CRISIS DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA Y DE LA HEGEMONÍA EN EL MAGISTERIO PERUANO

Por: Francisco Guerra

En nuestro país cada vez que sucede un imponderable se pone al descubierto nuestras carencias como sociedad, como Estado y como comunidad política, y los olvidos históricos vuelven al presente y nos explotan en la cara. Ocurrió con los estragos del reciente fenómeno del Niño Costero y ha sucedido con esta huelga magisterial, bastante atípica por cierto, y que ha puesto en evidencia tres aspectos cruciales. En primer lugar, el fracaso de la reforma educativa neoliberal para resolver los postergados problemas de la Educación, expresada de manera especial en la precarización del ejercicio de la docencia en nuestro país; en segundo lugar, la ausencia de una propuesta alternativa desde la izquierda sobre el tema; y, en tercer lugar, el debilitamiento de la institucionalidad del gremio magisterial, que ha desatado su crisis más seria, desde su fundación en el año 1972, y que ha puesto en serio entredicho la representación y legitimación del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del SUTEP.

La larga noche de la educación y del magisterio peruano
No es posible entender la profundidad de la crisis actual de la Educación en nuestro país ni el vía crucis de los docentes sin una visión histórica de los hechos. La República, en casi 200 años de existencia no ha podido resolver el problema de la Educación Pública, de conferirle un sentido histórico y de dotarle de las condiciones económicas y materiales para que se convierta en la palanca del desarrollo que todos le atribuyen. A esta incapacidad se suman 25 años de aplicación disciplinada de las políticas neoliberales, que no solo profundizaron estas brechas, sino que debilitaron el sentido público de la educación.

Después de lo que Mattos Mar llamó “el desborde popular”, toda la población migrante reclamaban diversos servicios, dentro de ellos la educación. En aquel momento el Estado incapacitado para atender esta demanda contrató y nombró interinamente a miles de docentes que solo tenían Educación Secundaria, esta realidad se fue ampliando en el segundo Gobierno de Belaunde y en mayor proporción en el primer Gobierno de Alan García. Se calculaba que más del 50% de docentes que cubrían el servicio educativo a nivel nacional eran docentes llamados “intitulados”.

Posteriormente, el fujimorismo abrió las puertas a la privatización en la formación docente, en el año 1998 existían más de 360 instituciones formadoras de docentes a nivel nacional (entre universidades e ISP) entre públicas y privadas, la mayoría de ellas de dudosa calidad, de donde egresaron miles de maestros.

Estas decisiones de Estado llevaron a una fragmentación impresionante del cuerpo docente. Cifras del propio Ministerio de Educación señalan en el Perú existen 548 mil 621 docentes en el sistema educativo nacional, el 90,0% (493 mil 766) se desempeña en la Educación Básica Regular, de ellos 371 mil 299 de los docentes trabajan en instituciones educativas del Estado y 177 mil 322 en colegios particulares. Adicionalmente, cerca de 80 mil laboran en condición de contratados, donde la mayoría no podrán incorporarse a la carrera profesional, y miles de docentes desocupados y con título pedagógico. Lo cierto es que nunca en la historia de la Educación en nuestro país existió un cuerpo tan heterogéneo, que está atravesado con diferentes niveles de calidad en su formación, con culturas institucionales diferenciadas y con diferentes representaciones sobre su ser profesional. Todo esto configura, más allá de los datos estadísticos, un cuerpo docente disperso, con una crisis en su identidad y que pone en serias dificultades las posibilidades de su desarrollo profesional y de llevar a buen puerto la carrera profesional planteada desde el MINEDU.

Representatividad y legitimidad del CEN en la picota
Esta huelga magisterial ha puesto en evidencia las posibilidades y limitaciones del actual movimiento magisterial. El malestar que se ha ido incubando durante largos años de postergación y maltrato ha sido gatillado por la amenaza de despido a través de las evaluaciones. No haber percibido oportunamente este temor y ponerse al frente de esta voluntad de lucha del magisterio ha dejado mal parado al CEN del SUTEP, y ha sido capitalizado por sectores radicales que están unidos por su antipatriarrojismo.

