CRISIS DE UN CASCARÓN LLAMADO ESTADO

Mario Tejada T.

I

El resultado del  referéndum ha confirmado la voluntad del pueblo peruano de superar el grado   de putrefacción extrema al que ha llegado el Poder Judicial, los otros Poderes del Estado  y en menor grado todas las instancias de la administración pública.

Desde fines del siglo pasado, y sobre todo durante el Gobierno de Alberto Fujimori, surgió y se extendieron como enredaderas humanas las bandas delincuenciales dedicadas no solamente a la extorsión, sino también al sicariato y al asesinato. Este escenario tuvo consecuencias nefastas en la población, particularmente en los sectores populares, ya que la sensación de inseguridad e impunidad frente al crimen y al robo en sus diversas modalidades se hizo insoportable.   

La extensión de estas bandas delincuenciales no habría sido posible sin la ampliación de la corrupción del Poder Judicial y la policía. La creación de este estado de cosas tuvo como escenario el surgimiento del  narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando de la madera que se extrae de nuestra Amazonía. El desarrollo de esta economía ilegal alcanzó tal grado de crecimiento que para asegurar su subsistencia y consolidación, era indispensable comenzar a  acaparar parte del poder político, corrompiéndolo,  y extendiendo sus tentáculos a segmentos importantes de los gobiernos Regionales y Alcaldías, al Parlamento, y hasta el Poder E ejecutivo. En otras palabra a segmentos vitales del Estado.

II

En la segunda mitad del siglo pasado surgieron nuevas corrientes históricas que jaquearon la visión hispanista de nuestra historia. La revisión de las causas y desarrollo de nuestra Independencia ha sido clave para entender casi a cabalidad la neocolonialidad de nuestra patria, y la explicación del desarrollo de nuestro Estado, de su inconsistencia y debilidad para el lograrnos  como nación y, que por tanto su población adquiriera sentimientos patrios como peruanos.

Nuestra neocolonialidad  es distinta a la de otros países de nuestra América. Científicos sociales y politólogos aseguran que las clases dominantes peruanas se han constituido en las más reaccionarias de América Latina, cuya incapacidad ideológica y política con rezagos culturales de la denominada República Aristocrática, no les permite aceptar y ni siquiera realizar esfuerzos por entender la presencia de un presidente indio como Evo Morales en Bolivia, o un obrero como sucedió en Brasil; y a Gobiernos como los de Venezuela, México o el que tuvo Argentina hace pocos años.  

Estás clases sociales son las que han creado el Estado raquítico actual, carcomido por la inmoralidad y falta de valores éticos. Son también las que han permitido el desarrollo de un capitalismo deformado con el 73 %  de una economía informal según el INEI, e incentivado la corrupción del aparato estatal en contubernio con el gran capital imperialista y las grandes  compañías mineras, bancos, constructoras y empresas agroindustriales, entre otras. Son, también,  los que ponen o manejan Gobiernos, según el decir del politólogo Francisco Durand.

En las últimas décadas, en el contexto de la informalidad, han surgido nuevos sectores económicos en provincias y en Lima, estos últimas casi todos de origen provinciano, que se han enriquecido rápidamente gracias a un mercado donde el “todo vale” es lo que prima. Su crecimiento y subsistencia, en algunos casos, lindan o dependen de prácticas mafiosas, e inclusive coordinan o contratan a mafias para asegurar su poder.

Su cultura y modus vivendi son diferentes de sectores de clase de los poderes económicos descritos párrafos anteriores. Ellos no desprecian la cultura popular provinciana ni las de Lima, e inclusive visten orgullosos las indumentarias regionales de sus tierras de origen así como de su música, bailes y danzas.  Sienten gran satisfacción de asistir a las fiestas patronales y colaborar económicamente con las mismas. En este aspecto, por su formación y desarrollo como un nuevo sector burgués, formado en una jungla de asfalto y tierra, sus costumbres y hábitos sociales son muy diferentes  a las que  controlan el Estado peruano actual. Son los denominados emergentes por nuestros teóricos neoliberales.  

