DE HUANCAYO A VENEZUELA

Por: Manuel Guerra

Dos hechos vienen impactando en la agenda política peruana: la arremetida reaccionaria digitada por Estados Unidos contra Nicolás Maduro, que con la autoproclamación de Guaidó como “presidente interino” el 23 de enero alcanzó un punto de quiebre, y el encuentro de una parte de las izquierdas en la ciudad de Huancayo el día 24.

La ofensiva contra Maduro es brutal y planetaria y no se explica sin tener en cuenta el manejo geopolítico de las grandes potencias y las enormes reservas de petróleo que posee la república bolivariana. El libreto que usan el imperialismo norteamericano y sus socios para esconder y justificar su política de rapiña es bastante conocido: la defensa de la democracia, la libertad, la acción humanitaria en contra de un régimen malvado, tirano y autocrático, al que hay que derrocar en nombre de la civilización. Argumentos que repiten hasta el hartazgo las grandes cadenas de la información, que aparecen en los titulares de los noticieros, que son esbozados por sesudos “analistas políticos” y hasta por los programas cómicos y reality Show. Las intervenciones militares en Iraq, Siria, Libia, entre otras, son ejemplos de cómo estas acciones “civilizatorias” y “democráticas” conducen a la destrucción, a la barbarie, a los millones de desplazados por el hambre y la guerra.

Pero nada de esto cuenta para nuestras clases dominantes criollas, que una vez más desnudan su naturaleza colonial y desvergonzado vasallaje para colocarse al servicio del imperio. El gobierno de Vizcarra que pretende erigirse como abanderado de la lucha contra la corrupción en el país, termina convirtiéndose en el más servil de sus similares latinoamericanos y su canciller Popolizio en el más triste bufón de la corte imperial.

En estas circunstancias se refuerza la ofensiva reaccionaria y se pretende que la condena a Maduro y el respaldo a Guaidó se convierte en línea divisoria entre democracia y autoritarismo. Ciertos sectores de la izquierda ceden a la presión y asumen que lo “políticamente correcto” consiste en condenar y abjurar al “chavismo” y vestirse de un ropaje de demócratas consecuentes, perdiendo de vista que a los planes del imperialismo y la reacción latinoamericana y mundial,  no les interesa nada la democracia; que de lo que se trata es derrotar a los gobiernos de izquierda y progresistas en la región, bloquear la integración independiente de AL (de la que Chávez fue un gran impulsor), contar con gobiernos cipayos para disponer de las grandes reservas de recursos naturales, energéticos, agua, flora y fauna que posee la región. Perder de vista esto y contentarse balbuceando la cháchara sobre democracia, según el libreto de la CNN, es o una gran ingenuidad, o un redomado oportunismo que linda con la traición.

Esta ofensiva no solo pretende direccionar la posición de la izquierda sobre este asunto, sino también lo que debería ser su unidad, su programa, sus liderazgos y representaciones. Se trata de perfilar una izquierda “moderna”, “democrática”, entusiasta de las bondades del libre mercado, es decir funcional al sistema y su modelo. Que Verónika Mendoza haya participado en el encuentro de Huancayo junto a sectores denominados “radicales” les causa escozor y ya ha empezado la satanización. Pero eso solo es un pretexto. Cualquier fórmula que signifique ampliar el espacio de la izquierda y conquistar un liderazgo para abrir un nuevo rumbo al país, será combatida de igual o peor manera. Todo aquel que ponga en entredicho la Constitución fujimorista y el modelo neoliberal, que asuma una posición de defensa de la soberanía de los países y que critique o se enfrente al intervencionismo norteamericano, será declarado como un enemigo jurado de esta derecha apátrida.