Los méritos de este movimiento están relacionados con la participación masiva de los docentes, con el apoyo importante de amplios sectores del pueblo, pero sobre todo con haber puesto en evidencia el fracaso del modelo educativo neoliberal para resolver los problemas del magisterio y de la educación. Las limitaciones más importantes están referidas a dos aspectos: a) el carácter espontáneo de la lucha (la incorporación en oleadas y la diversidad de sus demandas es una clara expresión); y, b) la dispersión en su representación gremial, al punto que la propia exministra de Educación reconocía que uno de los problemas centrales en el manejo de esta huelga ha sido la dispersión de la representación sindical y la ausencia de un solo interlocutor.

Luego de finalizada la Huelga Nacional no se ha resuelto el problema de la hegemonía en la dirección del SUTEP, pero sí ha generado un serio aislamiento del CEN en un sector importante de maestros, existiendo el peligro de su ruptura alentado por los sectores más conservadores de la derecha y por el senderismo. En este contexto el lema: “Por la unidad sindical clasista”, mantiene su vigencia, pero ahora más que nunca reclama otro contenido, que implica devolverle su carácter de Frente Único al sindicato y fortalecer una institucionalidad que tenga como columna vertebral el SUTE de cada institución educativa.

La larga espera de la unidad y la propuesta alternativa
Es evidente que la crisis en la representatividad y la hegemonía del gremio magisterial es una expresión de la crisis de la representatividad de la izquierda en nuestra patria y tiene que ver con las dificultades para resolver la unidad, no solo como un acuerdo entre las representaciones políticas, sino en su articulación con los movimientos populares; pero, al mismo tiempo, la incapacidad para proponer y pugnar alternativas para el país, especialmente para los sectores menos favorecidos.

Resulta irónico hablar del fracaso del modelo neoliberal, pero que al final se sostiene por las debilidades de la izquierda para encarnar una propuesta distinta. Parte de esta explicación la encontramos en el debilitamiento de la relación política de la izquierda con los sectores populares, el haber priorizado nuestro accionar en la legalidad electoral y que, irónicamente, nos condena a la exclusión. La superación de este problema pasa por comprender que la presencia de la izquierda en el congreso o en los Gobiernos Regionales y Locales debe ser un complemento del trabajo y presencia al interior del movimiento popular (no al revés) y que la vocación de ser alternativa creíble. Evidentemente que esto pasa por actualizar nuestro conocimiento de la realidad nacional en sus diferentes aspectos.

El hecho de que ningún partido de la izquierda haya visto venir esta huelga, ni menos prever las dimensiones que iba a adquirir, expresa un desconocimiento de la complejidad del magisterio nacional y la debilidad de nuestra relación política. No hemos profundizado en el conocimiento de los cambios drásticos que se fueron configurando en el cuerpo docente, ni estuvimos atentos a sus necesidades, aspiraciones y expectativas laborales, económicas y profesionales. Una reflexión y decisión post huelga de primer orden es hacer el esfuerzo por conocerlos mejor y un mayor acercamiento con ellos.

Finalmente, el problema de la unidad del gremio y el futuro del movimiento magisterial no es sólo una prerrogativa ni responsabilidad de Patria Roja, lo es de toda la izquierda; por lo tanto pasa, en primer lugar, por ponernos de acuerdo políticamente en qué queremos hacer del movimiento magisterial, cuáles son las políticas para la docencia que vamos a plantear y, de manera más amplia, qué educación planteamos para el país. Resolver estas interrogantes amerita un gran foro sobre la Educación y la Docencia en nuestra patria, una manera inteligente y audaz para proyectarnos como una alternativa clara frente el neoliberalismo conservador y el senderismo provocador e irresponsable.

Lima, 18 de setiembre 2017