III       

¡Dónde está Pepe Graña!, fue el grito que lanzó Alan García al notar su ausencia al término de su exposición, en una de las CADE durante su segundo período presidencial, como recuerdo haberlo leído en esos años. Rememoremos que Graña, es actualmente  uno de los más influyentes personajes del poder económico y de la industria de la construcción.

CADE, es el  espacio, donde anualmente se reúnen los ejecutivos empresariales que controlan nuestro Estado, y en el cual demuestran su estado de ánimo frente a la coyuntura social, económica y política de los Gobiernos de turno. Alan, el “más más” del APRA hacía notar a viva voz en este espacio exclusivo su íntima relación con la gran burguesía peruana.

El contubernio del APRA con las clases que detentan el poder en nuestra patria no comienza en este siglo. Ya en la época de Bustamente y Rivero, en los años transcurridos luego de la Segunda Guerra Mundial, este partido asume la defensa de la petrolera  norteamericana que controlaba los yacimientos de la costa norte del país, y sostuvo una lucha frontal en contra de las corrientes políticas que pugnaban  por su  nacionalización. Igualmente, recordemos su triste rol durante el primer Gobierno de Belaúnde en relación a la Reforma Agraria y al problema del petróleo antes señalado.

Por ello no es raro que el presidente del a CONFIEP, Roque Benavides Ganoza, haya salido en la defensa de esta organización política y de Alan García, señalando que existe una persecución política al empresariado peruano, y se le vocee como uno de los futuros candidatos a la presidencia de la República por el APRA  para el 2021.

El fujimorismo es una organización que expresa el achoramiento de la política en nuestro país.  Fundado y organizado por Alberto Fujimori, hoy preso, condenado por crímenes de lesa humanidad; este oscuro personaje fue un advenedizo a nuestra política durante la última década del siglo pasado, que en coordinación con Vladimiro Montesinos, exmilitar acusado de traición a la Patria, se apropiaron del aparato estatal con métodos rufianescos, que hoy se reflejan en el control del Parlamento.

Fuerza Popular Partido fundado por los hermanos Keiko y Kenji Fujimori, cuya misión específica fue liberar de la cárcel a su padre Alberto Fujimori, ha devenido en represente de estos nuevos sectores empresariales que se mueven y evolucionan entre la legalidad e ilegalidad. Expresiones de lo expuesto son sus  íntimas relaciones con empresarios como Antonio Camayo , dueño de la empresa de servicios automotriz Iza Motors, y de Edwin Oviedo, presidente de la Federación Peruana del Fútbol, ambos vinculados a los malos manejos del  sistema de Justicia, y el primero a la banda de los Cuellos Blancos del Puerto, y el segundo a los Wachiturros de Tumán.  

Los máximos dirigentes de estos dos grupos políticos, están muy comprometidos en hechos delictivos que son actualmente investigados por el Poder Judicial. Lo cual demuestra la captura de las bandas corruptas a los más importantes gestores políticos de nuestro país y de instituciones que representan a los poderes del Estado como el Judicial, la Policía Nacional y en menor mediad de todo el aparato estatal. Su vinculación es tan estrecha, que el comportamiento del Parlamento para protegerlos ha recibido un rotundo rechazo en el referéndum realizado hace pocos días.   

IV

El rechazo de una gran mayoría de la población hacia en fujimorismo y el APRA ha creado un gran vacío político, dándose las condiciones sociales y políticas para la disolución del Parlamento. ¿Qué organizaciones política podrán llenarlo? Es todavía una incógnita.

La Izquierda tiene una oportunidad para ello. El gran impedimento es su incapacidad de voluntad política para una gran tarea: forjar su unidad  y crear un programa para su labor a corto y largo plazo, organizando al pueblo para llevarlo a cabo. Este programa debe tener tres banderas básicas: la ética y moral, la económica y la reforma política. 

Por ahora la Izquierda se encuentra en una situación de desconcierto. El tiempo pasa y el pueblo no espera. Ante esta situación, las más perjudicadas son las clases sociales populares que a pesar de haber demostrado su indignación en las urnas y en las calles, seguramente la derecha aprovechará este vacío para posicionarse de nuevo, tal como sucedió a finales de la década del 70 del siglo pasado. Y es que para la Izquierda peruana,  todavía está vigente los compases de un famoso valse peruano: Un fracaso más, que importa…