedra, su labor controlista del CCD se redujo a repartir el uso de la palabra de acuerdo a las conveniencias del golpismo enquistado en el CCD y los beneficiarios grupos de poder económico. En los tres tomos del Debate Constitucional de 1993, publicado por el Congreso de la República, no aparece ni se va a encontrar a un Yoshiyama debatiendo sobre tal o cual capítulo o artículo constitucional, no, sólo hace la labor de repartidor de la palabra para que los demás hablen y debatan. Así, el Yoshiyama presidente del CCD no masculló un solo trozo de la apócrifa Constitución del 93. Sin embargo, algún fujialanista malintencionado puede replicar diciendo que su contribución se dio en la Comisión de Constitución y de Reglamento del CCD, que fue la que trabajó previamente e hizo llegar al pleno la propuesta general de reforma constitucional. Al repasar los nombres de las personas que integraban la indicada Comisión no pudimos encontrar el de Jaime Yoshiyama Tanaka. Sus habilidades no calificaban para las cuestiones constitucionales, el tiempo se encargó de demostrar que su vocación era diferente. Pero, para la vergüenza y la indignidad nacional fue la persona que presidió el CCD, en su fase de poder constituyente de la mafia fujimorista, y ese hecho abruma a la derecha más conservadora, reaccionaria y antinacional, que no saben cómo ocultar tamaña perversidad.

El autoritarismo fujimorista y los neoliberales emergentes tuvieron la habilidad de utilizar a un hombre con cero conocimientos en la rama del Derecho Constitucional, cero conocimientos en Derecho Parlamentario, una versión depurada y concentrada de analfabeto en la ciencia del Derecho, como presidente del CCD del 93. No tenía, por lo menos, la elemental formación en Educación Cívica.

Cometeríamos una gran infamia si pretendiéramos algún punto de comparación entre este requisitoriado y José Faustino Sánchez Carrión el de la primera Constitución o con Víctor Raúl Haya de la Torre el de la penúltima Constitución. Los diferencia centenares de abismos. El primero, un mudo con intereses subalternos; los segundos, cargando propuestas y programas para la nación.

A este señor, visitante infatigable de Brasil, la fiscalía lo sindica como el receptor de más de un millón de dólares que entregó Odebrecht a la campaña de Keiko Fujimori en el año 2011, de los cuales le entregó 800 mil dólares a su sobrino Jorge Yoshiyama Sasaki, con la finalidad de que busque aportantes falsos.

Debo reconocer que sus carencias mostradas en el 93, fueron largamente superadas tiempo después con sus conocimientos doctorales en pitufeo y lavado de activos, ganándose reconocimientos como el rey del pitufeo, el pitufeador nato. El pitufeo es una modalidad criminal implementada para fragmentar en montos menores el millón de dólares que recibió de Odebrecht, licuándolos con falsos aportantes e introduciéndolos en las cuentas del partido fujimorista. Un activo ilícito (US$ 1’000,000.00 y picos), proveniente de la caja de coimas del Departamento de Operaciones Estructuradas, lo convirtió en dinero lícito. Este era y es su real potencial, el crimen es su fuerte. Estos hechos nos dan una radiografía del verdadero Jaime Yoshiyama Tanaka: experto en pitufeo y lavado de activos. En general, encaja dentro de la catadura moral del fujimorismo. Gente de estas cualidades son las que dieron vida y mantienen a la apócrifa Constitución del 93.

Para salir del entuerto mafioso, Jaime Yoshiyama Tanaka, desde su cómoda residencia en el Norte de América, ha pretendido sorprendernos con una supuesta donación. Nadie le cree, ni su propio abogado. Como dice Ronald Gamarra, Jaime Yoshiyama Tanaka, el que presidiera el CCD del 93, es un mentiroso consumado, con su monumental historia que un multimillonario le regaló 800 mil dólares. Igualito a Joaquín Ramírez y su combi. Durante 25 años lo venimos soportando, el Perú lo viene sufriendo, el constitucionalismo lo sufre. Todos lo sufrimos. ¡Auxilio!, ¡necesitamos una nueva Constitución!.

Si el pitufeador y lavador de activos, hoy prófugo y requisitoriado, Jaime Yoshiyama Tanaka, presidió el CCD del 93, entonces ya nada hubiera impedido que el Cholo Jacinto o Django o Caracol o Tony Montana hubiesen presidido ese vilipendiado y desprestigiado CCD que discutió y aprobó la apócrifa Constitución de 1993.

No queda otra cosa que llamar al pueblo y a los partidos progresistas y de izquierda para acabar con esta abominación y sentar las bases de un nuevo proceso constitucional, de cara al país, que nos devuelva la dignidad perdida a causa de los yoshiyamas y los fujimoris.

José Boza Pulido.

Lima, 05 de febrero de 2019.