FLAGRANTE DERROTA DEL IMPERIALISMO YANQUI EN AGFANISTÁN

Después de 20 años de ocupación militar, Estados Unidos fracasa en toda la línea y vergonzosamente en Afganistán,  huyendo de su embajada en Kabul, sacando a su personal en helicópteros y quemando documentación,  dejando  al movimiento talibán retome el control del país, el mismo que desalojó del poder mediante la invasión militar en el 2001 al negarse a entregar a Osama Bin Laden, supuesto responsable del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y que se usó como pretexto para iniciar agresiones y ocupaciones de varios países de Medio Oriente.

Este es el fin de un desastre anunciado desde hace unos años, corolario de una agresión imperialista que sólo trajo sufrimiento al pueblo afgano con centenares de miles de civiles muertos, incluyendo más de 25,000 niños, el país en ruinas, con un gobierno títere corrupto, en donde floreció el cultivo y tráfico de estupefacientes. El profundo descontento de las masas trajo como consecuencia que a apenas  pocas semanas de iniciada la obligada retirada de las tropas yanquis y de sus socios europeos, el ejército talibán ocupara este domingo la capital Kabul. Esta es una prueba fehaciente a los ojos del mundo de que el imperialismo y el hegemonismo estadounidense es un tigre de papel, son los pueblos los que al final deciden el destino de sus países.

Para el pueblo de Estados Unidos también es una amarga lección. Su gobierno, en sucesivas administraciones, sea demócrata o republicana, como agresor de los pueblos y países diversos, cosecha una vez más, una flagrante derrota, con miles de soldados muertos y heridos, más de dos billones de dólares de los contribuyentes gastados en la guerra de agresión a Afganistán tirados al agua. Ya es evidente también la derrota de Estados Unidos en Irak y Siria. Aún así, hacen ínfulas agresivas contra China en el estrecho de Taiwán y en el Mar Meridional de China, y también contra Rusia. Con el fracaso en Afganistán está claro que las capacidades de Estados Unidos son débiles.  Mientras, decenas de millones de estadounidenses sufren extrema pobreza con absoluta desatención de empleo, educación y salud,  amén de un sinnúmero de problemas sociales como la violencia diaria y la drogadicción.

Es de esperar que el nuevo gobierno afgano bajo dirección talibán haga honor a sus compromisos iniciales, de propiciar un gobierno de paz y unidad, moderado en cuanto al fundamentalismo religioso, que no sea refugio de terroristas y garantice la convivencia armoniosa con sus países vecinos que están atentos a lo que viene. Esto es lo que este castigado país necesita para su reconstrucción, para comprometer ayuda internacional, en particular de China y Rusia.

Lima, 15 de agosto del 2021.

BURÓ POLÍTICO DEL COMITÉ CENTRAL