CORRUPCIÓN, POLÍTICA Y SOCIEDAD EN EL PERÚ DEL BICENTENARIO

Por: Augusto Lostaunau Moscol *

David Lovatón, en la revista Ideele (N° 256) ha señalado que:

“Una de las expresiones de estas sociedades enfermas de corrupción es precisamente la parálisis, la derrota anímica, el convencimiento que nada va a cambiar, la pérdida de fe en la legalidad y en las instituciones (la policía y el poder judicial, por ejemplo) y el temor que si se intenta nadar contra la corriente, las consecuencias pueden ser muy graves; en otras palabras, mucho que perder, muy poco por ganar. Es lo que se conoce como el “síndrome de la impotencia adquirida”.

La corrupción se presenta como una enfermedad social que determina la crisis social donde se presenta. Esta crisis social tiene su principal manifestación en la forma de hacer política en dicha sociedad. Así, la relación o “contrato social” que debe existir entre quienes buscan dirigir políticamente la sociedad y quienes buscan ser bien dirigidos se deteriora al punto de volverse inviable. Es cuestión de tiempo para que la corrupción, como toda enfermedad, termine por aniquilar a la sociedad donde se está desarrollando. La manifestación final –antes del colapso- es que la política se convierte en la forma más ilegal e ilegítima de representación.

En el Perú, desde 1980, estamos viviendo esa crisis de ilegalidad e ilegitimidad política al que llegan los gobiernos. El segundo Gobierno de Fernando Belaunde Terry (1980-1985) gozó de aceptación sólo el primer año –los llamados “doce meses de luna de miel”-; luego, el rechazo a las medidas políticas y económicas se manifestó con paros y huelgas. El Primer Gobierno de Alan García Pérez gozó de una luna de miel de 24 meses; desde 1987, la aceptación del régimen cayó en picada mientras la hiperinflación (millones de intis), la violación de Derechos Humanos, las acciones del Comando Rodrigo Franco y los actos de corrupción aumentaban. “Y va caer/ y va caer/ caballo loco va caer” se escuchaba en las calles del Centro de Lima, mientras docentes, trabajadores, estudiantes, servidores públicos, etc. marchaban.

Pese a la represión social que el fujimorato (1990-2000) aplicó para desactivar y destruir al movimiento popular, el régimen cleptómano y el narcoestado de Alberto Fujimori y familia, terminó con un fuerte rechazo social. La corrupción de la salita del SIN (Vladimiro Montesinos), las matanzas de civiles e inocentes (Barrios Altos, La Cantuta, Pativilca, etc.), el indulto a los paramilitares del grupo COLINA, el robo de las donaciones, la entrega de territorios peruanos al Ecuador, etc. generó las multitudinarias marchas de 1998 y 1999 que, fueron la antesala para La Marcha de los Cuatro Suyos (julio 2000). El fujimorato nació con los tanques y terminó por fax.

El gobierno de Alejandro Toledo Manrique (2001-2006), también terminó con un alto índice de impopularidad. La indisciplina del presidente (hora Cabana y avión parrandero), la ineptitud de los ministros (principalmente Rospigliosi) y las intervenciones políticas de la primera dama, significó que las grandes mayorías rechacen el régimen al final de sus días. El Segundo Gobierno de Alan García Pérez (2006-2011) no estuvo exento de esta crisis. Los narcoindultos, los petroaudios, el hijo negado, el insulto a los ciudadanos peruanos originarios amazónicos (el Baguazo), etc. determinó que al final de su mandato, el presidente tenga casi un “debe” en las encuestas. El gobierno de Ollanta Humala Tasso (2011-2016) fue el que entusiasmó a las grandes mayorías (muchos le veían como un Segundo Velasco). Luego de una campaña “en polo rojo”, el gobierno fue en “saco y corbata”. Pronto, las denuncias de corrupción alcanzaron hasta a familiares del presidente. El régimen terminó con un gran rechazo.

Pero, el gobierno actual (de Pedro Pablo Kuczynski) es que ha sufrido de rechazo desde el primer día de su mandato. Jamás logró tener una luna de miel (quizás ni una noche buena). La ola Odebrecht lo alcanzó desde el inicio. Y, hoy (marzo de 2018) está a punto de enfrentar un segundo pedido de vacancia. El presidente ha tratado  de “culpar” a los “comunistas”; pero, los altos índices de rechazo (hasta el 80%) traen por tierra sus “acusaciones”.

Y no se trata de decir: “son los comunistas”; “son los aprofujimoristas”; son los “keikistas” o son los de “MOVADEF”. La crisis política actual tiene su origen en la existencia de la corrupción como una enfermedad social. Una enfermedad que está presente en todos los gobierno recientes (1980-2018) y que pareciera ser el modus operandi de todos los candidatos a la presidencia de la república, a las regiones y a las alcandías. Votar por el mal menor. Votar por roba pero hace obra. Votar por la plata llega sola. Votar por la plata como cancha. Votar por un táper. Han degradado la política. La sociedad, en gran mayoría, no confía en la política. No confía en quienes se dedican a la política. No confía en los Partidos Políticos.

Con Pedro Pablo Kuczynski, el discurso “del tecnócrata”, el discurso del “gabinete de lujo”, el discurso del “ministro destacado”, el discurso del “líder”, el discurso del “operador político”, el discurso del “analista político”, el discurso del “liberal”, el discurso del “neoliberal”, etc. han caído en el tacho de la basura de la historia. No se trata de tecnócratas, de técnicos, de destacados, de analistas, de liberales, de neoliberales, etc. se trata ahora de corruptos. La sociedad los percibe así. La frase “QUE SE VAYAN TODOS” hoy es más urgente que antes. La frase “A TODOS LES LLOVIÓ” es más cierta que nunca. Son ellos los culpables de esta crisis. Son ellos los que han degenerado la política. Son ellos los que han prostituido al Estado.

Por unos cuantos millones de dólares han destruido un país. Han destruido el Perú. Y, todavía, tienen la hipocresía de autoproclamarse peruanos.

 

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú